palabras

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El sol se ponía sobre la ciudad, tiñendo de naranja el cielo mientras Marcos y Sofía caminaban por el parque. Era una tarde cálida de otoño, con la brisa fresca acariciando sus rostros y las hojas caídas cubriendo el suelo en una alfombra crujiente. Sofía iba un paso detrás de él, observando cómo su figura se destacaba entre los árboles, siempre tan seguro de sí mismo, tan confiado. Marcos tenía esa capacidad de hacer que todo a su alrededor pareciera insignificante cuando él estaba cerca, como si el mundo entero hubiera sido creado para girar a su alrededor.

Se detuvieron en un banco, y Marcos se sentó primero, invitándola a que se uniera. Sofía lo miró por un momento, luego se dejó caer junto a él, sus hombros rozándose levemente. Durante un segundo, la ciudad pareció desvanecerse. Solo existían ellos dos en ese pequeño rincón del mundo.

"¿Has pensado alguna vez en lo que haríamos si... si todo esto cambiara?", preguntó Sofía, mirando al frente, pero sin realmente ver. La pregunta surgió de la nada, como una nube oscura que se cruza de repente en un día soleado.

Marcos la miró, intrigado. "¿A qué te refieres con 'si todo cambiara'?"

"Si todo... se viniera abajo. Si un día nos despertáramos y ya no estuviera este amor que parece inquebrantable. Si la confianza, ese lazo que nos une, se rompiera."

El tono de Sofía era suave, casi en susurro, pero sus palabras caían pesadas entre ellos. Marcos la observó en silencio por un momento, un brillo indescifrable en sus ojos. "Eso no va a pasar. No mientras estemos juntos. No te preocupes por eso."

Pero ella no parecía convencida. Las sombras que se alargaban sobre el parque parecían reflejar algo más oscuro en su interior. Sofía no era una mujer fácil de leer, y aunque Marcos había aprendido a descifrar sus sonrisas y miradas furtivas, a veces sentía que había algo más allá de lo que le mostraba.

"¿Sabes qué me da miedo de ti?", continuó Sofía, sin mirarlo, pero sabiendo que él escucharía. "Que a veces no sé si eres capaz de quererme tanto como para destruirme."

Marcos soltó una pequeña risa, casi irónica. "Eso no tiene sentido. Si alguna vez te destruyo, Sofía, sería por amarte tanto."

Ella lo miró, sus ojos oscuros reflejando una mezcla de cariño y desconcierto. El sol ya se había ocultado por completo, dejando solo la luz de las farolas para iluminar sus rostros.

"Te conozco, Marcos. Creo que te conozco mejor de lo que crees. A veces, me asusta lo que podrías llegar a hacer por... amor."

El aire entre ellos se volvió denso. Nadie dijo nada por un largo rato, y las palabras, aunque nunca dichas, flotaron en el espacio entre ellos. Había algo en sus miradas, algo en el silencio que quedaba suspendido en el aire, como una amenaza latente que ambos sentían pero no querían reconocer.

Sofía no estaba segura de si estaba hablando de un amor eterno o de un deseo destructivo, pero las dudas seguían creciendo en su mente. Por otro lado, Marcos parecía inmune, seguro de sí mismo, como siempre.

El viento comenzó a soplar con más fuerza, haciendo que las hojas se alzaran por el aire. Los dos se quedaron sentados en el banco, pero algo había cambiado. El amor que compartían ya no se sentía tan seguro.

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