Capítulo 1

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En una pequeña clínica a las afueras de Chicago, en un pueblo llamado Lakewood, una mujer luchaba para que su bebé llegara al mundo, eran las 11:26 de la noche cuando Rosemary Brower escuchaba por primera vez el llanto de su pequeña bebé; pero antes de poder tomarla en sus brazos se desvaneció, entregándose completamente a la inconciencia. Preocupado el equipo médico inmediatamente se apresuró a atender a la madre, mientras una de las enfermeras revisaba a la pequeña bebé.

Cuando salieron a informar al padre que su bebé había nacido y que era una niña, el empleado informó que el señor no estaba presente, pues esa mañana había partido a la ciudad. Aun así, el médico informó que la nueva madre estaba delicada y que permanecería en observación esa noche.

Más tarde a las dos de la madrugada en el mismo hospital, una madre lloraba al no escuchar el llanto de su bebé; rogó internamente que el llanto llegara pronto, que aquel golpe no le haya costado la vida de su bebé por haberse adelantado casi un mes, entonces su plegaria fue escuchada y un débil llanto se oyó en la sala.

-Margaret... tu bebé es muy pequeña y está algo débil. – la mujer se culpó pues no se había alimentado debidamente durante su embarazo; pero como podría haberlo hecho si apenas el dinero alcanzaba para pagar la renta.

-Johana... es mi culpa, - dijo tapándose el rostro con las manos - no me alimente debidamente; apenas y tengo para comer, Peter aun no encuentra trabajo.

-Amiga, lo siento tanto. Escuché decir al doctor que si tu bebé no mejora está noche, deberá quedarse unos días, y eso te costará mucho dinero.

-Lo sé... - la madre se puso a llorar – no quiero que le pase nada a mi bebé; pero no tengo dinero para pagar... - pidió por un milagro, que su bebé mejoré en el transcurso de ese día.

Cuando la enfermera y la nueva madre ingresaron a los cuneros, vieron a cuatro bebés que habían nacido entre las siete de aquel viernes y las tres de la madrugada de ese sábado. Cada uno se iría con su madre cuando amaneciera; pero dos de ellas se quedarían más tiempo. Una, porque su madre estaba delicada, y la otra, pues era ella quien necesitaba quedarse en observación por haberse adelantado tres semanas.

-Margaret, está es tu bebé, te dejaré con ella, tengo que regresar a mi área. – la enfermera era amiga de la infancia de la mujer, esa noche estaba en recepción, había dejado su puesto para ver a su amiga.

Margaret observó hacia la sala, que estaba dividida por un cristal, vio a dos enfermeras entretenidas en su conversación.

La clínica era pequeña, funcionaba gracias a la colaboración de la gente del pueblo, quienes hacían aportes para poder mantenerla en pie. El ayuntamiento dispuso a cinco enfermeras y tres doctores por turno, era lo más que se podía hacer para ayudar a la población de Lakewood.

-Vio a su bebé tan indefensa, era pequeña y se veía débil, le dolió pensar en el futuro que tendría su hija; un padre alcohólico y desempleado; ella que trabajaba como costurera y apenas hacia alcanzar los billetes que ganaba para pagar la renta y algo de comida. No, no quería eso para su hija, por eso no quería embarazarse; pero había sucedido, lloró al no poder ofrecerle algo mejor.

Qué haría si su niña tenía algún problema de salud más grave? Ahora estaba bajo observación, tenía algo conectado a su manito que monitoreaba su corazón, la madre la observaba hasta que un quejido la sacó de sus pensamientos, era una bebé un poco más grande que su hija, la tomó en brazos para calmarla antes de que empezara a llorar y despertará a su bebé, la niña era rubia al igual que su hija, con mejillas regordetas y rosadas, era una bebé linda; pero no tanto como su hija, se fijó en la manta que la cubría, era una manta fina al igual que su ropita... la niña pertenecía a una familia que podría darle lo necesario, vio el brazalete rosa en su manito y una idea le pasó por la cabeza.

MI PECADOOnde histórias criam vida. Descubra agora