•Cadenas de sangre•

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La mansión Uchiha se sentía más fría de lo normal esa mañana. Sasuke observaba desde el ventanal del segundo piso los jardines perfectos, como su padre siempre exigía. Todo en la propiedad debía reflejar orden, poder y tradición.
Todo, incluso él.

—¿Sabes por qué estás aquí, Sasuke? —la voz de Fugaku Uchiha era dura como acero—. La familia Hyūga ha propuesto una unión entre clanes. Estás comprometido con Neji Hyūga.

Sasuke se giró lentamente, su mandíbula tensa.

—¿Unión? ¿O estás vendiéndome, padre?

—Neji es un alfa digno. Culto. Fuerte. Hace todo lo necesario para honrar su clan. No como tú, que desperdicias tu linaje cuestionando cada orden. Este matrimonio asegurará el respeto entre clanes. La ceremonia será en dos semanas.

Sasuke dio un paso hacia él, el pecho subiendo y bajando por la furia.

—No voy a entregarme a un alfa que ni conozco, ¡no soy un peón!

Fugaku lo abofeteó sin titubear. El golpe resonó en las paredes como un eco de su poder. El omega cayó al suelo, con la mejilla roja y los ojos brillando, no de lágrimas... sino de rabia contenida.

—¡Padre! —La voz grave de Itachi cortó el ambiente como una cuchilla. Había aparecido en la entrada, su sombra proyectándose como una amenaza. Sus ojos brillaban por la furia—. ¿Vas a forzar a tu propio hijo a someterse a un alfa por política?

Fugaku alzó el mentón, sin ceder.

—Es un omega. Es su deber.

Itachi se acercó, su presencia imponente.

—No somos tus soldados, padre. Somos tu sangre.
Y Sasuke no es propiedad del clan.

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Itachi lo miró en silencio mientras Sasuke colocaba con prisa unas pocas mudas de ropa en una mochila negra. No necesitaba joyas, ni libros, ni pergaminos familiares. Solo lo esencial.

—No tienes que irte —murmuró Itachi desde la puerta—. Puedo convencer a padre... si me das tiempo.

Sasuke ni lo miró.

—¿Convencerlo de qué? ¿De que no soy una moneda de cambio? Ya lo ha decidido. Prefiere un tratado con un clan antes que respetar a su propio hijo omega.

Itachi bajó la mirada, culpable. Su puño se apretó contra el marco de la puerta.

—Te protegeré, Sasuke.

—Lo sé. Por eso me voy. Para que no tengas que hacerlo tú.

Y con eso, Sasuke desapareció en la noche.

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La ciudad aún no despertaba del todo cuando Sasuke bajó del taxi frente a uno de los edificios más modernos del distrito comercial, Uzumaki Tower. No había dormido, y la adrenalina aún recorría su cuerpo como un veneno lento.

Vestía ropa sencilla, pero su presencia seguía siendo elegante y orgullosa. No importaba cuánto quisiera huir de su apellido; su porte lo delataba.

No sabía por qué había terminado ahí, pero su cuerpo lo había guiado lejos del clan, lejos de su jaula. Quería perderse entre gente que no lo reconociera. Respirar. Ser nadie.

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En el piso 42 del mismo edificio, Naruto Uzumaki leía en silencio una propuesta de expansión para su cadena de bares y restaurantes. Su nombre tenía peso en el mundo legal y, para quienes sabían mirar más allá, también en el ilegal.

—La familia Hyūga está metiendo las manos en el mundo político —comentó Shikamaru, sirviéndose café—. Y hay rumores de que están por cerrar un matrimonio con los Uchiha.

Naruto ni levantó la vista de los papeles.

—¿Entre quiénes?

—Neji Hyūga y uno de los omega del clan Uchiha. No dicen cuál, pero parece que el chico se resistió. Se habla de escándalo.

—Los Uchiha son demasiado orgullosos para permitir que eso se filtre —murmuró Naruto, finalmente interesado—. Si ya suena en las calles, es que el omega hizo algo más que resistirse.

Shikamaru sonrió con malicia.

—Dicen que huyó.

—Valiente o estúpido.

—O ambas.

Naruto se levantó, estirándose. Desde su enorme ventanal, vio gente caminando frente al complejo. Unos se detenían a mirar la arquitectura. Otros a tomarse fotos.
Y uno en particular... a observar.

Omega's Embrace.Des histoires addictives. Découvrez maintenant