Prologo

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Edwik se tragó otro sorbo de su cerveza sin ningún tipo de vacilación. Aun era temprano para estar bebiendo, no eran las horas que el frecuentaba, pero no había mucho más que hacer.

Con la entrada a la mazmorra cerrada debido a la Tormenta de aether todos los contratos relacionados con la mazmorra habían sido cancelados o puestos en pausa temporal hasta que la tormenta cesase su actividad. Debido al cierre tampoco podían entrar a la mazmorra de forma independiente a cazar monstruos y recolectar objetos de valor.

Lo único que quedaban eran contratos de escolta de mercaderes, exterminio de monstruos en ciertas zonas lejanas o...contratos de tinta roja. Y el estaría condenado si se rebajaba lo suficiente como para siquiera considerar aceptar uno de esos.

Pero con los mercenarios intentando acaparar los buenos contratos de escolta o misiones de caza en la superficie se estaban quedando lentamente sin opciones. La única otra opción que le quedaba era el entrenamiento de su aprendiz y el resto de los aprendices del gremio.

Hablando de ellos, habían estado mejorando bastante bien en su entrenamiento técnico. Aun les quedaban algunos meses más de entrenamiento técnico antes de que pudiesen pasar al entrenamiento practico, pero iban por buen camino.

Dio otro profundo sorbo a la cerveza.

Su propia aprendiz había estado mejorando a buen ritmo con el manejo de la lanza corta y escudo.

...ya que estaba iría a la oficina imperial y buscaría algún contrato fácil que los aprendices puedan realizar.

Se trago lo que quedaba de cerveza de un trago, pago su cuenta y salió de la taberna. Navego las calles con maestría a través del flujo de gente hasta llegar al lugar, abrió la puerta y respiro hondo el olor a papel y tinta del local.

La oficina Imperial, cualquier gremio que valiese su peso en contratos conocía y sabia manejarse en este lugar. Marcho hacia adelante, ignorando a las dos figuras de armadura dorada y bruñida que se paraban a los lados de la puerta como estatuas.

Si no los viera respirar tal vez los habría confundido con estatuas.

Guardias imperiales, fácilmente reconocibles por las armaduras y capas. Sus cascos cubrían la mayor parte de sus caras, pero podía sentir sus miradas recorriendo a todos en la sala, atentos a cualquier cosa que pudiera alterar el orden.

Miradas frías, miradas entrenadas y curtidas. Miradas que habían derramado sangre por el Imperio y por el Emperador.

Edwik no era mago ni tenia ojo para la magia, pero hasta él podía ver que las armaduras y armas estaban encantadas, no solo como un símbolo de poder y estatus. No, era un recordatorio constante de a quien servían, a la nobleza, y al Emperador.

Uno de los Guardias Imperiales poso su gélida mirada sobre él y Edwik decidió que era el momento de dejar de mirar a las musarañas y empezar a mirar esos contratos.

Marcho hasta uno de los tableros donde estaban colgados los contratos actuales disponibles. Una rápida revisión revelo algunos contratos tentadores sobre la caza de monstruos locales, aún era muy pronto para que los aprendices tomaran esos, pero podría tomar uno para sí mismo.

Tal vez debería aprovechar y tomar un contrato de escolta de caravana, el viaje seria de dos semanas, una de ida y otra de vuelta, pero la paga era buena...tal vez lo tomase, pero lo principal era encontrar uno para los aprendices.

Hmm...veamos...aja!

Un contrato de exterminio de alimañas, problemas con ratas asaltando la despensa de una taberna. Un trabajo sencillo y sin riesgos, perfecto para los jóvenes.

Tomo el contrato del tablón y se dirigió hacia el mostrador para que le atendieran. Una recepcionista con el pelo dorado como el grano lo recibió con una sonrisa encantadora.

¿Tomando algunos contratos?—pregunto ella educadamente. —Si, pero no para mí, para los aprendices. Algo de trabajo entre los estudios no les ira mal. —Respondió el mientras la revisaba discretamente, no la recordaba.

¿Eres nueva por un casual?, no recuerdo haber visto tu cara por aquí, me acordaría de una cara tan bonita—podría parecer que estaba flirteando, pero la chica era genuinamente bonita. Ella le respondió con una pequeña risita—Gracias por el cumplido, y si, empecé hace un par de días.

La recepcionista agarro el contrato, hizo que Edwik firmara su parte, ella firmo la suya y estampo un sello en el papel antes de sacar de debajo del escritorio un libro y abrirlo.

¿Cuál es el nombre de tu gremio? —pregunto ella mientras empezaba a hojear las paginas.—Colmillo Roto, Gremio Colmillo Roto.—respondió el mientras ella empezaba a rebuscar entre las páginas.

Roto...roto...aquí, Colmillo roto!—dijo mientras agarraba rápidamente el estilógrafo y garabateaba algo en la pagina para seguido pegar el contrato en el utilizando una sustancia pegajosa.

Con movimientos entrenados y precisos saco una copia del contrato la cual también firmo y sello antes de hacerle a Edwik firmar también y entregárselo.

Bien, sus miembros tendrán que presentar una prueba de que el contrato ha sido completado y luego firmar nuevamente antes de que se les entregue la recompensa—informo con un tono profesional. El ya lo sabía, no era nuevo en el oficio precisamente, pero la chica acababa de empezar y decidió dejar que lo explicara para que pudiera obtener un poco de experiencia en el asunto.

El asintió antes de despedirse con la mano y marchar hacia el gremio.

Se movió a trabes de las calles cada vez mas abarrotadas mientras los comerciantes gritaban sobre sus productos y ofertas, el flujo de gente iba i venia por las arterias de la ciudad, gente comprando, vendiendo, regateando.

Un trato por aquí, un acuerdo cerrado por allá, gente entrando y saliendo de tiendas, la ciudad estaba llena de vida aun incluso con la tormenta de aether en el horizonte. La gente se apartó mientras una carreta de comerciantes bastante elegante era tirada por dos U'ros.

Las poderosas criaturas resoplaban mientras tiraban de la carreta sin mucho problema mientras sus amos los manejaban hábilmente con las riendas. A su alrededor vio a matones armados, espadas, dagas y un arquero, Mercenarios.

No pudo evitar arrugar la frente al verlos.

Pero su expresión cambio cuando vio a un grupo de tamaño decente de Guardias Imperiales marchar hacia algún lugar a ritmo de trote, las armaduras sonando a su paso. ¿ A donde irían?

...Edwik decidió que no era asunto suyo y que era mejor seguir su camino. Serpenteo entre las calles y el flujo de gente hasta finalmente llegar a su destino.

El edificio del gremio se alzaba orgulloso, hecho en su mayor parte de Piedra y madera, era un lugar grande y espacioso. Tenia que serlo, a fin de cuantas todos en el gremio vivían aquí. Se acerco y escucho el bullicio a través de las ventanas abiertas.

Ahh, hogar dulce hogar.

Abrió la puerta y el bullicio del día lo saludo junto con varios de sus compañeros que ya se preparaban para empezar el día, probablemente ir a conseguir algunos contratos. Otros estaban ocupados haciendo cuentas y números, revisando recibos y viendo que los números coincidiesen.

Le pareció ver que alguien descendía al sótano, seguramente para comprobar sus existencias. Escaneo con la vista por la zona hasta que encontró a los aprendices levantados limpiando el lugar, escobas en mano.

Hey jóvenes—les dijo mientras se acercaba, cuando terminéis de limpiar venid a verme, os tocara la lección teórica de la mañana y después algún trabajillo. —Sonrió mientras agitaba el papel del contrato en sus caras.

Vida de una Serpiente Vol.2 En el Ojo de la TormentaStories to obsess over. Discover now