Chaeyoung ajustó la última caja en el pequeño departamento. Con solo 18 años, se sentía orgullosa de poder vivir sola, aunque el vacío de las paredes nuevas la hacía sentirse ligeramente ansiosa. Afuera, la tarde caía, tiñendo el vecindario de un naranja suave. Fue entonces cuando la vio.
La mujer del jardín de al lado...
Piel pálida, figura elegante, cabello oscuro que caía como seda sobre sus hombros. Mina.
Chaeyoung no sabía su nombre aún, pero algo en ella —quizá la manera en que se inclinaba sobre las flores con una delicadeza imposible— la hizo quedarse observando unos segundos de más. Mina alzó la vista, y sus ojos se cruzaron.
—Hola —dijo la mujer con una sonrisa cálida—. ¿Eres nueva aquí?
Chaeyoung asintió, sintiendo que su voz se le atascaba en la garganta.
—S-sí. Acabo de mudarme. Soy Chaeyoung.
—Encantada. Soy Mina. —Su voz era baja, casi sedosa—. Si necesitas algo, estoy al lado.
Cuando Chaeyoung entró de nuevo, se apoyó en la puerta y soltó un suspiro tembloroso. Era preciosa. Y llevaba un anillo de matrimonio.
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Los días siguientes, Mina pasaba a menudo frente a su puerta, a veces con bolsas de compras, a veces con una carpeta de trabajo. Y cada vez que se cruzaban, la conversación era un poco más larga.
Una tarde, Mina tocó a su puerta con una botella de vino en la mano.
—¿Te molestaría si me uno a ti? Mi esposo está de viaje por trabajo, y no me gusta beber sola.
Chaeyoung tragó saliva. Había algo peligroso en aceptar, pero se hizo a un lado.
—Claro… pasa.
La noche fue un juego de miradas. Mina se sentó cerca, cruzó las piernas, y Chaeyoung no podía evitar que sus ojos se deslizaran hacia ellas. El alcohol soltó sus lenguas, y terminaron hablando de todo: arte, sueños, amor.
—Nunca pensé que tendría una vecina tan interesante —murmuró Mina, sus ojos oscuros atrapando a Chaeyoung como un lazo.
Chaeyoung no sabía cómo, pero terminó acariciando la mano de Mina sobre la mesa. La mujer no se apartó.
—Esto no debería… —susurró Mina, aunque no se movió.
Chaeyoung se inclinó, casi temblando.
—Pero quieres. Igual que yo.
Y entonces Mina la besó. Fue suave al principio, exploratorio, pero pronto la tensión acumulada explotó en un beso más profundo, desesperado.
Terminaron en el sofá. Chaeyoung sintió las manos de Mina en su cintura, enredándose en su camiseta, recorriendo su piel como si quisieran memorizarla. La mayor suspiró contra sus labios, sus movimientos llenos de una necesidad contenida.
—Eres tan joven… —murmuró Mina, pero no se detuvo.
—Y tú tan hermosa —respondió Chaeyoung, bajando sus labios por el cuello de Mina, arrancándole un gemido suave.
La ropa terminó dispersa en el suelo, sus cuerpos entrelazados en la penumbra. Mina guió cada caricia con una mezcla de experiencia y hambre, mientras Chaeyoung se entregaba con torpeza ansiosa, como si fuera un sueño prohibido del que no quería despertar.
Horas después, Chaeyoung despertó con Mina a su lado, el cabello enredado en su rostro y la respiración tranquila.
—¿Te arrepientes? —preguntó la menor en un susurro.
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A través de la pared - MICHAENG One Shot
FanfictionLas heridas que se convierten en cicatrices y la valentía de elegir quedarse cuando todo invita a huir. Chaeyoung, con apenas 18 años, se muda sola buscando libertad... y la encuentra en Mina, su vecina diez años mayor, una mujer que lo tiene todo e...
