Prólogo: Ridgebay City

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Detrás de unas montañas altas, y un pacífico bosque, hay un pueblo costero, ideal para vacacionar o vivir. El clima es variado, las calles son seguras, y sin duda alguna es un lugar que ha visto mucho. Tanto que se permite tener leyendas locales.

Algo que hace único a este pueblo es su tranquila población, quienes no llegan a más de treinta mil habitantes. Sin embargo, de los miles, sólo cuatro serán los que van a destacar en las sombras... En cada silueta que pase, alguno va a estar ahí.

Y todo comienza con una cadena desde la comisaría de policía 682, donde el capitán Mercer está por condecorar a una de sus mejores oficiales de policía hasta la fecha. La transmisión se podía ver desde la televisión de una gasolinera o escuchar desde la radio de un Dodge Charger 1970. Cualquiera fuese el caso, todos tenían cierto interés en lo que iba a decir aquella agente que desempeñó su papel como ningún otro policía lo hizo.

—Hoy es un día especial para todos en el cuerpo de policía —dijo el capitán, con una sonrisa notable en su rostro —Este día se sumó a la fuerza una mujer que cambió para siempre la forma de ver la justicia en este pueblo, de verdaderamente poner mente, cuerpo y alma en su tarea para defender a los inocentes. Podrá ser cuestionada, juzgada por sus valores o incluso rechazada por parte de nuestra sociedad. Sin embargo, desde que ella está aquí, con nosotros, la ciudad se ha convertido en un paraíso seguro para todos, tanto locales como turistas. Y eso es algo que no es fácil de conseguir en el mundo actual que tenemos. Por eso quiero condecorar a la oficial de policía Alessandra D'Angelo con una placa única en su tipo, por su gran esfuerzo y dedicación por hacer cumplir la ley.

—Vaya, parece dedicada —comentó un lobo negro, que iba escuchando la ceremonia en la radio junto a su hermano, otro lobo que era negro, de lomo rojo y su mandíbula baja era blanca. Iban en un Dodge Charger 1970 de color rojo con unas franjas blancas —Creo haber escuchado su nombre en algún lado, capaz que fue en las marchas boludas esas que muestran en las noticias de las mañanas —dijo riéndose mientras sacaba un brazo por la ventana del auto.

—Darius... Alessandra es... ¿Cómo decirte? Es una psicópata asesina y manipuladora —dijo con preocupación —La conozco, en el bajo mundo de las carreras se hablaba de ella como el final del camino para cualquiera que la cruce... Y menos mal no me tocó a mí —recordó el día que fue arrestado por correr ilegalmente —Pero bueno, yo valoro mi libertad condicional —finalizó, guardando silencio mientras conducía. El sólo hecho de cruzarse con ella lo aterrorizaba, pero parece que a su hermano no tanto.

—Dale Max, no seas tan maricón ¿querés? Es sólo una oficial de policía, no te va a matar por sacarle caramelos a un pendejito —rápido fue interrumpido por Max —¿Vos sos tarado o comés vidrio Darius? Te acabo... Aagh, ¿para qué mierda me esfuerzo? —dijo el conductor, parando en un motel de paso para descansar, ya que estaba caída la noche —Porque me amás hermanito, es obvio —decía Darius mientras se reía y se bajaba junto a su hermano.

A unos kilómetros más adelante, una gasolinera iluminada y un poco sucia tenía un solo habitante que veía la transmisión por la televisión... Una dálmata de pelo largo. Se acomodó el mechón de pelo rosa que estorbaba su vista a la vez que conectaba a un parlante su guitarra eléctrica, una pieza blanca brillante, en cierto modo, lo único brillante de su vida.

—Bien Mica, como practicaste sí?... Pequeña inútil —se dijo a sí misma, comenzando a tocar los acordes iniciales de la canción "Take Me Under" de Three Days Grace, su banda favorita y su único soporte. El volumen no estaba fuerte, puesto que mantenía cierto interés en lo que tenía para decir aquella famosa oficial de policía. Notando que, al ella subirse al escenario y tomar el micrófono, era una refinada y elegante leoparda de las nieves.

Micaela centró un poco su mirada en ella, recordando que no quedaban muchos de su tipo en el mundo, y estar en un trabajo tan peligroso... Le era extraño. El sonido de la guitarra continuó sonando de fondo, mientras la dálmata se apoyaba en el espaldar de su banquito, hasta que por su peso se cayó de espaldas golpeándose. No soltó siquiera un quejido, sólo un suspiro mientras se levantaba... Esta iba a ser una noche larga, lo único bueno es que tenía su cama en la parte de atrás y un baño privado. No era lo mejor pero, era un "hogar" después de todo, y para ella era mejor que estar en su antigua casa.

Mientras tanto, en la comisaría, la gala de condecoración prosiguió con naturalidad. Entonces se escucharon las primeras palabras de Alessandra D'Angelo...

—Buenas noches a todos, altos mandos, compañeros de la fuerza, queridos ciudadanos. Sé que mi llegada a este pueblo no fue de lo mejor que pudieron esperar, mi reputación me precede, y sé que aún hay gente a la que no le agrado. Pero eso no me importa, ni me detendrá para seguir haciendo lo que tanto me apasiona, servir y proteger. Todos aquí hemos contribuido para que Ridgebay sea una ciudad más segura, y más que darme el mérito, quiero dárselo a los veteranos y novatos del cuerpo de policía. Soy una más de ellos e intento dar mi mejor versión para que ustedes estén sanos y salvos. Me honra mucho recibir este reconocimiento, y quiero que sepan que siempre voy a estar ahí, vigilando día y noche. Porque por más tranquilo que este pueblo sea, todavía hay cabos sueltos que atar. Muchas gracias.

Los aplausos llenaron el lugar, los flashes de las cámaras y las voces de periodistas y ciudadanos que asistieron al evento también hacían acto de presencia. Entre todo el alboroto, Alessandra se formó frente a su capitán, recibiendo finalmente su nueva placa de policía... Una muy especial, hecha de diamantes negros.

Alessandra después de eso, bajó del escenario y desapareció entre las sombras, algo cansada del público. Detrás de escena estaba su secretario personal, un hurón albino llamado Jimmy Vance.

—¡Hey Aless! —exclamó acercándose a ella con una leve sonrisa —Tu discurso fue impresionante, y no necesitaste un guión.

—Sólo digo lo que pienso Jimmy... Pero bueno, vos también hacés un gran trabajo ayudándome desde tu silla —dijo poniendo una mano en su hombro —Te seré honesta, sin vos no habría avanzado tan rápido por acá como ahora. Te debo parte de mi éxito.

Jimmy se sonrojó un poco por la vergüenza y trató de cubrirse. Alessandra dejó ir una risa suave y lo soltó, despidiéndose de él mientras se dirigía a su auto. Una vez en el estacionamiento, buscó con la mirada un Rolls-Royce Ghost, leyendo matrículas. Cuando lo encontró, se dirigió a este, aún pensando un poco en la opinión pública. Realmente no le interesaba en absoluto lo que tenían para decir de ella. Ver en las noticias o el periódico casos donde aparecían criminales muertos era algo que le encantaba leer... Y provocar.

Se subió a su auto con una leve sonrisa en el rostro y reflexionó un poco sobre el tiempo que lleva por estas calles. Su caza comenzó hace unos meses, y no iba a parar hasta extinguir a los malhechores que seguían sueltos... Porque su visión de justicia se rompió y desprendió de los principios tradicionales, corrompiéndose en algo inmoral que, de forma horrorosa, termina siendo una solución...

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