capitulo 1

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Dicen que, con el tiempo, uno empieza a ver el mundo diferente. Como cuando cambian las estaciones o cuando descubres por qué el cielo es azul. Casi siempre estás rodeado de gente que te quiere: tus abuelos, tus hermanos… pero, sobre todo, tus papás. Ellos son las personas más importantes cuando eres pequeño. Te enseñan cosas, te cuidan, te dicen qué está bien y qué no. Son súper importantes, ¿no?

Caminar por el césped, cuando las luces se apagan y ya no se escuchan ruidos, me hace sentir más tranquilo. Mirar el cielo me da paz. Tal vez, en ese espacio tan grande y lleno de estrellas, ellos me están cuidando desde alguna.

Mamá solía decir que papá nos cuidaba desde las estrellas, que desde allá podía vernos. Lo decía con una voz suave, como si quisiera creerlo también. Pero… ¿era verdad? No lo sé. Supongo que ella lo extrañaba tanto, que terminó yéndose con él. Quizás yo era muy pequeño para entenderlo en ese entonces.

—¡Brandon!

Bajé la mirada cuando la vi caminando hacia mí. Estaba molesta, como cuando alguien rompe un plato.

—Entra, es muy tarde. ¿Qué crees que haces afuera? —dijo, frunciendo el ceño.

No supe qué contestarle de inmediato, así que solo volví a mirar el cielo.

—¿Crees que mamá y papá realmente me están mirando desde ahí? —pregunté, sin estar muy seguro de lo que esperaba que respondiera.

Se quedó callada un momento. No dijo nada, solo me miró con esa expresión que usaba cuando no sabía si regañarme o abrazarme.

—No lo sé —dijo al final—. Pero si lo están, seguro no quieren que te dé un resfriado por estar afuera.

Intentó sonar enojada, pero ya no lo estaba. Caminó hasta quedar frente a mí; se agachó y me puso una mano en el hombro.

—Ven, anda. Entremos.

Avancé despacio, todavía mirando el cielo. No dije nada. Ella tampoco.

Caminar por los pasillos del lugar me hacía sentir incómodo. Sus pasos sonaban firmes; los míos apenas se escuchaban. Al llegar a la puerta de mi cuarto, se detuvo y me miró un segundo.

—Intenta dormir, ¿sí?

Asentí. Ya sabía que eso no era una orden, pero tampoco era una pregunta.

Entré con cuidado, tratando de no despertar a los otros niños. Algunos roncaban, otros hablaban dormidos. Me senté en mi cama y me quedé viendo el techo oscuro. No había estrellas ahí, pero igual me los imaginé. A mamá, con su voz suave. A papá… no recordaba bien cómo era, pero me gustaba pensar que tenía una risa parecida a la mía.

Sonreí. Me imaginé a los tres viendo una película juntos. Yo al medio, ellos a los lados. Mamá abrazándome con una manta. Papá pasándome palomitas. 

Afuera se escuchaban los grillos y algún coche lejano pasando. Cerré los ojos. No sé en qué momento me quedé dormido.

Cuando desperté, la luz del sol ya se colaba por la ventana. Escuché pasos y voces en el pasillo. Me senté en la cama, algo confundido, y vi que algunos de los otros niños ya no estaban en sus camas.

Me levanté despacio, con las cobijas todavía pegadas a la cara. El suelo estaba frío, como siempre, y una de mis pantuflas había desaparecido. Seguro se la llevó Tomás. Él siempre se confundía y decía que todas eran suyas.

Me puse lo primero que encontré y salí al pasillo. El olor a pan tostado ya llenaba toda la casa. Alguien estaba en la cocina cantando algo que no entendía, pero sonaba alegre.

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⏰ Last updated: Jun 09, 2025 ⏰

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Cuando el vacio respondioWhere stories live. Discover now