Capítulo 0: La Estrella y el Árbol

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En un rincón olvidado del mundo, allí donde ni el viento se atrevía a soplar con fuerza y la tierra parecía dormir desde hace siglos, un hombre caminaba sin rumbo fijo. Sus botas crujían sobre la hojarasca antigua mientras el sol declinaba lentamente en el horizonte. Fue entonces cuando lo vio: un árbol gigantesco, antiguo como el tiempo, cuyas raíces parecían abrazar el corazón mismo del planeta. Bajo su sombra, envuelto en un trapo desgastado, yacía un bebé. Como si este hubiera guiado a ese hombre para que se lleve a aquel niño.

 —¡Por todos los cielos! —exclamó el hombre, cayendo de rodillas ante él—. ¿Qué hace un pequeño en un lugar tan desolado? Sabes... creo que es el destino quien me ha guiado hacia ti. 

 Le miró a los ojos. Un brillo antiguo, casi sagrado, habitaba en esa pequeña mirada inocente. 

—Te llamaré...... 

Años más tarde...

—¡Adonis! —llamó el padre mientras terminaba de empacar—. Este año quiero hacer algo especial para ti. Ya sé que me perdí tu cumpleaños número cuatro... ¡así que esta vez te llevo conmigo! Vamos a Grecia.

El niño, de cabello plateado y ojos curiosos, asintió con una mueca seria. 

—Pero que sea la última vez que te vas de viaje cuando se acerca mi cumpleaños. Solo por esta vez te lo dejo pasar. 

El padre soltó una carcajada alegre. 

—¡Cuánto has crecido, mi pequeño regañón! Te lo prometo, Adonis. 

El viaje los llevó a un rincón perdido de Grecia. Un grupo de arqueólogos había encontrado ruinas misteriosas de una supuesta civilización antigua. Mientras el padre se preparaba para colaborar, Adonis comenzaba a aburrirse. 

 —Otra vez con eso... dijiste que pasaríamos tiempo juntos. No volveré a creerte. ¡Papá tonto! 

El niño salió corriendo, pero el padre lo alcanzó con una sonrisa. 

—Tranquilo, hijo. No te dejaré solo esta vez. Quiero mostrarte qué tan asombroso es mi trabajo. ¡Vamos juntos! 

Pronto llegaron a una cueva cercana. Los arqueólogos, siguiendo la farsa del padre, fingieron buscar registros antiguos mientras él preparaba una sorpresa.

 —Feliz cumpleaños atrasado, Adonis —dijo el padre, mientras un grupo de investigadores lo rodeaba sonrientes. 

Adonis se ruborizó. 

—Gracias... pero no lo olvides otra vez. 

Mientras reían, una estela de luz cruzó el cielo. 

—¡Mira, papá! ¡Una estrella fugaz cayó cerca de aquí! 

—¡En serio! No la vi. Vamos a verla. 

Un investigador intervino, intentando mostrarle al padre un fósil. 

—Señor, mire esto, puede que sea de una nueva especie de dinosaurio...

—Esta bien papá ve con ellos, como esta cerca, yo iré primero a ver que fue lo que cayo, esta bien¿?

—Entendido Adonis, ve tú primero. Pero si ves algo raro, regresa de inmediato, ¿de acuerdo? 

—¡Entendido!

El niño corrió colina arriba, pasando y saltando entre las rocas. Minutos después, cuando el padre lo alcanzó, lo halló con rasguños, ropa desgarrada, y una expresión sobrecogida. En sus brazos, tenia algo que brillaba...

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