Lo que nos queda

161 12 3
                                        

Diez años.
Diez inviernos, diez veranos, diez cumpleaños en silencio.

Diez años desde que Chaeyoung vio por última vez a Mina.

No fue una ruptura escandalosa, no hubo gritos ni platos rotos. Solo una distancia que creció lenta, como el polvo acumulado en una caja cerrada. Y cuando ambas se dieron cuenta, ya no compartían planes, ni horarios, ni sueños.

Noviembre 2025- Actualidad

La tienda no tenía nada especial. Era una papelería con luz cálida y estantes apretados. Chaeyoung estaba frente a una estantería de cintas de colores, eligiendo una para envolver un regalo de cumpleaños. No era un día importante, pero se sentía más sola de lo normal.

Entonces solo la escuchó.

Una risa.

Baja. Serena.

Su corazón se detuvo antes de que su mente pudiera ubicarla.

Solo giró .

Y ahí estaba.

Mina.

Diez años más tarde, y sin embargo... siguia siendo ella.

Febrero 2015

—¿Te puedo tomar una foto? —preguntó Chaeyoung, la cámara colgando de su cuello.

Mina levantó una ceja, sin decir nada. Estaba sentada en una banca del campus, con un libro en las manos. Chaeyoung apunta la cámara igual, sin permiso.

Click.

—No dije que sí — habló Mina, sin dejar de leer.

—No dijiste que no—

Chaeyoung se sentó a su lado, feliz, como si eso bastara.

Mina solo miró de reojo y suspira.
Pero sonríó.

Y Chaeyoung se enamoró un poco más.

Noviembre 2025

—Mina... —dijo su nombre mientras sentía sus piernas moverse hacia ella sin permiso alguno.

Mina, sorprendida giró. Solo tardó unos segundos, pero la reconoció. Sus ojos se abrieron apenas con leve sorpresa, y su expresión se suavizó.

—Chaeyoung...—

Y así sintieron que el tiempo retrocedió, solo por un segundo.

—¿Cómo has estado? —preguntó Chaeyoung, con una sonrisa que intentó parecer casual, pero que temblaba un poco.

—Bien... muy bien. ¿Y tú?—

—He tenido mis momentos. — rió, algo torpe—

—¿Cómo están tus hermanos y tu mamá?—

— Ella sigue en Kobe, Aún cuida las flores como si fueran sus hijas.—

Chaeyoung solo asintió, y por un momento, ambas fingieron  que podrían ponerse al día como si fueran viejas amigas, como si no hubieran compartido una vida. Como si no hubieran dormido espalda con espalda por última vez una madrugada lluviosa que ninguna de las dos quiso recordar.

Agosto 2015

—¿Tú crees que el amor se gasta? —habló Chaeyoung, una noche, en voz baja, mientras ambas miran el techo desde la cama.

—¿Por qué lo preguntas?—

—No lo sé. A veces siento que si no lo cuidamos, se nos va a acabar.—

Mina se giró hacia ella.

—El amor no se gasta. Solo se transforma.—

—¿Y si se transforma en nada?—

—Entonces no era amor.—

Chaeyoung la miró. En la penumbra, Mina parecía aún más inalcanzable.

Pero no dijo nada. Solo la abrazó más fuerte.

Actualidad

Chaeyoung sintió que el tiempo se le escapaba por las manos. Algo estaba a punto de romperse. No era el momento perfecto, pero quería aferrarse a la posibilidad.

—Tal vez podríamos... no sé, tomar un café. Ponernos al día.—

Justo cuando lo dijo, lo escuchó:

—¡Mamá!—

Dos niñas corrían hacia Mina. Pequeñas, sonrientes.
Se aferraron a sus piernas, y Mina se agachó con ternura para recibirlas.

Chaeyoung no pudo evitarlo.
Los ojos.
La forma en que sonrían.
Como ver dos partes de sí misma atrapadas en otro universo.

—Mamá, ¿quién es? —preguntó la más pequeña.

Chaeyoung bajó la mirada.

El anillo estaba ahí. Simple. Hermoso. Definitivo. En la delicada mano de Mina.

—Es una amiga de antes —respondió Mina, con suavidad. Y por un segundo, sus ojos volvieron a encontrarse.

Diciembre 2015

La discusión fue pequeña. Un malentendido. Pero se volvió más grande porque ambas ya estaban cansadas.

—No me escuchas, Chaeyoung.—

—Claro que te escucho, pero tú nunca dices nada.—

—¿Y qué esperas que diga?—

Silencio.

Chaeyoung bajó la mirada.

—Nada. Supongo que ya lo dijiste todo.—

Fue ahí cuando lo supieron.
Que se estaban despidiendo.
Sin decir adiós.

Actualidad

—¿Como te llamas?— habló la niña.

—Chaeyoung— respondió apenas consciente de la pregunta.

—¡Igual que yo! —habló la niña, con una sonrisa radiante—. Mamá dice que así se llamaba alguien muy especial para ella.

Ahí fue cuando corazón de Chaeyoung se rompió. Pero no en pedazos. Más bien... se dobló . Como un papel que había sido leído demasiadas veces.

—Mi hermana se llama Mina —habló señalando a la otra niña, quien se abrazaba al brazo de su madre.

Mina sonrío. Sus ojos brillaban.

Chaeyoung tragó saliva. Movió los labios. Pero no dijo nada.

No hacía falta.

—Tienen nombres hermosos... —murmuró.

—Lo sé —respondió Mina con una pequeña sonrisa.

Y es fue todo.

Chaeyoung asintió. Dio un paso atrás. Luego otro.

No preguntó si estaba feliz. Lo sabía.

No preguntó si la recordaba. Porque también sabía la respuesta.

Solo dio la vuelta.

Y esta vez, no miró atrás.

One shots- Michaeng Donde viven las historias. Descúbrelo ahora