A pesar del insomnio que me había acompañado toda la noche, esa mañana me levanté con un presentimiento extraño, casi irreal: algo dentro de mí susurraba que sería un buen día.
La luz del sol se filtraba a través de las cortinas, proyectando figuras irregulares sobre el suelo de mi habitación. No podía decir que estaba preparada para el simulacro del examen —porque, en realidad, no lo estaba—, pero al menos tenía un motivo para no sentirme sola en el intento: Sieun.
Él siempre estaba allí.
No soy buena para estudiar, y no me avergüenza admitirlo. La memoria me falla cuando más la necesito, las fórmulas se me escapan y la ansiedad se apodera de mí como un animal al acecho. Pero la vida, caprichosa a veces, me puso al lado a alguien completamente opuesto: disciplinado, reservado, brillante. Y, por alguna razón que aún no entiendo, decidió compartirme parte de su mundo.
Al llegar al aula, lo vi sentado en su lugar habitual. Tenía los auriculares puestos, el ceño ligeramente fruncido mientras escribía en su cuaderno. Su presencia era tranquila, casi como un refugio en medio del caos escolar. Su perfil recortado por la luz de la ventana me resultaba tan familiar como el sonido de mi propio nombre.
Me acerqué y dejé la mochila sobre el pupitre junto al suyo. Él no levantó la vista. Me incliné un poco y, con una sonrisa juguetona, le retiré uno de los auriculares.
— Siunah —susurré—. Ya llegué. ¿Estás bien? ¿Me extrañaste?
Me observó por un momento. Su mirada, lenta y silenciosa, descendió desde mi rostro hasta mi uniforme. Frunció el ceño al notar que llevaba falda en lugar de pantalones, como solía hacer.
— Mmmh... te extrañé —murmuró, apenas audible.
Pero fue suficiente. En tres años de amistad, sabía que sus palabras no necesitaban volumen para ser sinceras. Cada gesto suyo hablaba más que cualquier conversación.
Me dejé caer en el asiento junto al suyo, rozando su pupitre con el mío. Nadie se quejaba ya de que obstruyéramos el paso. Era como si todos hubieran aceptado que ese rincón del aula nos pertenecía.
— ¿Llegaste bien a casa ayer? —preguntó, retirándose los auriculares con calma.
Su interés me hizo sonreír. Siempre me causaba una especie de cosquilleo interno que no podía explicar.
— Sí. Iba a avisarte, pero mi celular murió y recién ahora lo encendí —le expliqué mientras sacaba mis libros. Él me tendió mi bolígrafo favorito, el que sabía que yo prefería usar—. Mi padre te manda saludos. Pregunta cuándo pasarás por casa o por el club.
Vi cómo las comisuras de sus labios se alzaban por un segundo antes de volver a su expresión neutra.
— Después del simulacro, quizás.
Asentí, pero no llegué a responder. La puerta se abrió de golpe y la profesora entró al aula. El murmullo de los estudiantes fue apagándose de a poco, como un río que encuentra su cauce.
Anunció a los ganadores del concurso de matemáticas. No fue sorpresa para nadie que Sieun obtuviera el primer lugar. Era brillante, aunque él nunca hablaba de ello. Solo asentía levemente cuando lo felicitaban, como si la excelencia fuera un peso más que un orgullo.
Cuando volvió a sentarse, pasé mi mano por su cabello, despeinándolo con suavidad.
— Primer lugar otra vez, genio.
Yeongbin pasó cerca y frunció el ceño al vernos. Yeongbin era uno de esos que creen que la escuela es un escenario para demostrar fuerza más que inteligencia. Su mirada hacia Sieun no fue de admiración, sino de desagrado.
YOU ARE READING
Softcore | a weak hero fanfic
FanfictionSOFTCORE ||| Ko Hyori y Yeon Sieun son mejores amigos. Sus vidas transcurren con normalidad hasta que un incidente despierta una nueva version en ellos mismo. Hyori intentara proteger a su mejor amigo de los peligros que los persiguen, aunque la vio...
