El cielo de la ciudad estaba teñido de gris. La lluvia no cesaba, el aire tenía ese peso que anunciaba que algo estaba por romperse.
Neil, un joven de veinte años, caminaba por la acera con una pequeña bolsa de supermercado. Llevaba los audífonos puestos, pero no escuchaba música. Solo necesitaba aislarse un poco del mundo, del ruido, de la soledad que a veces se filtraba entre sus pensamientos. Su vida era sencilla: universidad, videojuegos, estudiar hasta tarde, volver a casa solo.
Era un chico amable, el tipo de persona que sostenía la puerta, aunque nadie lo notara, que ayudaba a los vecinos mayores con sus bolsas sin pedir nada a cambio. No buscaba atención. Solo hacía lo que sentía correcto.
Y quizás fue por eso... que el destino eligió ese momento para torcer su camino.
Un grito. Rápido, desesperado.
—¡Niño, cuidado!
El crujido de neumáticos. Un coche fuera de control bajando por la calle, directo hacia un pequeño que se había soltado de la mano de su madre y corría tras una pelota.
Sin pensar, sin dudar, Neil dejó caer la bolsa y corrió lo más rápido que pudo,
Apenas logró alcanzar al niño. Con todas sus fuerzas, lo empujó fuera del camino. Un golpe. Todo a su alrededor se volvió lento.
Y luego... oscuridad. No había dolor, solo un frío que le cubría todo el cuerpo. Se sentía como si estuviera en el fondo del océano, atrapado en una negrura que le impedía ver, y un silencio abrumador que lo envolvía todo.
Y entonces abrió los ojos... pero no reconoció el lugar. No era la sala de un hospital.
Estaba en lo que parecía un salón oscuro, de estilo medieval. Vitrales altos cubrían las paredes, filtrando una luz sin calor que teñía el ambiente de un tono irreal.
Frente a el había un espejo negro como de obsidiana, que reflejaba algo que no reconocía.
No era su rostro.
Una piel tan blanca como el mármol tallado, fría, impecable, ajena a toda emoción humana. Unos ojos dorados como brasas que arden sin consumir, cabellos blancos como el resplandor de una luna llena, una capa de sombras sobre sus hombros.
Un mensaje flotaba en el aire, como un holograma:
Sincronización completa.
Bienvenido Kael'thar, Soberano de la Oscuridad
[Estado Actual – Kael'thar, Soberano de la Oscuridad]
Nivel: 99
Karma mundial: Crítico
Reputación: Villano Supremo
Sincronización del alma: 100% (Huésped: Neil)
Advertencia: No altere los eventos clave del destino o el sistema tomara medidas correctivas.
Neil se quedo paralizado.
— ¿Kael'thar...? — murmuro. No era la primera vez que escuchaba ese nombre. Al contrario, lo conocía muy bien.
Era el nombre del jefe final de su juego favorito, The Age of Darkness: The Legend of Auren.
El tirano que arrasaba reinos. El villano más cruel y despiadado de los videojuegos.
Y ahora el...
Neil cayo de rodillas- El corazón le latía con fuerza, pero no era miedo. Era angustia.
—¿Qué clase de broma es esta ...? Yo solo quería salvar al niño...
Pero el sistema no respondía. Solo el reflejo en el espejo cruel pero majestuoso, lo observo en silencio.
Neil, un joven común con un corazón puro y de espíritu noble, había muerto como un héroe.
Y había renacido como el villano.
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EL VILLANO QUE NO SABE CÓMO SERLO
ActionNeil, un joven bondadoso y amante de los videojuegos, muere salvando a un niño... y despierta en su juego favorito, The Age of Darkness: The Legend of Auren. Pero no como el protagonista, sino como el villano más temido. Incapaz de herir a inocentes...
