Mis padres me acompañaron hacia el aeropuerto para empezar por fin el nuevo reto de mi vida: comenzar mi año universitario. Con un manojo de nervios, nos bajamos del coche y cuando pusimos un pie en el depósito de equipaje las lágrimas de mamá no tardaron en salir.
—Por fin ha llegado el momento con el que has estado soñando tanto tiempo —dijo—. Mi pequeña se hace mayor —afirmó secándose una lágrima con la manga de su jersey.
La realidad era que yo también los iba a echar mucho de menos. A los dos. Pero, si es cierto, que estaba más unida a mamá. Al enviar la carta de presentación no pensé en que serían tantos meses separada de mi familia, al estar en el aeropuerto es como si me hubiera caído un jarro se agua fría.
Mamá intentaba disimular las ganas de llorar, pero el temblor del labio inferior la delataba descaradamente.
—Te voy a echar muchísimo de menos. Nunca hemos estado tanto tiempo separadas —gimoteé–. ¿A quién voy a enfadar yo ahora? –bromeé.
Un drama.
—Yo también te voy a echar muchísimo de menos, pero ahora, tienes que demostrarle a esa universidad lo que vales. –Dijo mamá colocándome las manos en los hombros conteniendo las lágrimas.
Entonces empezó a entrarme el agobio en el cuerpo. El calor me subió de manera que tuve que abanicarme con las manos. Iba a desmayarme. Sí, aquí mismo. No llegaría a Nueva York, ni siquiera pisaría el avión.
Mierda, Nueva York. Esa ciudad me quedaba muy grande. ¿Qué hago en una ciudad tan enorme?
Un poco tarde para llegar a esa conclusión.
—Me da un poco de vértigo —admití–. ¿Y si no soy suficiente? –pregunté preocupada. Mamá al final siempre tenía razón, quizás debería de haberme quedado en Minnesota con ella y papá.
Mamá ya no ocultaba los ojos rojos hinchados, sin embargo, pareció darle un chute de adrenalina que le dijera eso, que tuviera un poco de miedo.
—Entonces será mejor que volvamos a casa, cielo, si no estás segura será mejor rectificar antes de que sea tarde.
Me cogió de la mano anticipada, pero papá nos frenó a las dos. Mamá lo miraba como si acabara de hacer una atrocidad.
—Es normal que te dé miedo al principio –intervino papá poniendo su mano en mi hombro–. Pero mira el lado positivo, podrás conocer gente nueva y recorrer las calles de Nueva York como tanto ansiabas —recordó–. Además, sabes que te vamos a llamar todos los días —añadió.
Mamá suspiró, pero se quedó callada.
—Tienes que conocer mundo, Em, demostrarte que eres capaz de cualquier cosa. Si te quedas en casa siempre protegiéndote del mundo no podrás nunca tomar tus propias decisiones y equivocarte. Todo es parte de del proceso de vivir. Permítete sentir y cometer errores, así es como creces y te descubres a ti misma.
¿Se nota que papá es psicólogo?
Eso era lo que en el fondo necesitaba escuchar. Nunca había viajado sola a ninguna parte, pero para papá y mamá lo vieron como una gran oportunidad para ser independiente. Siempre han sido muy tolerantes conmigo y me han puesto las cosas fáciles, pero también querían que fuera capaz de apañármelas sola.
Aunque siempre lo veré como que querían tomarse una vacaciones de mí y estar solos...
—Infórmanos de todo lo que pase, y ya sabes, no pienses en la estúpida ruptura, ese cara de culo no te merecía, sabes que hiciste lo correcto, corazón —dijo mamá poniéndose tan seria que daba miedo.
Jota y yo no era la primera vez que rompíamos, la única diferencia de esta vez a las dos anteriores fue que ahora, le había pedido un tiempo para aclararme. Aunque realmente ese 'tiempo' era más bien un: te dejo pero no sé como decírtelo para no herir tus sentimientos.
—Lo sé. —dije separándome de ella.
La razón por la que lo dejé no es muy complicada. A mí no me gustaban las discusiones, y últimamente discutíamos mucho. Él era una persona, a lo que él se definiría a sí mismo como muy sexual. Yo no tanto. Y por último, teníamos unas metas totalmente diferentes. Básicamente porque él no aspiraba a nada en la vida. Sólo... existía.
Y yo supongo que necesitaba un tiempo para respirar. Además de que odio las relaciones a distancia.
Mentiría si dijera que no lo echo de menos. También si dijera que no descarto la posibilidad de volver, pero todavía lo quería, no se puede olvidar a alguien tan fácilmente. Llevábamos un año y dos meses juntos, no era tan sencillo.
—También te digo, si te gusta alguien, no te prives de hacer lo que quieras en todo momento. Además.... te he guardado preservativos por si acaso –dijo papá bajando la voz.
—¡CHARLIE! –lo regañó mamá dándole una palmada en el brazo.
Estos eran ellos. Papá haciendo enfadar a mamá, pero en el fondo, se querían con locura.
—Anda ven aquí —dicho esto, me apretaron entre los dos, y me dieron un largo abrazo—. Te queremos muchísimo, hija.
Me ajusté mi pequeña mochila gris y subí las escaleras del avión. Me giré por última vez hacia la dirección donde estaban mis padres y sacudí mi mano en forma de despedida.
Seguí mi camino con la cabeza bien alta y algo de temor por ambas partes. Estaba nerviosa, sí. Pero tarde o temprano tenía que enfrentarme a ello.
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Todo lo que nunca te dije (Nueva Versión)
Kurgu DışıEmma se muda a una ciudad nueva para comenzar la etapa más importante de su vida: la universidad. Ella tiene muy claro que no quiere ningún tipo de distracciones ni nada que la haga salirse de su estructura. Jake, un chico que busca llamar su atenc...
