AUSENCIA

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El bullicio y la música que recorría Zaun era ensordecedor, las calles colapsadas de zaunitas gritando mientras alzaban sus bebidas y celebraban juntos. Unión como Zaun nunca la había visto, la realización absoluta del sueño que arrasó generaciones enteras.

Zaun era libre.

Hacía cinco años que el Concejo de Piltover había vuelto a unirse con el objetivo de traer algo de orden después de la guerra. Cinco años de que Caitlyn Kiramman cediera el puesto de su Casa a Sevika como representante de Zaun.

Había sido una batalla difícil, en muchos aspectos más dura que la guerra que habían enfrentado y cualquier tipo de violencia a la que Sevika estaba acostumbrada. Aprender a tergiversar palabras y manejarse a través de una burocracia con años de corrupción a sus espaldas había tomado meses de arduo trabajo día tras día, sentada en el estudio de la Mansión Kiramman con Caitlyn explicándole las artimañas de la diplomacia y Vi manteniéndose enfurruñada en alguna esquina.

El objetivo era traer justicia para Zaun a la mesa, pero pronto fue evidente que el Concejo piltie no tenía a Los Carriles como prioridad ni siquiera después de lo ocurrido, no cuando su bella Ciudad del Progreso había sido dañada y tenía tanto que reparar.

Sevika había entrado ese día a la oficina de la nueva sheriff de Piltover dando un portazo, ignorando la amenaza que Vi representaba parada al lado de su noviecita, y escupido una docena de verdaderas que Ekko acompañó con su propia dosis de veneno. Aunque Vi no dijo nada, era obvio para todos que compartía las opiniones de los otros dos zaunitas. Sevika se había preguntado vagamente si su silencio se debía a la culpa por haber usado ese puñetero uniforme azul.

Menos de una semana después, la cabeza de la Casa Kiramman se acercó a Sevika con un nuevo plan: obtener la autonomía de Zaun.

Habían tardado cinco jodidos años. Zaun había necesitado más ayuda de la que nadie en Piltover había siquiera querido pensar. Construir hospitales, escuelas, abrir nuevas posibilidades de trabajo, establecer un sistema de gobierno y policía funcionales y no corruptos, eliminar el shimmer a cambio de que Piltover se deshiciera de cualquier rastro del Hextech. Parte del motivo por el que lograron fue la financiación de la Casa Kiramman y la nueva reina de Noxus. Mel Medarda había tomado en serio el reparar los errores de su difunta madre.

Hoy Zaun se alzaba como una nación libre y cada zaunita, viejo o joven, traumado por las guerras y la destrucción o habiendo nacido en este Zaun más limpio y sin aire podrido, celebraba con un júbilo nunca antes visto. Todos excepto por una.

Dentro de la oficina principal del Edificio de Gobierno, las sombras danzaban en las esquinas y un ambiente pesado se respiraba. Sevika descansaba en la silla detrás del escritorio, rodeada de montañas de papeles cuyo único propósito parecía ser agudizar el dolor de cabeza que nunca la dejaba en paz, con un vaso de bourbon acompañando su vacío interno y el humo alzándose en espirales con cada espiración que desinflaba su pecho.

Era su sueño, la libertad y mejoría de Zaun, finalmente cumplidos después de décadas de esfuerzo y, sin embargo, Sevika solo sentía un vacío sin fondo que la consumía cada día más.

No habían más guerras, el índice de violencia había disminuido considerablemente, todo el sistema funcionaba como un engranaje perfecto, el trato con Piltover se había reducido a no más que transacciones comerciales importantes para ambas ciudades. Era todo lo que siempre habían querido y, de alguna manera, no era suficiente.

Sevika pensó en Silco, el hombre que dedicó muchos más años que ella a la causa, que usó todos los medios posibles para engrandecer a Zaun pese al precio a pagar, no en búsqueda de una venganza contra Piltover, sino de la libertad. Si la ciudad de brillantes edificios caía en el proceso…, bueno, eso solo sería un bono extra.

AUSENCIAWhere stories live. Discover now