Prólogo

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"Departamento 143"

Lee Heeseung siempre había sido un nombre que resonaba con respeto dentro de los pasillos de la compañía de su familia

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Lee Heeseung siempre había sido un nombre que resonaba con respeto dentro de los pasillos de la compañía de su familia.

El hijo mayor del presidente, el joven heredero destinado a ocupar un cargo importante, aquel que desde su niñez había sido moldeado para llevar sobre sus hombros el peso de un apellido reconocido.

Desde pequeño aprendió a caminar con rectitud, a mantener la mirada firme y a sostener una sonrisa diplomática aun cuando no la sentía. Los flashes de las cámaras lo perseguían en cada evento empresarial, y las miradas críticas de inversores y socios lo seguían incluso en los momentos más íntimos.

El ascenso no llegó por sorpresa.

Era lo esperado.

El día que fue nombrado vicepresidente, los murmullos se extendieron como un eco de aprobación y envidia. Él lo recibió con una calma casi impecable, como si ya lo hubiera ensayado frente al espejo miles de veces. Y quizá lo había hecho. A sus Vientiocho años, había logrado lo que muchos hombres mucho mayores que él solo podían soñar, pero en lo profundo de su pecho ardía una sensación distinta a la satisfacción: una mezcla de cansancio y vacío.

Heeseung, con su porte impecable y su rostro definido, ojos oscuros capaces de atravesar a cualquiera, labios suaves y una elegancia natural que lo volvía imposible de ignorar, no era solo el vicepresidente de la empresa. Era un joven que anhelaba silencio, aire, algo que fuera realmente suyo. Por eso, contra las expectativas de su padre y del consejo, decidió mudarse.

No a una mansión ni a un ático extravagante, sino a un departamento que había descubierto casi por accidente. Un espacio moderno, con ventanales amplios y paredes blancas, donde creyó que podría empezar de nuevo, aunque solo fuera en lo cotidiano.

El día de su mudanza, el aire tenía un olor a promesa. Los muebles estaban recién llegados, las cajas aún selladas, y la idea de independencia lo llenaba de un extraño alivio. Aquella noche, mientras recorría el pasillo iluminado por la tenue luz de las lámparas, algo cambió.

Lo sintió primero en el ambiente: un susurro invisible, como si alguien más estuviera respirando en ese mismo espacio.

Heeseung se detuvo, el corazón latiendo un poco más fuerte. Sus ojos recorrieron la sala, y entonces lo vio.

Sentado con despreocupación junto a la ventana, como si le perteneciera, había un chico. No cualquiera, sino alguien que parecía desentonar con el mundo entero. Su cabello oscuro caía suavemente sobre el rostro, y su mirada, profunda, casi melancólica, se posaba en algún punto lejano. Era etéreo y terrenal al mismo tiempo, como un secreto bien guardado.

Finalmente el chico volteo hacia el y su expresión cambio de una serena a una sorprendida, lo miraba como si acabara de encontrarse con un intruso.

-¿Qué haces aquí? -la voz del desconocido fue firme, pero también cargada de incredulidad.

Ghost || HeejakeLa tua prossima ossessione. Scoprilo ora