1 - Distancia

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Aquellas personas a las que amas a veces están a una distancia que desearías que no existiera, y eso es justo lo que me pasa a mí.

Soy un chico de un barrio normal, pero tengo un problema: la chica por la que estoy locamente perdido está lejos de mí.

Aquel día me desperté con ganas de hablar con ella. Le envié un hola con corazones, pero no me contestó. Pasó medio día sin respuesta, luego la tarde, la noche... y empecé a preocuparme. A veces tardaba en responder, pero, aunque fuera de madrugada, siempre lo hacía.

Salí a la calle y corrí hasta una cabina telefónica. Eché unas monedas y la llamé. Nadie contestó. Volví a casa triste.

Al día siguiente, volví a escribirle un hola, pero tampoco me respondió.

Por la tarde, por fin me llegó un mensaje. Era ella. De inmediato empecé a hacerle preguntas, y me dijo que estaba en el hospital, pero no era ella quien estaba mal, sino su hermana.

(Su hermana era mi mejor amiga, para aclararlo.)

Me puse nervioso y le pregunté muchas cosas, pero no hubo respuesta alguna.

Pasaron unos días, y le conté a mi abuelo que me gustaba una chica que vivía lejos.

—¿Quieres ir a verla, no? —me preguntó.

Yo, entusiasmado, le dije que sí. ¡Estaba emocionado! Podía ir a ver a mi alma gemela, mi media naranja, mi trozo de cielo, la pieza que completaba mi corazón, uno de los pilares de mi vida.

Preparé mi maleta y, a la mañana siguiente, tomé rumbo a la estación. Sin embargo, iba un poco tarde debido a un atasco enorme. Cuando estaba llegando, vi un autobús con destino a Barcelona pasar por la otra carretera. Corrí hacia donde se suponía que debía estar el mío... pero ya no estaba.

Las cosas se me cayeron de las manos. Empecé a llorar, a gritar de rabia, a tirar mis cosas. Me senté en una esquina y me quedé allí toda la tarde, en aquella asquerosa estación de autobuses.

Al día siguiente, hablé con mi abuelo para contarle lo que había pasado. Me compró un billete de tren. Esta vez fui a la estación con dos horas de antelación, para evitar cualquier imprevisto.

Subí al tren como el hombre más feliz del mundo. Observé el vasto prado y los animales por la ventanilla; todo en ese viaje me relajaba. Estaba muy entusiasmado. Por fin iba a ver a mi vida hecha persona.

Cuando llegué a Barcelona, ella no sabía que yo iba a visitarla. Tomé un taxi hasta su casa. Mi mejor amiga me había dado su dirección hace tiempo. Toqué la puerta y me abrió una mujer; al parecer, era su madre.

—Hola, ¿podría hablar con mi mejor amiga?

Ella salió con cara de sorpresa y se lanzó a darme un abrazo.

—¿Y tu hermana? —le pregunté.

Me dijo que había salido un momento a comprar. Su madre me hizo pasar al salón y me ofreció algo de picar. Le conté lo que sentía por su hija y le pareció muy bonito que hubiera viajado solo para verla.

De repente, la puerta se abrió.

Mi corazón empezó a latir con fuerza. Me puse de pie sin mirar atrás y, cuando me di la vuelta, la vi. La expresión en su rostro la recordaré siempre. Sus ojos brillaban de emoción mientras las lágrimas comenzaban a brotar, al igual que en los míos.

Ella empezó a caminar hacia mí. La abracé fuerte. Me miró a los ojos y me besó.

El mejor beso de todos.

El primero.

El que todo aquel que tiene un amor a distancia sueña con recibir.

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