La oscuridad no es solo la ausencia de luz. Es una presencia fría y pesada que se enreda en mis huesos, que se cuela por mis venas y congela hasta el último rincón de mi ser. Siempre me negué a temerle, pero ahora... ahora la oscuridad es todo lo que soy. No hay arriba ni abajo. No hay tiempo. Solo este vacío infinito y silencioso que me ahoga.
Pero en medio de la nada, algo persiste. Un nombre. Alyssa.
No sé por qué, ni cómo, pero ese nombre es el único punto de ancla en este mar de sombras. Es un eco lejano que se repite una y otra vez, como un mantra que mi alma se aferra a gritar aunque mi mente no comprenda por qué.
Con cada repetición, un destello tenue ilumina la negrura por una fracción de segundo. No son imágenes... son sensaciones. El calor de una mano en la mía. Una risa que me eriza la piel. El aroma a café y a tierra mojada. Alyssa.
Mi corazón late con violencia en mi pecho, un tambor desesperado que lucha por no callarse. Siento mi cuerpo lejos, roto, inmóvil. ¿Estoy soñando? ¿Estoy muerto? El dolor me recorre como una descarga eléctrica, punzante, agudo, como si miles de agujas atravesaran cada centímetro de mi piel. Quiero gritar, pero no tengo voz. Quiero moverme, pero soy prisionero de esta nada.
Y entonces, las voces llegan. Son murmullos distorsionados, como sirenas bajo el agua. Voces que no reconozco... o quizá sí. Fragmentos de palabras que se pierden en el desorden de mi mente: "estable...", "no responde...", "familia...". Intento concentrarme en ellas, seguir su hilo, pero se desvanecen tan pronto como llegan.
Hasta que una sacudida brutal me atraviesa el pecho. Es un impacto seco, violento, como un rayo que parte mi esternón en dos. Y por un instante, veo.
Una carretera, un animal huyendo. Faros cegadores que se acercan demasiado rápido. El crujido metálico del acero retorciéndose. El calor de la sangre corriendo por mis manos.
¿Esto es la muerte? Pero entonces, el nombre regresa, más fuerte que nunca, empujando las imágenes aterradoras. Alyssa. Ya no es solo un eco. Es un grito. Es un faro.
Mi alma se aferra a él. Mi cuerpo ya no me pertenece, pero ella sí. Ella es la razón por la que mis párpados quieren abrirse. Por la que mi corazón insiste en latir.
No sé quién eres, Alyssa. Pero sé que eres importante. Y mientras tu nombre siga ardiendo en mi mente... sabré que aún estoy vivo.
KAMU SEDANG MEMBACA
El Ruido De Recordarte
Romansa¿Qué haces cuando el amor de tu vida regresa, pero tú ya aprendiste a sobrevivir a su ausencia? Secuela de Un susurro en el silencio. A Andrés le robaron el tiempo, los recuerdos y la vida entera. Tras despertar de un coma y descubrir la red de ment...
