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EL SOL DE NOXUS 

—¡Levántate!

Lo intente, use la lanza como apoyo. El suelo estaba lleno de mi sangre y la de otros niños de mi edad que entrenaban, algunos dientes se escondían entre los charcos de sangre. escupí. El ardor de mis músculos, el dolor de el cuerpo y el cansancio me hicieron ver borroso por un momento.

—¡Que te levantes!

Rodee cuando la patada del hombre golpeo mi abdomen.

—No eres más que una vergüenza para tu casa. ¿Crees que serás capaz de cumplir con tu deber? Eres débil, un pequeño pedazo de mierda que no puedo ponerse de pie una vez más.

Escupí nuevamente, el sabor metálico de la sangre se mezclo con la saliva. Alce la mirada, frente a mi una de las cientos de lanzas repartidas por el campo de entrenamiento. Mis dedos rozaron el mango al tiempo que me arrastraba a ella; escuche los pasos lentos del hombre tras de mí.

—Mas rápido lobito.

No mire atrás, debía estar cerca por como escuche su voz. Cuando por fin mi mano tomo la lanza, voltee mi cuerpo colocando la lanza frente a mi como un escudo. La punta de la lanza del contrario golpeo la parte del mango que cubrió mi rostro, desviándola rozo mi rostro cerca de mi ojo. La punta aterrizo sobre la tierra.

—Bien. —murmuro el hombre— Mantuviste tus bonitos ojos.

Alzo nuevamente la lanza, pero esta vez golpee sus piernas. El hombre agacho su rostro ante el dolor y aseste una patada en él. Me arrastre hacia atrás al tiempo que me ponía de pie.

Sin esperar lance la lanza, apuntando a su rostro justo como se nos había enseñado desde que teníamos memoria. El hombre logro reaccionar a tiempo, su cuerpo se movió con rapidez y la mano libre llego a tomar la lanza en el aire; suspendiéndola como si nunca hubiese sido lanzada.

—Lento —Note decepción en su voz—, Alistar la hubiera lanzado sin necesidad de ponerse en pie.

—Alistar... —reitere— Yo no soy Alistar.

—No, y eso es una pena.

El hombre clavo la lanza en el suelo, me miro de arriba abajo y solo suspiro con decepción dándose la media vuelta al grupo de jóvenes. Mis músculos comenzaron a doler pidiéndome piedad, pero mi orgullo no lo permitió.

Toma una nueva lanza del suelo.

Voló, con un suave sonido atravesó el aire rompiéndolo. Corrí detrás de ella sacando la daga de la bolsa en mi espalda; aun recuero el rostro del hombre cuando logro esquivar la lanza que atravesó a uno de los chicos frente a él, pero no pudo evitarme. Caí sobre su rostro y mi daga atravesó su ojo, recuerdo el esfuerzo inútil que hizo para quitarme de encima antes de caer de espaldas. Yo enterré aun mas mi daga y cuando no pude mas la saque para introducirla en el otro ojo.

Me retiré del cadáver en cuanto vi que sus pulmones no se llenaban y su cuerpo dejo de tener espasmo. Respiraba erráticamente, mire mis manos cuando note lo tibias que estaban; la sangre se escurría de ellas como un rio. Mis manos habían resbalado por la daga causándome cortadas, mi sangre se mezclo con la del instructor.

Escuche aplausos, venían de la parte superior de el campo. Una mujer de piel oscura aplaudía al tiempo que su sonrisa se ensanchaba. A su lado, una joven de mas o menos mi edad; con ojos verdes y cabellos negros arreglados perfectamente en una corona de bordes dorados.

—Dos por uno.

Fueron las palabras que me hicieron ver nuevamente al frente. Aquel chico que era al menos cinco años menor que yo yacía en el suelo, con la lanza sobre su rostro; todos estaban a su alrededor mirando sin el mayor interés como el de un cerdo sacrificado para la cena.

—¿Cuál es tu nombre muchacho? —mire hacia arriba, no podía negar lo poderosa que la mujer se veía con el sol a sus espaldas. El brillo del oro y aquel rojo sobre su piel.

—Canuto —respondí lo más alto que pude.

Las puertas del campo fueron abiertas, hombres de capuchas rojas y mascaras de hierro entraron empuñando lanzas contra mí. Conte veinte en ese momento en donde diez de ellos me rodearon y otros diez fueron por los cadáveres.

—Déjenlo —ordeno la mujer—. Denle algo de comer y llévenlo ante mí, tengo algo más útil para que el que la muerte.

Los hombres levantaron sus lanzas, mire como la mujer le susurraba algo a su hija mientras me señalaba con la palma abierta.

(...)

Justo como fue ordenado me alimentaron. Me vistieron de ropas de seda negra dejando atrás mi desnudez: recibí botas, pantalones, me fueron vendados los brazos de rojo escarlata y se me coloco una lanza en las manos.

Al entrar al salón del trono vi a la mujer de antes junto a dos jóvenes, la chica y un hombre que me miro con interés.

—Acércate muchacho, te aseguro que no mordemos —dijo con una sonrisa adornando sus palabras.

—¿Es el? —La voz del hombre era todo lo contrario a la de la mujer sentada en el trono. Menos agresiva, mas... democrática.

—Así es —respondió la joven quien se sentaba a lado izquierdo del trono de su madre—. Mato a uno de los instructores y a uno de los niños. Ambos al mismo tiempo —un pequeño silencio instauro el lugar—, en teoría.

—Entonces mata a dos personas y está aquí.

—Donde debe estar, el es la muestra de un Noxiano. La sangre, el orgullo, todo lo que nuestra nación representa.

—Violencia sin sentido.

—La violencia ante los ojos de los débiles no tendrá sentido, pero ante la de los fuertes —la general se puso de pie, mirando a su hija quien había agachado la mirada ante las palabras de la madre—. Los fuertes sabemos lo que en realidad significa la violencia. Mírenlo, aquellos ojos; son una lanza preparada para ser lanzada.

—Es un niño madre.

—Y lleva más muertes que mis propios hijos. ¿Tu edad jovencito?

—Según recuerdo, diez —respondí sin atreverme mirar el rostro de las tres persona frente a mí.

—Diez años —repitió la general—. Bien, e decidido lo que hare contigo.

Espere mi muerte, suspire resignado ante mi destino. Me arrodille y agache la cabeza en espera que alguna lanza me atravesase el pecho, había visto como compañeros de entrenamiento sufrieron aquel castigo por crímenes menores.

—Ponte de pie muchacho, no te matare por ser el mejor.

—¿Entonces? —pregunte, alce la mirada.

—Necesito que mi hija sea protegida. Alguien que no levante muchas sospechas y que sea visto... insignificante, alguien como tú.

—¡Madre!

—Guarda silencio, Mel. Es la orden que he decidido.

—Es un niño.

—De querer una opinión la habría pedido —la mujer miro a su hijo—. ¿No crees, Kino?. El ya no es un niño, ninguno en ese hoyo lo es; veo la sed de sangre en sus ojos.

Asentí, la mirada de Mel se centró en mí; no supe interpretarla, nunca alguien me había visto de aquella manera. ¿Lastima? ¿repulsión? Daba igual, no fue hasta varios años después que comprendí aquella mirada. Hasta que el me dio la misma mirada. 

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⏰ Terakhir diperbarui: Dec 30, 2024 ⏰

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El lobo de NoxusCerita yang bikin terobses. Temukan sekarang