Olivia:
El sonido de la campana de la iglesia marcaba el final de la tarde, un eco familiar en las calles tranquilas del pequeño pueblo de Olivia. Desde la ventana de su habitación, podía ver las casas alineadas perfectamente, cada jardín con sus rosales cuidados y céspedes impecablemente recortados. A simple vista, todo parecía perfecto. Pero Olivia sabía que la perfección era solo una fachada una máscara cuidadosamente colocada para ocultar lo que yacía debajo.
Apoyada contra el marco de la ventana, observaba a su madre hablando con las vecinas. Cada gesto suyo era controlado, elegante, sin un cabello fuera de lugar. Y Olivia era una réplica exacta. O al menos, así era como la habían moldeado. Guapa, educada, siempre atenta a lo que los demás esperaban de ella.
Pero había algo que no encajaba. Algo que bullía dentro de ella, una sensación que no podía nombrar. Era como si estuviera viendo su vida desde fuera, como si se moviera según los pasos que otros habían marcado para ella. Sus padres lo controlaban todo, desde qué ropa debía usar hasta con quién podía salir. Nunca se lo habían dicho directamente, pero el mensaje era claro: No decepcionar a la familia. No dar de qué hablar. No salirse del molde.
El sonido de su móvil la sacó de sus pensamientos. Era un mensaje de Julia, su amiga de la infancia, recordándole la despedida en el café del pueblo antes de que se fuera a la universidad. Otra despedida más antes de que su vida cambiara por completo. Pero por primera vez, Olivia no sentía nostalgia ni miedo. Sentía... liberación.
Lara:
Lara no había esperado que la despedida fuera particularmente emotiva. De hecho, apenas la esperaba. Desde la separación de sus padres, las cosas en casa habían sido un caos constante. Su madre estaba en una relación nueva, y su padre, cuando no estaba viajando, vivía en una rutina distante. Lara había aprendido a cuidarse sola mucho antes de que la mayoría de sus amigos siquiera supieran cómo encender una lavadora.
Con su maleta tirada en el pasillo y las luces parpadeantes de la cocina iluminando la estancia, Lara dio un último vistazo a su hogar antes de marcharse. No había mucho que extrañar. En el pueblo de 500 habitantes, la mayoría de los días eran una repetición monótona de los anteriores. Allí, siempre había sido "la chica rara". La que no encajaba. Tomboy, independiente, desinteresada en las normas que parecían controlar las vidas de todos a su alrededor.
Había sido fácil ignorar las expectativas, porque nadie realmente esperaba nada de ella. Sus padres tenían demasiado en qué ocuparse, y en el pueblo nadie prestaba atención más allá de los chismes menores. Lara era una sombra que se movía entre las calles sin ser notada.
Pero en la universidad, sería diferente. Al menos, eso esperaba. Un lugar donde nadie la conocía, donde podría ser quien quisiera, sin las etiquetas que llevaba encima desde niña. Sus dedos apretaron el volante mientras arrancaba el coche. La carretera hacia la ciudad era larga, pero cada kilómetro que dejaba atrás era un peso menos sobre sus hombros.
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A CONTRACORRIENTE
RomanceOlivia es la chica que todos quieren ser. Viene de un pequeño pueblo donde la vida transcurre lenta y las apariencias lo son todo. Sus padres, sobreprotectores hasta la exageración, nunca le han permitido salirse del molde, y claro, siendo tan guapa...
