El bar olía a humo de cigarro, cerveza derramada y sueños sin cumplir. Las luces de neón parpadeaban con el mismo ritmo que la batería en la canción de fondo, y la voz que salía del escenario era de esas que se quedaban pegadas en la piel, como el calor en una noche húmeda de verano.
Sunghoon lo vio antes de escucharlo. Estaba ahí, con una guitarra entre las manos y los ojos cerrados, como si el mundo se terminara justo donde empezaba su canción. No cantaba para el público. Cantaba como si se hablara a sí mismo, como si nadie más estuviera ahí.
Ese fue el primer disparo.
Luego, vinieron las fotos. Las visitas silenciosas. Las cintas de cassette que se dejaban en la barra del bar como secretos que no sabían cómo decirse. Momentos suspendidos entre luces bajas y palabras no dichas.
Ninguno de los dos pensaba en finales.
Ninguno de los dos imaginaba que el amor, a veces, se disfraza de oportunidad.
Y que el precio del sueño puede ser, también, un corazón roto.
YOU ARE READING
Cinta número 9
RomanceLo escuchó cantar antes de saber su nombre. Lo miró antes de entender por qué no podía dejar de hacerlo. Y lo perdió justo cuando empezaba a imaginar un futuro con él. A veces, el amor suena como una canción que no vuelve a sonar.
