El ascensor se detuvo de golpe, sacudiendo fuertemente a Pier, quien apenas podía mantener el equilibrio con las manos atadas. El chirrido metálico de las puertas abriéndose se escuchó, seguido de un viento demasiado frio que se colaba en el elevador. Las puertas se abrieron por completo. Pier intentó liberarse de las cuerdas de las manos, pero cada movimiento solo hacía que los nudos se apretaran más. De repente, un sonido agudo y rasposo lo paralizó. Era como si unas uñas afiladas, fueran arrastradas lentamente sobre el suelo.
Pier contuvo la respiración, escuchando atentamente. Solo el eco de su propio jadeo, entrecortado por el frío. Por un momento, pensó que había sido su imaginación, pero entonces lo escuchó de nuevo, más cerca esta vez. El sonido se acercaba cada vez más hacia donde él estaba, como si aquella cosa supiera que él estaba allí, como si estuviera analizando a su presa.
Con un esfuerzo sobrehumano, Pier logró liberar uno de sus brazos, pero justo en ese momento, algo entró en el ascensor. No lo vio, pero lo sintió: una presencia densa, pesada, que parecía emanar un frío aún más intenso que el del exterior. Antes de que pudiera reaccionar, un dolor agudo y punzante atravesó su mano, clavándose como una aguja gigantesca. Pier gritó, pero el sonido se ahogó en su garganta, aquella cosa se acercaba más oliéndolo como su comida. El aire a su alrededor se volvió espeso, con un olor a metal oxidado con una ráfaga de aire aún más frio
Pier retrocedió hasta chocar con la pared del ascensor, sintiendo cómo el frío del metal se le pegaba a la espalda. Sentía que aquella cosa estaba justo frente a él, solo podía oír su respiración. Podía sentir su aliento, frío y fétido, en su rostro. Sabía que, en cualquier momento, aquella criatura se abalanzaría sobre él, y no habría escapatoria.
Y:
Brendon entro en la oficina del suplente sin molestarse en tocar la puerta. El suplente estaba de pie frente a su pizarra, trazando líneas con un marcador azul. No se volvió de inmediato, como si ya supiera quién era y qué quería.
—¿En serio le vas a creer? —Brendon no disimuló el desprecio en su voz—. Jan no es solo un problema. Es una enfermedad para la empresa. Cada nuevo que llega termina siendo manipulado por él. ¿Cuántos más van a caer antes de que alguien lo frene?
El suplente dejó el marcador sobre la pizarra y suspiró. Finalmente, se volvió para enfrentar a Brendon.
—No puedo hacer nada —dijo el suplente—. Jan no es solo un empleado más. Es el favorito del superior, eso todos lo sabemos, no solo tu Brendon. No voy a arriesgar mi trabajo por alguien que ni siquiera sigue las reglas básicas.
Brendon quedo insatisfecho con esa respuesta. Jan siempre había sido un problema, pero desde que había empezado a meter ideas en la cabeza del superior, las cosas habían empeorado. Los nuevos empleados siempre eran trasladados, y ahora había hecho algo peor con Pier.
—Jan no debería estar aquí —dijo Brendon, haciendo un intento más de convencerlo—. Y tú lo sabes. Si no hacemos algo, ya no habrá más personas que nos remplacen. ¿De verdad crees que la zona puede sostenerse así?
El suplente lo miró fijamente, y por un momento, Brendon pensó que había logrado convencerlo de cambiar de opinión. Pero entonces, el hombre se dio la vuelta nuevamente, volviendo a su pizarra. Mientras lo hacía Brendon aprovecho el despiste del suplente y tomo un plano de la mesa mientras el superior se encontraba distraído.
—Ese científico sabia las reglas—dijo el suplente, con un tono final—. Nadie le pidió que saliera de su sala. Si quieres hacer algo al respecto, hazlo tú. Pero no cuentes conmigo. Dijo antes de sacarlo de su despacho.
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|PROYECTO 37| arco 2: Los hermanos Ferreira
AcciónUn empleado llega a la zona de proyectos donde las cosas no le pintaran muy bien y tendra que tener cuidado de las criaturas y de los propios compañeros. Esta historia está en una fase muy temprana y está dispuesta a cambios
