Sonic lleva una vida común entre clases universitarias, bromas con amigos y momentos que parecen eternos. Todo cambia cuando una confesión inesperada sacude su mundo... justo antes de cruzarse con un extraño erizo de mirada dura y palabras filosas.
...
Oops! This image does not follow our content guidelines. To continue publishing, please remove it or upload a different image.
El sol apenas asomaba por la ventana cuando el despertador sonó. Fuerte. Molesto. Y muy, muy insistente.
-Ugh... cinco minutos más... -gruñó Sonic, enredado en las sábanas como si hubiera corrido una maratón en sueños.
Obviamente, el despertador no tenía compasión. Y tampoco lo tenía su consciencia: tenía clase a primera hora.
Con un quejido dramático y un salto medio torpe, se levantó. Se miró en el espejo mientras se acomodaba las púas.
-aunque, sinceramente, su estilo caótico era parte de su encanto - y buscó su chaqueta azul favorita.
-Hora de correr... pero no literalmente, todavía.
Tras vestirse con su estilo despreocupado y agarrar una barra de cereal, salió como siempre: tarde. Muy tarde.
Por suerte, en la esquina lo esperaba su mejor amigo.
-¡Hey, Sonic! -saludó Tails, con su mochila repleta de libros y una sonrisa amable-. ¿Otra vez se te pegaban las cobijas?
-¡Estaban demasiado cómodas! -respondió con una carcajada-. Además, ya sabes que tengo un sistema perfecto para llegar justo a tiempo.
-Sí, correr como loco entre los pasillos -comentó una voz detrás de ellos.
Era Amy, con su cabello perfectamente peinado y una carpeta llena de notas de colores. Siempre lista, siempre puntual.
-No le hagas caso, Amy -intervino Knuckles, uniéndose al grupo-. Algunos corremos para no llegar tarde, otros corremos porque nos gusta sentirnos vivos.
-Y otros deberían correr por un café, que me estoy muriendo de sueño -añadió Sonic, fingiendo drama.
Rieron. Era uno de esos días tranquilos. De bromas, de pasos rumbo a clases, de problemas simples que se resolvían con estudio y apoyo. Un día común.
Mientras cruzaban el patio central, Tails sacó un cartel arrugado de su mochila y lo mostró con entusiasmo.
-¡Ah, casi lo olvido! ¡El concurso del mejor poema del semestre!
-¿Poema? -repitió Sonic, arqueando una ceja mientras leía el afiche-. "Expresa tu alma a través de las palabras"... Suena intenso.
-Es bonito -comentó Amy, tomando el cartel-. Es una forma de soltar lo que llevas dentro. Yo estoy pensando en participar.
Knuckles bufó.
-Yo paso. No soy bueno expresando nada que no sea con mis puños.
-Clásico -dijo Sonic con una sonrisa divertida. Luego miró a Amy y Tails-. Uhm... no sé, tengo que pensarlo. A veces me cuesta eso de... hablar de sentimientos. No soy muy poético.
-¿A veces? -bromeó Tails.
-La mayor parte del tiempo eres una roca emocional -añadió Amy, riéndose.
Sonic se encogió de hombros con una sonrisa perezosa.
-Amo ser una roca.
Llegaron al aula justo a tiempo. Medio salón estaba vacío y, como era costumbre en esa clase, el profesor aún no llegaba.
-Genial. Primera clase y ya el profe se perdió -murmuró Knuckles, cruzándose de brazos.
Diez minutos después, la puerta se abrió. El profesor entró con el cabello despeinado, una taza de café y cara de estar teniendo el peor lunes de su vida.
-Chicos, mil disculpas -dijo con una sonrisa cansada-. Tráfico, lluvia y un café derramado... En fin. ¿Quién quiere hablar de enlaces covalentes?
Las quejas de toda la clase fueron respuesta suficiente. Pero igual, ahí estaban. Tomando apuntes, fingiendo entender, y mirando el reloj cada cinco minutos.
Cuando por fin sonó la campana, Sonic se estiró como si hubiera escapado de una tortura.
-Sobreviví. Apenas, pero sobreviví -dijo saliendo del aula.
Amy lo alcanzó, sonriendo.
-Hey, Sonic... ¿estás desocupado más tarde?
Él se giró un poco sorprendido, pero asintió.
-Supongo que sí. ¿Por qué?
-Pensé que... no sé, podríamos tomar un café. O hacer algo tranquilo. Como... una cita.
Sonic se quedó en silencio un segundo. No era que le desagradara la idea, pero tampoco era el tipo de persona que solía emocionarse por esas cosas. A veces, prefería estar solo o simplemente correr sin pensar en nada.
-Uhm... no sé si soy muy bueno en eso -admitió, mirando al suelo-. Pero sí, podemos ir. Suena bien.
Amy se sonrojó ligeramente.
-Entonces... te veo a las seis.
Oops! This image does not follow our content guidelines. To continue publishing, please remove it or upload a different image.