LA DAMA ROJA

10 2 0
                                        

Una habitación oscura se cernía sobre un paciente desgraciado, quien apenas recuperaba la consciencia.

Observó la penumbra sin enfocar nada concreto. Apenas podía apreciar su entorno. Los ojos aún dilatados. Una gran luz blanca sobre él lo enceguecía. Por el tacto podía determinar que estaba acostado sobre algo suave y mullido, además de advertirse completamente desnudo. Intentó moverse, pero al alzar su muñeca derecha, se dio cuenta de estar esposado a una barra de hierro. Estaba amarrado a una camilla. Cuando forzó su muñeca un par de veces, advertía poco a poco su desafortunada situación mientras la somnolencia menguaba.

Los ojos se abrieron a la par. Se intranquilizó, intentando comprender con dificultad qué ocurría, invadido por el miedo y la confusión. Forcejeó unas cuántas veces más, pero las esposas no cedían. Intentó pedir ayuda, pero su boca estaba amordazada con una soga. Poco a poco iba recuperando sus sentidos, y mientras más despierto estaba, más angustia manifestaba.

Se desesperó. Forcejeó sus extremidades en pánico, todas estando esposadas. Sudaba en frío. Cuando su vista se halló más enfocada y acostumbrada a la oscuridad de alrededor, en la penumbra, pudo advertir a una mujer con atuendo extravagante, con un largo e intenso cabello carmesí cubriendo su espalda. Escuchaba el sonido de un spray dispararse de vez en cuando, la mujer apenas se movía, de hecho, parecía ignorar su presencia aun con el claro sonido del metal chocante y sus gritos ahogados.

—¡Mmm-mmm! ¡¡Mmm!! —intentaba gritar el hombre, desesperado para que la escuchara.

—Veo que ya estás despierto —pronunció la mujer. Una voz madura y sensual.

—¡¡Mmm!! ¡¡Mmm!!

—Mezclar sustancias, unas con otras, es un hábito que he adquirido desde que era una pequeña niña —comenzó a decir, sin mirar al hombre—. En el laboratorio de mi padre, solo por curiosidad, me asomé sobre su espacio de trabajo y vi... una placa de Petri, vacía, y frente a ella, había tres vasos de precipitados con distintas sustancias que, a la tierna edad de seis años, por supuesto que no tenía ni idea de qué se podría tratar.

>Fue durante la hora del almuerzo que pude colarme a su laboratorio para curiosear. Tomé esos vasos y comencé a mezclar las sustancias entre sí sobre la placa, sin saber qué estaba haciendo, pero disfrutando del inconsciente trasiego. Los olores los recuerdo perfectamente, recuerdo la emoción que llenó mi corazón imitando el importante trabajo de mi padre, el frío del laboratorio helando mis pequeñas manos mientras sostenía aquellos vasos. Los colores... los hermosos colores.

>Ácido sulfúrico, bromato de sodio, seguido por ácido malónico y un poco de agua... Lo mueves ligeramente y agregas algo de ferroína; poco más —pronunció esas palabras con paciencia, como queriendo que el hombre recordara los ingredientes—. Esas eran las sustancias que había en los vasos, los mezclé a diestra y siniestra y, por accidente, creé una solución que muestra visualmente cómo funciona la segunda ley de la termodinámica: la reacción BZ... una reacción irreversible.

La mujer se volteó al fin, con una lona sobre sus manos. Los tacones de sus botas resonando en la habitación, denotando la absoluta soledad y la profundidad de la oscuridad. Llevaba puesto una bata de laboratorio de diseñador, poco usual, color tinto y de algodón. Era atractiva, aunque sus ropas la cubrieran por completo a excepción de las orejas y parte de su cuello. El traje marcaba bien las curvas de su figura voluptuosa, de senos grandes y cadera ancha, ladeándola con gracia al caminar.

Lo más extraño no era su atuendo, sino más bien la máscara que cubría su rostro: Parecía la cabeza de un ave, un cuervo, completamente gris, con lentes amplios y circulares que reflejaban negrura absoluta. Los lentes de protección estaban vaporizados y apenas se podía ver al interior. Fabricada con un cuero opaco, sujeta con remaches de hierro que resplandecían conforme se acercaba a la luz del reflector que descubría el cuerpo desnudo de su paciente.

La Dama RojaStories to obsess over. Discover now