El mundo se empequeñecía siempre que la veía a los ojos. Esa mirada que parecía quería entrar en mi mundo y alborotarlo, invadirlo y dominarlo. Los únicos ojos que no temía mirar directamente, en los que me perdía y me dejaba llevar.
Una sonrisa de aurora que me maravillaba siempre que la mostraba, sus ojos sonreían con ella y despertaban mi mundo, me relajaban.
Tantas veces quise escaparme de esa dimensión a la que me llevaba. Un simple toque en mi mano dejaba rastros de cosquilleo y yo hincaba mi rodilla como si se tratara de una reina, al menos lo era para mí.
A pesar de todo lo que provocaba en mí, nunca quise acercarme más y construí un muro de hielo que con su calor se derretía día a día, flaqueando cada vez que ella aparecía y entonaba una canción de vida.
Quise obtener un invierno, pero ella me trajo el verano.
Hasta que mi cielo se vio estrellado como en una despejada noche de verano, la luna llena iluminó tan fuerte que me permitía navegar a ella. ¿Cómo podía una persona invadir y dirigir tanto tu mundo?
Con el roce de sus labios en mis labios, generó en mí una tormenta donde los rayos me alcanzaron, mis ojos se cegaron, mis oídos se taparon, mi voz se desvaneció y mi mente se nubló.
Su cuerpo y el mío se entremezclaron, era como si nos hubiéramos convertido en una sola entidad. Su cabello largo caía sobre el mío, las respiraciones agitadas y sus largas uñas clavadas en mi piel generaban una tormenta eléctrica en mi interior. El muro de hielo estaba tan derretido que se transformaba en una laguna, y con el calor que emanábamos comenzaba a evaporarse convirtiéndose todo ello en un último choque eléctrico donde cada parte de mi cuerpo se me encorvaba y daba paso a la calma después de la tormenta.
Tomó entonces mi primavera y amé cada parte de ella, su cuerpo era mi hogar y yo el de ella.
La amé tanto que me angustiaba cada vez que no estaba a su lado. Sentía que su aroma se desvanecía, era el aroma de las sábanas secadas al sol, el de las páginas de un libro en una biblioteca y el de la tierra después de llover. Un aroma a vida.
Pero entonces el invierno arremetió... contra ella. Intenté darle mi verano, pero Tiffany lo había robado hacía muchos años, traté con todo mi corazón y razón darle mi vida, pero construyó una fortaleza de acero inoxidable.
Entonces vino mi otoño y me marchité buscando el amor que una vez nos tuvimos, por el que juramos que nos seguiríamos hasta el fin del mundo, en que nos esperaríamos.
En esa soledad, mi amor comenzó a marchitar como las hojas que caen de los árboles. El cielo nublado y gris no dejó que el sol me calentara el corazón y como en una tormenta el invierno me encapsuló.
Esta vez, no construí ni un muro ni una fortaleza, sino que forjé un corazón que se volvía una piedra, bonito por fuera, pero muerto por dentro.
Y Tiffany volvió, intentó llegar a mi corazón, dominarlo y hacerlo de ella otra vez, pero esta vez no había fuego ni hielo.
La Taeyeon que ella conoció fue la que le dio todas sus estaciones, pero la de ahora ya no las tenía. Está vez ella no tendría forma de entrar.
Pero entró.
Con un mazo rompió la piedra que yo había forjado, la rompió en pedazos y luego la pulió y encontró un diamante allí, mi corazón volvía a pertenecerle y a latir.
Y entonces comencé a cantar como un ruiseñor, le di mi voz y esperaba una espina de rosa atravesándome el corazón, en cambio, encontré una flor más delicada que me envolvía en su fragancia y también lograba que revoloteara a su alrededor.
Ya no había estaciones, pero existían canciones que debían componerse con constancia y disciplina, no solo amor.
Una canción resonó con las dos.
La canción nos envolvió y entendí que no tenía que darle mi todo, sino una parte de mí.
La canción tenía tonos dulces y algunas veces amargo, pero allí seguía, cada vez más fuerte y vivaz.
Hasta que un día la canción se detuvo... y todo terminó.
Ya no había estaciones, ni canciones.
Solo una larga noche y un mar tan azul y despejado con un horizonte sin estrellas ni luna ni sol, un abismo.
Un barco había zarpado y otro estaba encallado, esperando mi momento. Y cuando ese momento llegase, el mundo volvería a tener estaciones y canciones.
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N/A: Este especial va dedicado para los que están con el corazón roto, escuchar a Reik sirvió de inspiración.
ČTEŠ
Especial San Valentín 2025
FanfikceEsta vez el especial va dedicado a los corazones rotos, es un oneshot.
