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Un mal comienzo.

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Ha pasado un mes desde que Bell vivió la pesadilla de los pisos profundos en carne y hueso, un mes desde su batalla contra la bestia y guardín del calabozo, el Juggernaut. Bell se recupera poco a poco, se levanto temprano y decidió salir antes de que saliera el sol hacia el gremio. 

Al no encontrar a Eina le Pidió a la asesora de gremio más veterana: Rose Fannett,  una guía para el piso 25, la joven lobo sorprendida por su imprudencia lo regaño y se quejo que si quería ver a Eina triste.

Bell explico que solo quería conocer un poco, ya que anteriormente no tuvo la oportunidad de aprender los caminos por problemas que hubo en la expedición.

Aunque Rose aun un poco molesta, le dio unas notas que ella misma hizo rápidamente, por su experiencia o mejor dicho la experiencia que le han dado los aventureros a nombre de ella. 

Bell agradeció un par de veces a la joven lobo, quien fríamente solo le dijo que volviera a salvo, porque si volvía herido, le tocaría invitar una cena. 

Aunque para ella fue en tono de broma, Bell se lo tomo como un desafío y prometió volver sin un rasguño. 

Y aunque en un principio quería mantener su palabra...

Todo se fue al carajo cuando se metió por un pesadillo secreto y termino en el piso 27, justamente donde estaba apareciendo el monstruo clase Rex Amphis Baena.

La pelea fue dura Bell fue forzado a dar lo mejor de si en su regreso al calabozo. Era casi como si el laberinto lo estuviera probando para ver si era digno de estar en estos pisos.

La sangre le latía con fuerza en los oídos, el aire espeso del piso 27 quemaba sus pulmones.
El Amphis Baena rugió, su doble cabeza de serpiente se balanceó amenazante, escupiendo un hedor nauseabundo que mezclaba veneno y calor. Bell, jadeando, apretó el puño sobre la empuñadura de su daga.

—No puedo... perder aquí —se dijo a sí mismo, sintiendo cómo una energía extraña recorría su cuerpo.

Era esa misma sensación que tantas veces había sentido desde que se unió a la Familia de Hestia. Ese inexplicable aumento de fuerza y velocidad, como si su cuerpo se adaptara más rápido que el de cualquier otro aventurero.
Un impulso que lo empujaba más allá de sus límites... pero que al mismo tiempo despertaba dudas.

En medio de la batalla, su mente no dejaba de hacerle una pregunta: ¿por qué yo?

El Amphis Baena atacó, sus colmillos chocaron contra el filo de su arma, y Bell fue impulsado hacia atrás, rodando por el suelo hasta estrellarse contra una pared cubierta de líquenes. Se obligó a ponerse en pie, ignorando el ardor en sus costillas, y cargó de nuevo.

Su daga trazó un arco brillante bajo la luz tenue de los cristales incrustados en el techo, y uno de los cuellos del monstruo fue cercenado de un tajo. Un rugido ensordecedor llenó el pasadizo, y Bell aprovechó para clavar la hoja en la segunda cabeza, atravesando su ojo y hundiéndola hasta la empuñadura.

La bestia se desplomó, su cuerpo masivo tembló antes de desintegrarse en partículas de luz negra, dejando tras de sí un núcleo de magia del tamaño de un melón y unos órganos de color azul. Bell lo recogió, sintiendo el peso no solo en sus manos, sino en su conciencia.

Había sobrevivido... otra vez. Y sin saber cómo. 

Pero mientras observaba sus manos cubiertas de sangre y su armadura roto, esa sensación incómoda volvió:
No es normal que haya podido ganar... ¿Qué me está pasando?


Pasaron unos minutos hasta que Bell pudo tranquilizarse de verdad y despejar su mente llena de dudas...


—Es la primera vez que me enfrento a este monstruo... Debí haberle pedido a Rose-san una guía sobre los monstruos...


Se acerco a los ítems dropeados por el Amphis Baena, pero justo en ese momento el movimiento de una roca siendo pateada, llego rápidamente a sus oídos, y Bell instintivamente lanzo su daga hacia el lugar de donde provenía el sonido.


[Chin]


Afortunadamente y gracias a los reflejos de su nivel, Finn Deimne logro bloquear la daga de Bell por poco. 


—Vaya, esa fue una fuerza y velocidad sorprendente. 

Comento el enano Gareth, al ver la daga de Bell a poco metros de el, se agacho para recogerla con curiosidad. 


Por su parte Finn, el capitán de la familia Loki, miro su Lanza dorada con sorpresa y desconcierto...La parte donde impacto la punta de la daga contra su lanza tenía una pequeña apertura. Lo que significaba que la daga penetro o más bien corto el duro metal de su lanza.

Finn bajó lentamente su lanza, observando con atención la diminuta pero clara hendidura en el metal. Sus ojos, afilados como los de un depredador, se posaron en Bell.

—Esa... no es una fuerza común para un aventurero de tu nivel, Bell Cranel —dijo en un tono neutro, pero cargado de curiosidad.

Bell se tensó. No esperaba encontrarse con miembros de la Familia Loki en un lugar tan profundo, y mucho menos después de su pelea contra el Amphis Baena.

Gareth, tras examinar la daga, soltó una carcajada.
—Jaja, el muchacho es una caja de sorpresas.

—Yo... no lo sé —respondió Bell, con la respiración aún algo agitada—. Solo reaccioné... no fue mi intención atacarles.

—Lo sé —intervino Finn, sin apartar la vista de él—. Pero eso no explica cómo lograste esto.

El capitán dio un par de pasos hacia adelante, midiendo cada movimiento de Bell como si lo estuviera evaluando en silencio. La tensión se espesó en el aire.

—Parece que te has vuelto más interesante desde la última vez que nos vimos —añadió con una ligera sonrisa que no llegó a sus ojos—.

Bell no supo qué responder. Había algo en la forma en que Finn lo miraba, como si pudiera ver a través de él, como si supiera que había un secreto que ni él mismo terminaba de comprender.

—En fin, no vamos a quedarnos aquí a charlar —dijo Gareth, colgando la daga de Bell de un dedo antes de lanzársela de vuelta—. Pero deberías cuidarte, crío. Este piso no es lugar para pasear solo... y menos con esa cara de que escondes algo.

Bell atrapó la daga y guardó silencio, sintiendo que las palabras del enano le pesaban más de lo que quería admitir.

Finn se giró para retirarse, pero antes de marchar, dejó una última frase en el aire:
—A veces, los mayores peligros no son los monstruos... sino lo que uno lleva dentro.

Con eso dicho Bell observo como el pallum de cabello rubio se retiraba, Gareth por su parte se acerco  a Bell y toco su hombro. 
—No le hagas caso, se pone rarito cuando algo le sorprende mucho o no encuentra la respuesta a lo que piensa. 
Susurro para ellos dos con un tono burlón.
—Oye por cierto, estás solo ¿Venciste a Amphis Baena solo?

Los ojos de Gareth se abrieron como platos al ver el hígado que proporciona el Amphis Baena cuando es derrotado.  Sus palabras hicieron que Finn que iba más adelante se detuviera y volteará a mirar atrás con urgencia. 

—Fue sin querer, caí en el piso luego de entrar por un pasaje secreto.
Dijo Bell excusándose rápidamente.

Eso hizo que Gareth soltara una carcajada más fuerte. 
 
—Jajajaja 'Sin querer' dices jajaja, niño lo que tu tienes es una suerte que es buena y mala a la vez. JAJAJAJA, CON ESTO TE PUEDES HACER UNA ARMADURA INCREIBLE!!

Mientras el enano reía con ganas, un pequeño movimiento de rocas detrás de ellos llamo la atención, Bell se giro, solo para encontrarse con la mirada curiosa de varias chicas de la familia Loki. 

—RIVERIA MIRA, MIRA. EL CONEJO MATO A AMPHIS BAENA SOLO!! ¿PUEDES CREERLO?
Grito Gareth con un tono orgulloso, lo que llamo más la atención de los miembros de la familia Loki que venían saliendo del túnel.

Bell trago saliva nervioso de tantas miradas sobre él, mas si lo miraba su amor platónico... Aiz Wallenstein, que aunque parecía que la joven rubia lo mira sin sentimiento alguno, en sus ojos brilla un calor orgulloso y...¿Algo más?

A la luz de la llama blanca (Danmachi)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora