¿Quién eres?

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-¿A dónde, marica? ¿No te vas a quedar a jugar? -preguntó Ricardo, lanzándose sobre el cuello de Joshua e impidiéndole avanzar.

-Me voy a casa -respondió Joshua, sin dejar de caminar, aunque arrastrara a Ricardo con él.

Sin oponer resistencia mientras lo arrastraban, Ricardo guardó silencio. De repente, liberó su brazo con un movimiento seco y le dio un golpe certero en la cabeza.

Joshua se detuvo, aturdido. Se quitó la mochila y la dejó en el suelo. Ricardo se incorporó de un salto, adoptando una postura de ataque.

Pero esa pose se deshizo al ver que Joshua simplemente sacaba un peine del bolsillo y se arreglaba el cabello. No dijo una palabra. Solo lo miró fijo, con una calma que no encajaba en ese campo de tierra y piedras, y luego se giró para seguir su camino.

Ricardo lo alcanzó, pero no había hueco para palabras. Caminaban separados, el sonido de sus pasos mezclándose con la hierba seca y las rocas sueltas del sendero improvisado.

-¿Ya te enojaste? Te digo que vengas a jugar fútbol... Todos piensan que eres una marica. Si te portaras como hombre, tendrías amigos -gritó Ricardo, su voz rebotando en el calor del camino.

-¿Para qué? ¿Para que me golpeen por amistad? Prefiero estar en casa -dijo Joshua, pateando una botella vacía sin fuerza.

Ricardo se acercó por detrás. Le habló al oído.

-Así somos nosotros... No puedes seguir así. No es normal que un hombre sea tan joto. Te estoy haciendo un favor, para que te vean normal.

-¿Normal? Pues gracias, amigo. Mañana nos vemos -respondió Joshua. Su voz tembló apenas mientras sostenía su mochila con firmeza.

Ricardo tomó la botella que Joshua había pateado y se la arrojó a los pies. Joshua no se inmutó. Siguió caminando, sin mirar atrás.

Ricardo se quedó quieto, el ceño fruncido, y luego tomó el camino contrario.

A la mañana siguiente, desde su pupitre, Ricardo solo podía mirar a Joshua, sentado como siempre unas filas adelante. Ignorado. Casi invisible. Pero él no podía dejar de mirarlo.

El tiempo había pasado volando, como si les hiciera un favor para poder encontrarse. Todos habían salido del salón, menos Joshua, que seguía en su pupitre, inmóvil, como si el mundo no lo tocara.

Ricardo miró a su alrededor. No buscaba a nadie. Solo confirmaba que estaban solos. Sus labios se movían sin sonido, como si ensayara algo que no se atrevía a decir en voz alta.

Arrastró una silla con torpeza y se sentó frente a él.

-¿Entonces no piensas salir otra vez al receso? -dijo, rompiendo la calma con una voz que no sabía si quería sonar casual o molesta.

Joshua lo miró con cansancio. Cerró su cuaderno con lentitud, como si cada movimiento fuera una decisión. No dijo nada.

-¿No vas a hablar? ¿Te vas a quedar como un idiota otra vez? -insistió Ricardo, golpeando el pupitre con ambas manos, no con fuerza, pero sí con urgencia.

-No veo por qué debas quedarte -respondió Joshua, sin levantar la voz, sin mirar el golpe, como si ya lo hubiera vivido muchas veces.

Comenzó a guardar sus cosas. Cada lápiz, cada hoja, con una calma que parecía desafiarlo.

-Me voy. Por esta vez seguiré tu consejo. ¿Feliz? -dijo de pronto, levantándose de golpe. La silla se deslizó hacia atrás con un chirrido seco. Ricardo se tapó los oídos, como si el sonido lo hubiera herido.

-Es difícil hablar bien contigo... ¿quieres que te trate como un afeminado? -gritó, levantándose también. Su silla se volcó y cayó al suelo con un golpe hueco.

Joshua se detuvo. Se giró, pero no lo miró a él. Miró la silla caída.

Volvió sobre sus pasos. Pasó tan cerca de Ricardo que este contuvo el aliento. No lo tocó. No lo miró. Solo recogió la silla y la acomodó en silencio.

Entonces, sin moverse del lugar, lo enfrentó.

-Nos hicimos amigos por ser quienes somos... incluso antes de que te contara mi secreto.

-¿Dime... me volví un fenómeno?

Ricardo bajó la mirada. No dijo nada. Sus manos temblaban apenas, como si no supieran qué hacer.

Joshua lo observó un segundo más. Luego se giró y caminó hacia la puerta, sin apuro.

—¿Por qué tuviste que decírmelo? —gritó Ricardo. Su voz se quebró, como si el aire se le hubiera escapado por completo de los pulmones.

Joshua se detuvo, sin volverse.

—Porque creí que serías el último en juzgarme... no el primero —respondió con una voz tranquila.

Salió del aula y cerró la puerta con suavidad, dejando a Ricardo solo, rodeado de palabras que aún flotaban en el aire, sin dueño.

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⏰ Last updated: Dec 17, 2025 ⏰

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