La primera vez que Park Jimin vio a Jeon Jungkook, no fue en persona.
Fue en un expediente.
Expediente 327-A.
Nombre: Jeon Jungkook.
Edad: 26 años.
Diagnóstico: Trastorno disociativo, tendencias antisociales, comportamiento psicótico.
Cargos criminales: múltiples homicidios, incendio premeditado, secuestro.
Estado actual: internado en el pabellón de máxima seguridad del Hospital Psiquiátrico Daeyang, Seúl.
Nivel de riesgo: Letal.
Jimin pasó la yema de los dedos sobre la fotografía que venía junto a la ficha. El rostro del sujeto estaba ligeramente inclinado, como si estuviera observando algo detrás del lente. O alguien. Tenía el cabello negro, desordenado, los labios curvados en una media sonrisa peligrosa y un tatuaje visible apenas asomando en el cuello.
Y esos ojos. Oscuros. Vacíos. O quizás demasiado llenos. Difíciles de leer.
Jimin cerró el expediente y lo colocó sobre su escritorio. Exhaló, como si la información contenida en esas páginas le hubiese robado el aire. No era la primera vez que trataba pacientes peligrosos. Pero había algo distinto en ese archivo. Algo que lo empujaba... y lo atraía.
—¿Seguro que quiere tomar este caso, doctor Park? —le preguntó la directora del hospital mientras cruzaba los brazos—. Otros psiquiatras lo han rechazado. Él juega con ellos. Los destruye desde adentro.
Jimin no lo dudó.
—Acepto.
Y así comenzó todo.
El pabellón 9 estaba al fondo del complejo. El silencio en ese lugar no era calma. Era amenaza contenida.
Dos guardias lo escoltaron hasta la celda acolchada 9-13. Doble cerrojo, triple candado, cámaras en las esquinas. Era una prisión disfrazada de tratamiento. Jungkook no estaba esposado. No lo necesitaban. Sabían que él, incluso con las manos libres, no se escaparía. No porque no pudiera. Sino porque no quería. Todavía.
La puerta se abrió con un chirrido metálico.
Y entonces Jimin lo vio. En carne y hueso.
Jungkook estaba sentado en el suelo, con las piernas cruzadas. No llevaba camisa. Solo un pantalón gris de tela fina y un grillete electrónico en el tobillo izquierdo. Su torso era una exposición de tinta y cicatrices. Una calavera en el pecho, versos en latín, símbolos que parecían arder sobre su piel. Un crucifijo invertido cerca del ombligo. Y la palabra "Heavenless" tatuada justo bajo la clavícula.
Levantó la vista. Sonrió.
—¿Tú eres el nuevo juguete? —su voz era suave. Como terciopelo empapado en gasolina.
—Soy el doctor Park Jimin. Vengo a ayudarte —respondió Jimin, manteniendo el tono profesional, aunque la piel se le erizó.
—¿Ayudarme? —rió Jungkook con una carcajada seca—. ¿Y qué vas a curar? ¿Mis ganas de arrancarle la lengua a los hipócritas o mi amor por prender fuego a los templos?
Jimin no respondió de inmediato. Caminó con calma, se sentó en el pequeño banco frente a él y abrió su libreta de notas.
—Dime lo que quieras. No estoy aquí para juzgarte.
—Mmmm... —Jungkook ladeó la cabeza—. Bonito cuello. ¿Te lo han dicho? Podría morderlo hasta sangrar. Verte temblar. Sentir el pulso bajo mis dientes.
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Luna Roja: Amor en Ruinas // KOOKMIN
FanfictionSinopsis: En una ciudad podrida hasta la médula, donde la ley y el crimen se funden en un mismo hedor, un joven psiquiatra brillante pero emocionalmente fracturado, Park Jimin, se cruza con la mente más peligrosa del país: Jeon Jungkook, un asesino...
