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—¿Isla Minion, dices?
Buggy casi resopla al escuchar al otro repetir el nombre por quinta vez. Al parecer, el "cerebro de pollo" debe ser algo común entre los usuarios de frutas tipo Zoan o puede que Marco simplemente esté intentando fastidiarlo.
—¿Acaso el oxígeno del tinte te consumió las neuronas? Te repetí que ahí estoy como hace unos minutos—respondió irritado, provocando la risa del interlocutor.
Cualquiera que lo viera en ese estado no lo reconocería. Haber naufragado durante semanas por mares desconocidos lo había dejado completamente desgastado. Al menos tuvo la suerte de hacer funcionar un den den mushi que encontró entre los restos de un naufragio en la costa. Sabía que memorizar el número de Marco sería útil en caso de emergencia, aunque ahora mismo se debatía si realmente había valido la pena llamar al rubio, porque este parecía estar disfrutando su intento de interrogatorio.
—No tienes que sonar tan molesto, Rodolfo. Llegaré lo antes posible —le dijo Marco y luego de pedir algunos puntos de referencia del lugar donde se encontrarian colgó la llamada.
Cuando por fin dejó de oír la voz del otro, se revolvió el cabello sin evitar hacer una mueca al sentir lo grasoso que estaba. En cuanto Marco lo llevara al Moby, se aseguraría de gastarse todo su champú (no es como si el otro lo necesitara mucho con ese peinado tan raro que siempre llevaba) para quitarse toda la suciedad de esos últimos días.
Había estado navegando los mares después de meses, intentando formar una tripulación luego de su último intento fallido. Lastimosamente no era tan eficiente para mantener una como pensó que lo seria. Se dejó caer sobre la arena, permitiéndose por una vez ser devorado por aquellas emociones que normalmente evitaba, pero que en estos momentos, tras perder su cuarto barco, no podía evitar sentirse como un fracaso. Si alguien de su antigua tripulación lo viera, seguramente estaría decepcionado.
Después de todo, Buggy no ha sido el mismo desde hace once años. No desde la disolución de los Piratas de Roger y mucho menos desde la muerte de su capitán (Aunque para él, aquel hombre fue mucho más que un simple capitán)
Buggy nunca fue alguien que dejara ver su vulnerabilidad. Siempre intentó disfrazar sus emociones lo mejor que podía y su apariencia excéntrica usualmente le ayudaba a mantener una fachada que distaba mucho de su realidad. Sin embargo, últimamente, sentía que esa máscara comenzaba a desmoronarse. Después de todo, él nunca fue el mejor candidato para continuar el legado de Roger.
—Eso siempre le correspondió al pelirrojo —pensó en voz baja.
Mirando al cielo, se tumbó en la arena y comenzó a contar estrellas, esperando que el tiempo pasara rápido y Marco apareciera pronto. Aunque no lo admitiera en voz alta, estaba agradecido de que el otro hubiera mantenido su amistad todos estos años.Los Piratas de Barbablanca se convirtieron en su sostén durante su adolescencia. Newgate, a petición de Marco, le permitió quedarse con ellos el tiempo que necesitara. Buggy, que en ese entonces era un adolescente de quince años que acababa de ver morir a su capitán y pelearse con su mejor amigo, aceptó sin dudar, porque aunque no lo parecía ansiaba un poco de consuelo incluso si venía del rival de su padre.
El tiempo en el Moby Dick ciertamente lo ayudó. No solo a mejorar sus habilidades (le gusta creer que aprendió todo lo posible de Rayleigh), sino que esa nueva familia evitó que tomara decisiones impulsivas que bien podrían haberlo llevado a una muerte temprana. Especialmente porque la Marina se había empeñado en cazar a los extripulantes del Oro Jackson.Pasaron tres años antes de que se sintiera listo para zarpar por su cuenta. Pensó que con el entrenamiento bajo la supervisión de una de las tripulaciones más poderosas del mar estaría preparado para enfrentar la Grand Line, pero pronto descubrió lo equivocado que estaba.
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Cirque
FanfictionDonde un naufragio consiguió que Buggy conociera a dos personas importantes
