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Continuamente me veo rodeado de momentos en los que la adrenalina y el éxtasis es lo único que logró distinguir en mi sistema, la sangre es  bombeada con mayor rapidez logrando un clímax de interrogantes sin respuesta. Mi corazón  se acelera de una manera inexplicable; donde mis manos se cubren de una fina pero perceptible capa  de sudor y mis ojos se centran  en un solo objetivo.

Pero es todo lo anterior aquello que me hace sentir vivo. Porque nací para esto.

-Buenas noches Joven Y- saluda mientras me abre espacio en una de las mesas- ¿Ha tenido un buen viaje?-

-Si Peter- tomé asiento- Tráeme un whisky con una de mis bolsas- le tiendo mi tarjeta negra para ser escaneada con rapidez- Y por favor, ya sabes que hacer-

Asintió mientras se alejaba, miró al frente para prestar completa atención  al hombre que porta camisa blanca, corbata de moño y un  chaleco color vino que lo hace resaltar una figura esbelta, piel delicada, cabello negro , peinado con suficiente fijador qué ha contra luz lo hace lucir brillante.

Han colocado un vaso pequeño con un líquido color ámbar frente a mi, a mi costado logró ver una vez más a ese sujeto alto de piel bronceada y traje, teniéndome una bolsa de tela negra  con un pequeño cordón dorado.

En su interior se resguarda un par de fichas de valor alto, que el día de hoy serán el gancho principal para nuestro gran truco, que si todo marcha conforme a lo planeado nos llevaremos todo el jodido dinero de este lugar.

-Tienes una hora- susurró aquel hombre- Estaré cuidándote-

Asentí para después darle un trago a mi bebida.

-Bien, damas y caballeros hagan sus apuestas. Y comencemos con esto-

Todos los presentes comenzaron a colocar fichas en sumas bastante exuberantes, había escogido la mesa indicada.

A mi alrededor un ex retirado de la marina que se aloja en un hotel cercano, había llegado aquí para celebrar su sexagesimo aniversario de soltería; a su costado una mujer rubia de peinado alto, vestido rosado brillante, entallado, con demasiada sombra de ojos azul y un irritante color rojo en sus labios. Dueña de un par de cadenas de comida rápida de la ciudad, viuda y con billones resguardados en propiedades, inversiones, cuentas de banco y su cartera.

Por otro lado se encuentra un chico de traje azul y  corbata roja, Piel blanca y ojos pequeños que me recuerdan a uno de los expresidentes del país de mi visita, sonriente y arrogante hasta el carajo Probablemente de unos 25.

Por último pero no menos importante, el pez gordo.

Un hombre robusto, de estatura baja, piel bronceada, dentadura que cuenta con  un reemplazo de un color dorado que se muestra cada que sonríe, un par de cadenas brillantes, camisa blanca desabotonada hasta la mitad del pecho que muestra más piel que una mujer del burdel. Ya que deja al descubierto su grotesco y repugnante pecho lleno de pelo.

Asqueroso, pero al parecer eso hace sentir a los hombres más masculinos y rudos, ya que su ego esta elevado hasta las nubes.

Anillos en mano con grandes letras e inscripciones que no logro entender, a pesar de tener una fortuna, porta un perfume barato, sin olvidar la calvicie del hombre. Cosa para nada relevante si tomamos en cuenta que sus inseguridades se esfuman tras recordar que es dueño de uno de los hoteles más representativos de Las Vegas, ese en el que cada año solía presentarse Elvis Presley.

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