Saturno
Malia es autista y trabaja en el Planetario de la ciudad, es una fan de la astronomía y pasa más horas allí de las que le pagan.
Kylie es una delincuente que luego de ser arrestada debe realizar doscientas horas de servicio comunitario limpi...
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—Saturno es muy lindo, ¿No te parece? —aquella voz a su espalda la hizo saltar, con el corazón acelerado a mil por hora. —¿Sabías que allí llueven diamantes? Lástima que es un gigante gaseoso que el hombre nunca podrá visitar, porque debería ser muy bonito e interesante tener un anillo con los diamantes de Saturno, ¿No crees? —Continuó, mientras miraba aquella maqueta colgante de Saturno, con sus anillos y unas cuantas lunas a su alrededor, era tan grande que ocupaba una gran parte del techo y se podía recorrer por toda la habitación.
—Maldita nerd, este lugar está cerrado —dijo Kylie en tono brusco, llevaba limpiando allí poco más de una hora de las doscientas que tenía que cumplir, y desde hacía cuarenta minutos las luces se prendían y apagaban, escuchaba pasos y ruidos extraños que le hicieron rezar todas las oraciones que creía haber olvidado de pequeña, todo para resultar en aquella sabelotodo con lentes que se notaba que no tenía nada mejor que hacer un viernes a las diez de la noche que pasearse por un aburrido planetario. —¿Cómo mierda entraste? Llamaré a seguridad.
—Oh, ¿Quieres el número de Joshua?— ofreció aquella niña bonita con ojitos de curiosidad.
—¿Quién?
—El hombre de seguridad, es mi amigo, se llama Joshua Colley, ¿Eres nueva? —preguntó, ladeando su cabeza. —Soy Mali-
—Me importa un bledo, tienes que irte de aquí, está cerrado, tu amigo no debería dejarte pasar en primer lugar —la interrumpió.
—¿Cómo te llamas? —la otra parecía ignorar completamente su tono de voz amenazante.
—Kete.
—¿Kete?
—Qué te importa.
La chica nerd soltó una carcajada sincera, Kylie la miraba con el ceño fruncido.
—Eres graciosa —dijo, con una sonrisa encantadora que era muy hermosa, un hoyuelo apenas perceptible se marcaba en su mejilla.
—Kylie Cantrall —se presentó finalmente, en voz baja.
—Oh, qué lindo nombre, yo soy Malia —hizo una reverencia algo juguetona. —soy una de las guías del planetario.
—¡¿Trabajas aquí?! ¿Por qué no me dijiste eso desde un principio? —ahora sentía vergüenza de echarla. —El lugar está cerrado igual, ¿Porqué estabas dando vueltas? ¿Para asustarme o qué?
—Oh, no quería asustarte, lo siento —Malia le puso ojitos de perrito, a Kylie le molestaba que tuviera ojos tan bonitos. —Es que a la noche me gusta recorrer el planetario así me aprendo mejor todo el lugar para el día siguiente. A demás está muestra de Saturno es nueva entonces tengo que conocerla a la perfección para hacer la guía perfectamente.