La última vez que recordaba haber respirado aire fresco fue antes de todo esto. Una chispa de luz cegadora y luego, oscuridad. Todo terminó, o eso creía. La sensación de mi cuerpo vacío, de mi alma desprovista de todo, me llevó a un lugar que jamás imaginé: el infierno. No era un fuego eterno ni una condena de llamas que devoraran, sino una vasta extensión de sombra y caos, donde la única certeza era el sufrimiento de los que allí caían.
Creí que la oscuridad me consumiría por completo. Pasaron días, semanas... o tal vez años. El tiempo no significaba nada en este lugar, donde el concepto de vida se desvanecía rápidamente. Pero entonces, algo cambió. Sentí una presencia, una fuerza que me atravesó como un rayo. No era calor, no era frío, era algo más: pura energía, pura furia. Me giré, buscando el origen de aquella sensación.
Allí, en la penumbra, una figura surgió. Alto, imponente, su presencia parecía retumbar en las mismas entrañas del infierno. Su mirada estaba cargada de una ira insondable, de una rabia contenida que vibraba en el aire. Me miró como si fuera un insecto atrapado en su red, pero también había algo más en sus ojos, algo profundo, como si me estuviera evaluando.
Era él, el Rey de la Ira.
—¿Quién eres? —pregunté, mi voz apenas un susurro en el vacío, pero mi alma estaba llena de miedo y curiosidad.
Él no respondió de inmediato. Se acercó, sus pasos resonando en la nada. Cada uno de sus movimientos irradiaba poder, peligro. Se detuvo frente a mí, y aunque la oscuridad nos rodeaba, su figura parecía iluminarse con una intensidad cegadora.
—Tu alma, —dijo en voz baja, pero con tal peso que cada palabra me hizo temblar—. Está marcada. No sé si lo entiendes, pero has llegado a un lugar donde el destino no se dicta por azar. Y tú... eres mi interés.
El aire a su alrededor chisporroteaba, como si el mismo infierno tuviera miedo de su ira.
—¿Mi interés? —repetí, sintiendo que algo comenzaba a despertar en mi interior. El miedo se mezclaba con algo más, algo peligroso, como un deseo reprimido que no sabía que existía.
Él sonrió, una sonrisa que no era amable, pero que sin embargo me hizo temblar de una forma que no lograba comprender.
—Así es. He visto lo que eres capaz de hacer, incluso aquí. Tu alma es frágil, rota, pero también... feroz. Un lugar como este no es para alguien como tú. Pero eso no es lo que me interesa. —El Rey de la Ira dio un paso más cerca, su aliento cálido y denso envolviendo mi cuerpo. — Lo que me interesa... eres tú. En toda tu furia, en todo tu caos.
Antes de que pudiera reaccionar, me tomó del rostro con una mano poderosa, levantándome en el aire como si fuera una pluma. El miedo y la excitación me consumieron por completo. Mis pensamientos se desvanecían, y todo lo que quedaba era él, su ira, su poder.
—Y yo te haré mía, —dijo con una voz grave que retumbó en mi pecho.
No entendía lo que estaba sucediendo, pero una parte de mí deseaba que lo hiciera. Una atracción insana se apoderaba de mi mente y mi cuerpo. Pero mientras estaba perdida en esa mirada ardiente, un segundo de claridad me alcanzó.
No era solo él. Los rumores hablaban de los Siete Reyes del Infierno. Cada uno con una personalidad única, una ira propia, y un dominio que los hacía casi invencibles. Y, de alguna manera, había algo en mi ser que los atraía a todos, una llama que iba a encender sus más oscuros deseos.
Un grito sordo salió de mi boca, pero ya no estaba segura si era de miedo o deseo. El Rey de la Ira soltó una risa bajo y continuó mirándome, disfrutando del tormento que causaba en mi interior.
—Eso es solo el principio. —Me susurró al oído—. Los demás no tardarán en notar tu presencia. Y cuando lleguen, será demasiado tarde para ti.
Mis pensamientos se aceleraron. ¿Qué quería decir con eso? ¿Qué sería de mí en este lugar, donde la pasión y la ira se entrelazaban como hilos de fuego?
Antes de que pudiera procesarlo, sentí una nueva presencia, algo o alguien que se acercaba rápidamente. Mi corazón palpitaba con más fuerza. Estaba atrapada, no solo en el infierno, sino en el deseo que estos reyes, estos seres divinos y destructivos, sentían por mí.
Mi vida, o lo que quedaba de ella, jamás volvería a ser la misma.
El infierno tenía un nuevo juego, y yo era su pieza.
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BAJO EL REINO DE LAS SOMBRAS
RomanceAnya una joven que, después de su muerte, se encuentra atrapada en el infierno, un lugar que no es lo que había imaginado. Justo cuando cree que todo ha acabado, su vida da un giro inesperado cuando uno de los Siete Reyes del Infierno, la nota y dec...
