Advertencia del autor:
Este no es un simple relato. Aquí el deseo sangra, las almas arden, y los cuerpos escriben lo que el corazón calla.
Si decides avanzar… que sea sabiendo que cada palabra fue escrita para doler, tentar o recordar lo que creías olvidado.
— Verónica Nocturne
Escritora de amores condenados y abismos poéticos.
🕯️ Réquiem para un Cerezo
Obertura
Un callejón, en algún lugar olvidado...
Cherry descargó un puñetazo más.
La sangre salpicó sus guantes de cuero negro, aún tibia.
Y esa sonrisa… esa maldita sonrisa que solo le nacía cuando olía miedo.
No era humana.
Era la sonrisa de un perro rabioso con sed de más.
—Cherry —mi voz lo alcanzó, serena, firme, tan acostumbrada ya a verlo así—.
Aún necesitamos interrogarlo. No lo mates… todavía.
Él no volteó enseguida.
Se relamió una gota de sangre que le manchaba la comisura del labio.
—Vamos, Verenn… solo me divierto con este pobre diablo.
Suspiré.
Aquel tipo tirado en el suelo apenas jadeaba. Le quedaban minutos antes de perder la conciencia.
—Debemos llevarlo a la Agencia.
—Ya voy, ya voy —masculló, frustrado. Sus nudillos crujieron bajo los guantes, hambrientos todavía.
Adoraba golpear infelices.
Lo hacía con arte.
—Vamos, Cherry. Te compraré una botella de vino.
Eso bastó.
Se encogió de hombros, resignado, y colgó la guitarra negra a su espalda.
Ocho cuerdas.
Ocho caminos entre dimensiones.
Seis vibraban en el instrumento.
Una era la vida.
La otra, la muerte.
Y la novena...
La novena no estaba ahí.
Estaba en él.
—¿Sabes, Verenn? —dijo mientras comenzábamos a andar—.
Este mundo está lleno de malditos.
Lo miré de reojo.
—Dime, Cherry… ¿crees que los malditos pueden alcanzar la gracia?
Se detuvo.
Una risa seca escapó de su garganta.
—No.
Los malditos como nosotros serán comidos en el Averno.
Negué con una sonrisa, apenas triste.
—Eres tan fatalista… abre el portal. Odio los callejones.
—¿Temes que alguien te haga algo? —dijo con su sonrisa ladeada.
—Quizá sea eso… o solo que odio la miseria.
Los callejones nos la muestran más que cualquier otro sitio.
—Sabes que si alguien se acerca, lo mataré.
—Cherry, solo abre el portal.
Debemos llevar a ese infeliz antes de que muera.
Ambos volteamos.
Cherry parece disfrutarlo.
Ver a un asesino ser torturado le da cierta satisfacción.
Descuelga su guitarra.
Su voz, ronca y melodiosa, pronuncia una sola palabra:
> —Mondlicht.
Y toca.
Con esa habilidad suya tan condenadamente perfecta.
El portal se abre.
—Bien, Verenn. Yo lo golpeé y abrí el portal… eso quiere decir que tú debes cargarlo —se ríe—.
Ah, y asegúrate de no arrastrar sus pies, mi pequeño mapache.
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Réquiem para un cerezo
Ficção Geral🎻 "Él toca la guitarra con cuerdas hechas de sangre... Ella es un ángel que cayó, pero no tocó el infierno." 🖤 En una ciudad donde la música abre portales y el deseo puede romper realidades, Cherry y Verenn se aman... aunque un solo beso podría de...
