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Bajo el sol del mediodía, las bulliciosas ciudades contuvieron el aliento. Millones de personas habían detenido sus vidas, impulsadas por el fervor de ser testigos de un espectáculo estelar que pronto lo acapararía todo. Incluso aquellos sin vista directa se hallaban en sus casas, con la respiración contenida frente a las pantallas.
Un par de meses atrás, los científicos más grandes del mundo habían asegurado a la población la llegada de un fenómeno celeste. Un astro del tamaño de un cometa pequeño, explicaron con estudiada calma, pasaría muy cerca del planeta; un cálculo que presentaron como ciego e irrefutable. Un evento único, algo que solo ocurría cada millón de años. La fascinación creció con cada semana, transformándose en una obsesión mundial, mientras que, en el más absoluto secreto, los búnkeres terminaban de sellarse para los pocos que sabían leer la verdad tras los números.
Incluso el aire parecía haber cambiado de consistencia minutos antes del encuentro. El viento se volvió estático, cargado de una electricidad que erizaba el vello de los brazos. Los animales fueron los primeros en desertar del espectáculo; las aves callaron de súbito y los perros buscaron refugio en los rincones más oscuros, presintiendo la vibración de algo que la lógica humana aún se negaba a aceptar.
De pronto, apareció.
Muy a lo lejos, un pequeño círculo se hizo visible. Se comportaba como se esperaba, pero el color no era el correcto. No era el tono inerte de una roca, sino un rojo imposible que palpitaba. En las pantallas de los rascacielos y en las transmisiones de los países más desarrollados, los sensores comenzaron a saturarse. El rojo no era solo un color, era una frecuencia que corrompía los píxeles. En ese instante, la mentira se desmoronó: el objeto no pasaría de largo; estaba acelerando, como si la Tierra fuera una presa largamente esperada.
La euforia se congeló. Un silencio helado recorrió el planeta cuando la terrible verdad golpeó a la humanidad: la trayectoria había fallado, o la habían ocultado hasta que fue demasiado tarde para huir.
Las alarmas sonaron con una potencia devastadora, pero no hubo tiempo para plegarias. El cielo no solo se encendió, se fracturó. El impacto en el epicentro fue brutal, desintegrando todo en las cercanías, pero el verdadero fin no llegó por el fuego, sino por lo que el astro traía en su interior. Tras el rugido sordo del choque, una colosal nube de ceniza y partículas carmesí emergió del suelo, expandiéndose como un virus hambriento por la atmósfera.
En cuestión de horas, el azul del cielo desapareció. El mundo quedó sumido en una penumbra perpetua donde la luz del sol apenas lograba filtrarse, teñida de un tono ocre y enfermo. La superficie se convirtió en un desierto de aire tóxico y nubes rojas, un paisaje marciano que reclamó lo que antes fue verde.
Pero no todo se perdió. En un lugar oculto, bajo esa tierra muerta, el último bastión de la humanidad permaneció. Algunos lograron sobrevivir en el silencio de las profundidades, esperando. En ese refugio, entre el eco de las máquinas y la nostalgia de un cielo que ya nadie recordaba, la historia de Annie estaba a punto de comenzar.
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Bajo La Tierra Oscura.
ActionEn un mundo desolado y destruido, una joven vaga por el desértico mundo buscando como sobrevivir, mientras recuerda como su entrenamiento la llevo a aquel insólito lugar.
