UNO

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[Estación – 5:42 PM]

La estación estaba casi vacía esa tarde. Solo el sonido lejano del tren y el viento arrastrando papeles rotos llenaba el silencio entre ellos. Mafuyu tenía los hombros tensos, los puños cerrados a los lados, y la voz a punto de quebrarse.

—Últimamente... ni siquiera me miras —dijo, sin poder sostenerle la mirada—. Ya no es como antes, Yuki.

Yuki estaba frente a él, mochila colgada en un solo hombro, la guitarra cruzada en la espalda. Respiraba agitado, no por correr, sino por el peso invisible que sentía desde hace días.

—Mafuyu... no es que no me importes —comenzó con dificultad—. Es solo que... estoy tratando de terminar una canción, llevo semanas atorado y... bueno, la banda, el estudio... Todo me tiene agotado.

Mafuyu dio un paso adelante, la frustración le nublaba la voz.

—¿Entonces por qué siento que ya no estás aquí? —su voz temblaba—. Siempre estás con Hiiragi y Shizusumi, y cuando estamos juntos, pareces ausente. ¿Qué queda de nosotros?

Unos metros atrás, Hiiragi observaba preocupado. Quiso decir algo, moverse, pero la mano de Shizusumi en su brazo lo detuvo.

—Déjalos arreglarlo por su cuenta, Hiiragi.

—Pero... —Hiiragi apretó los labios, tragándose la inquietud. Asintió en silencio, aunque sus ojos no se apartaban de ellos.

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Frente a Yuki, Mafuyu temblaba ligeramente.

—Dime algo —dijo con la voz baja, rota—. ¿Entonces morirías por mí?

El silencio fue inmediato. Yuki lo miró con los ojos abiertos, como si no entendiera la pregunta o como si le doliera demasiado entenderla.

—No —susurró.

No fue odio. No fue rabia. Fue algo peor: un susurro derrotado, como si él mismo odiara lo que acababa de decir.

Mafuyu dio un paso atrás, los ojos brillantes por la frustración y algo más profundo que el enojo.

Se giró y se fue sin mirar atrás.

Yuki se quedó ahí, inmóvil. Ni siquiera trató de detenerlo. No lloró o gritó. Solo bajó la cabeza.

Hiiragi caminó hacia él lentamente.

—Yuki... ¿estás bien?

Qué pregunta más tonta.

—Lo siento —dijo Yuki, con voz apagada—. La práctica hoy se cancela. No me siento bien.

Yuki sonrió, pero no había nada de alegría en su expresión. Era una máscara mal colocada, una excusa.

—Yuki... —Hiiragi dio un paso, pero Yuki ya se iba, caminando despacio hacia la salida de la estación.

—Vamos con él —sugirió Hiiragi de inmediato—. No me gusta cómo se ve.

Shizusumi negó con la cabeza, aunque sus ojos también estaban nublados de preocupación.

—Creo que prefiere estar solo.

—Pero...

—Hay veces donde quieres estar solo, Hiiragi.

La noche cayó sin darse cuenta. Las calles estaban silenciosas. Yuki caminó sin rumbo fijo hasta una tienda de conveniencia. Compró dos docenas de cervezas y varias botellas de sake. El vendedor ni siquiera lo miró a los ojos.

After winter always comes springTahanan ng mga kuwento. Tumuklas ngayon