Capitulo I: Despertar distinto

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Una sensación de terror se sembró al cuerpo de Kassandra, aquella desesperación tan común de querer abrir los ojos e intentar mover alguna parte del cuerpo pero no conseguirlo con éxito comenzaban a alterarlo por completo. Por instinto, quería soltar un grito para pedir auxilio, pero la fin de cuentas resultaría inútil, pues vivía completamente solo.

De forma tan repentina su cuerpo pudo reaccionar, y para liberar toda esa adrenalina, jaló todo el aire que podía soportar sus pulmones mientras se llevaba las mano al pecho. Sus manos estaban completamente temblorosas y el corazón estaba a mil por hora.

El temor no duro mucho, pues el alivio llego tan pronto en el que el cuerpo de Kassandra pudo recuperar el control sobre si. Ante la experiencia traumática, solo miró el techo durante un tiempo hasta que otro temor lo preocupo aún más: la luz del sol. Eso solo podía significar una cosa: ya no tendría un contrato para sobrevivir otra semana.

En ese instante tuvo varios sentimientos encontrados, pero ante todo sobre salía la frustración y el enojo. Soltó un suspiro y dio un vistazo rápido a su habitación: la única ventana estaba rota, las llaves estaban dentro de la perilla y la habitación aparentemente estaba limpia. Aún estando en cama, reflexiono sobre su más reciente trabajo, llegando a la conclusión de que había sido el más demandante hasta ahora como para transformarlo en un chico paranoico; era tan raro tener una pesadilla, pero últimamente el insomnio le ha jugado malas pasadas.

Dejando de lado la breve reflexión, comenzaba a sentir todo el dolor corporal a causa del frio y por las múltiples vueltas sobre la cama en la madrugada. Se levantó con esfuerzo y masajeaba su cuello para relajar el dolor y, de forma automática, fue directo a su baño para remojarse la cara.

Se vio a sí mismo a través del espejo y deslizó sus dedos sobre sus gigantescas ojeras. Roció su cara con agua para refrescar la mente antes de que lo acribillara con diversos pensamientos negativos, y aguantando como un campeón el peso de sus parpados, comenzaba a hacer su aseó personal.

Al terminar, tomó una toalla para secarse y regresó a su cama para reflexionar un poco de su vida para poder lidiar con el insomnio. No tenía otra opción que presentarse al trabajo aunque estuviera muriéndose de vergüenza.

Tomó su saco y salió de su departamento importándole poco su aspecto. Una vez que cerró la puerta con seguro, bajó por las escaleras para salir al exterior. Miraba a su alrededor como si hubiera algo interesante, pero era la misma calle aburrida que siempre había sido, la única diferencia era la poca presencia de gente. De forma inesperada y con intención, un joven lo empujó con semejante fuerza que Kassandra casi caía al piso.

- Estúpido... -susurró Kassandra a si mismo, apretó los puños para invocar su paciencia y prefirió caminar que hacer escandalo.

Más adelante se encontraba gente durmiendo en las banquetas y al pasar al lado de ellas tenían aquel olor característico a alcohol y orina, pero nada fuera de lo común por el momento, al menos no después de cruzar por los siguientes departamentos, donde estaban sacando un cadáver. Kassandra había escuchado un par de rumores en donde mencionaban que sacaban los cuerpos sin cubrirlos con alguna sabana, y al parecer aquel rumor era cierto, pues veía que se llevaban aquel cuerpo sin más, mostrando las marcas de la cuerda que había apretado la garganta de aquel joven durante mucho tiempo.

Por curiosidad Kassandra volteó de reojo para ver si había alguien lamentándose por la perdida, pero no había nadie, solo gente cubriéndose la nariz o quejándose porque tenían que esperar medio día para que el olor desapareciera. Tampoco era como si la situación fuera nueva, pues en aquella parte de la metrópoli la gente se suicidaba muy a menudo, razón por la que siempre había disponibilidad de departamentos.

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