El aire en Beacon Hills olía diferente ese verano.
Tal vez era el polvo del último día de clases aún flotando sobre el estacionamiento de la escuela. Tal vez era el pasto recién cortado o los viejos lockers vacíos. O tal vez —y eso era lo que más le pesaba a Stiles Stilinski—, era simplemente el olor de un ciclo que se cerraba.
Tiró su mochila en el asiento del copiloto del Jeep y se sentó con las manos sobre el volante, sin arrancar. Observó el edificio. Los pasillos que ya no le pertenecían. La cancha donde Scott jugó su primer partido como lobo. El aula donde él casi explota una bomba por accidente con Lydia. Las escaleras donde Allison solía sentarse.
—Maldito sea el sentimentalismo —murmuró.
Ese día no había fiesta. No había plan de verano. No había becas ni universidades ni cartas que cambiaran su vida. Había... un vacío, un silencio raro. Scott se había ido a la universidad un semestre antes. Lydia estaba en MIT desde hacía meses. Incluso Malia tenía un trabajo en alguna reserva natural con animales salvajes, donde probablemente encajaba mejor que en la ciudad.
Stiles estaba ahí.
Aún.
Todavía.
—¿Tienes planes? —preguntó el Sheriff esa noche, mientras lavaban los platos juntos, como cada miércoles.
Stiles se encogió de hombros.
—Dormir. Comer. Ver películas de crímenes. Preguntarme si cometí un error existencial no aplicando a NYU.
Su padre lo observó de reojo, con esa mirada que usaba cuando iba a lanzar algo que sabía que Stiles probablemente no tomaría en serio al principio.
—Podrías venir a la estación un tiempo.
Stiles parpadeó. Dejó el plato a medio enjabonado.
—¿Me estás ofreciendo arrestar gente? Porque necesito uniforme. Y sirenas. Y por lo menos un curso básico de defensa personal.
—Estoy hablando en serio, hijo. Podrías ayudarnos con registros, archivos digitales, cosas que los oficiales más viejos ni saben abrir. Además... te vendría bien una rutina. Y sería útil tener a alguien en quien confíe. Especialmente con Parrish ocupado la mitad del tiempo lidiando con cosas que no aparecen en los manuales.
—¿Parrish sigue ahí?
—Claro que sí. Ahora es sargento. Y sigue siendo tan correcto como siempre.
—¿Correcto como en "traga fuego sin arrugarse el uniforme" correcto, o como en "nunca rompe una regla" correcto?
—Ambas.
Stiles fingió pensar. En realidad, ya sabía la respuesta. Lo único más grande que su miedo a estancarse era su necesidad de sentirse útil. De seguir formando parte de algo.
—Está bien. Puedo intentarlo. Un par de días a la semana.
Su padre le sonrió. No dijo más.
El timbre de la puerta de la estación de policía sonó con ese chirrido metálico que anunciaba "nuevo en la zona". Stiles entró con una mochila desproporcionadamente grande al hombro, sujeta con una sola tira, y una expresión entre resignada y desafiantemente no impresionada.
Llevaba colgada al cuello una cinta azul claro, vieja, probablemente de alguna feria de ciencias del año anterior. Sujetaba una tarjeta plastificada a mano —o, mejor dicho, un pedazo de cartón con borde doblado— donde se leía en marcador negro: INTERNO HONORARIO – STILINSKI con una carita feliz mal dibujada al lado.
La recepcionista levantó la vista. Lo observó un momento. No preguntó nada. Solo asintió con una mezcla de confusión y familiaridad, como si ya supiera que no valía la pena detener a ningún Stilinski.
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Between Us - [Starrish]
FanfictionEl último día de clases en Beacon Hills no vino con aplausos, ni con becas, ni con un gran plan. Solo con vacío. Mientras todos parecían avanzar, Stiles Stilinski se quedó. Sin universidad. Sin un rumbo claro. Sin idea de qué hacer. Hasta que su pad...
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