Jeon Jungkook, el implacable capo de la mafia en Chicago, murió el mismo día en que perdió a su esposa en un atentado brutal. Desde entonces, sólo ha sido una sombra de lo que fue, gobernando su imperio con puño de hierro y un corazón de piedra. Obl...
En esta historia los personajes al igual que en la de honor o amor no hay donceles.
Los personajes de honor o amor regresan a ser Eunwoo y Taehyung
JUNGKOOK( imaginénlo de más edad está por sus 40)
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JIMIN
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JIMIN
Mi vida cambió para siempre cuando tenía dieciséis años.
Hasta entonces, creía tener una familia feliz. Éramos cinco: mamá, papá, Laika, Lukyan y yo. Mamá era rusa, de belleza elegante y voz suave. Papá era koreano, siempre vestido de traje, con una sonrisa fácil y una mirada que parecía esconder secretos. Mi melliza, Laika, era mi espejo, mi ancla. Y Lukyan, el menor, con sus ojos brillantes y esa forma de ver el mundo como si todo pudiera arreglarse con una carcajada, era el alma de la casa.
Éramos felices. O eso pensábamos.
Un día, sin previo aviso, la tragedia nos arrancó esa ilusión. Un coche se desvió de su camino y chocó de frente contra el nuestro. El impacto fue tan brutal que todo se volvió humo, gritos y sangre. Mis padres murieron en el acto. Nosotros sobrevivimos. Pero la vida que conocíamos... no.
Fue el "tío", el mejor amigo de nuestro padre, quien se hizo cargo de nosotros. Un hombre silencioso, fuerte, que jamás nos trató como una carga. Nos protegió, nos mantuvo juntos. Nunca nos dijo una palabra más de la necesaria... y tampoco nos habló sobre lo que había detrás del accidente. No en ese momento.
Pasaron unos meses y entonces apareció él. Un chico de veintitantos años, con el porte de alguien que no pedía permiso para entrar a ningún lugar, pero con una mirada distinta... como si llevara dolor en la espalda desde niño.
—Me llamo Park Lay —nos dijo—. Soy hijo de su padre.
Nos quedamos en silencio. Fue Laika quien lo miró con más desconfianza. Yo no supe qué sentir. Lukyan, en cambio, se le pegó casi de inmediato. Había algo en Lay que lo atraía, como si necesitara desesperadamente una figura masculina que le diera respuestas... o dirección.