Cap 1. The shadows have names.

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El viento cortaba como una cuchilla a través de las ruinas de Ashkhar, un pueblo olvidado en los márgenes de Urzikistán. Las paredes derruidas, marcadas por explosiones y disparos, eran testigos mudos de una guerra que parecía no tener fin. Hunt se movía entre las sombras, su rifle de asalto colgado sobre el pecho y una navaja asegurada a su muslo derecho. En su muñeca brillaba un parche descolorido de la Task Force 141, un recordatorio constante de que nunca estaba sola, incluso cuando estaba lejos de su equipo.

En su oído, la voz familiar del capitán Price resonó con la misma mezcla de autoridad y preocupación de siempre.
H, informe de situación.
—A cien metros del complejo. Sin señales de patrullas. El perímetro está limpio.
Bien. Mantén la cabeza fría. Si algo va mal, tienes luz verde para retirarte.
Ella sonrió para sí misma. Price siempre le decía lo mismo, pero sabía que él confiaba en que ella cumpliría. Era su manera de recordarle que no necesitaba probar nada a nadie. Para él, Hunt era más que una operadora; era casi como una hija.

Pero esa relación especial no le daba inmunidad frente a las bromas de los otros miembros del equipo. En la base, Gaz, Soap y Ghost se disputaban constantemente el título de "su mejor amigo". Soap era el bromista del grupo, el único capaz de arrancarle una carcajada sincera a Hunt, a la vez que Gaz era el pragmático, siempre asegurándose de que ella no se sobreexigiera, sin embargo luego estaba Ghost quien siempre trataba de infundir un golpe de realidad siempre que fuera necesario. Ambos eran su familia, tanto como lo era la Task Force 141.

Mientras avanzaba, un destello en la distancia captó su atención. Hunt se detuvo, bajándose las gafas de visión térmica. Dos figuras armadas custodiaban una entrada oculta al búnker subterráneo. Según los informes de inteligencia, ese lugar era el núcleo de operaciones de Umbra Noctis. Si lo que Price había dicho era cierto, ahí dentro estaba la clave para rastrear un envío de armas biológicas que podría desatar el caos en Europa.

H, ¿visual? —preguntó Price.
—Dos guardias. Estoy en posición. Solicito permiso para avanzar.
Permiso concedido. Pero recuerda, queremos respuestas.
—Sí, capitán. Haré lo posible.

Se movió con precisión y cautela acercándose sin hacer ruido. Sabía que una palabra mal calculada en su comunicador o el más leve sonido de una piedra bajo sus botas podría arruinarlo todo. Al llegar a unos aproximadamente veinte metros de los guardias, sacó su navaja y se preparó para atacar.

El primer guardia no tuvo tiempo de reaccionar. La navaja de Hunt se deslizó entre las costillas del hombre con una eficacia inconcebible. El segundo apenas alcanzó a levantar su arma antes de que Hunt le colocara una bala en el cráneo con un disparo de su arma silenciada. Revisó los cuerpos en busca de identificaciones. Nada útil.

Al acceder a la entrada, Hunt conectó un pequeño dispositivo al panel de control del búnker. Gaz, del otro lado de la línea, se encargó de hackear la cerradura.
Tienes vía libre, Hunty. Recuerda que no hay refuerzos cerca, así que no te metas en problemas.
—Recibido Kyle.

La puerta se abrió con un chirrido metálico. El búnker estaba oscuro, con solo un par de luces parpadeantes iluminando el pasillo principal. Dentro, el aire olía a humedad, aceite y algo químico que le revolvió el estómago. Avanzó lentamente, comprobando cada esquina antes de seguir. En su mente, repasaba las enseñanzas de Price: nunca te fíes del silencio. El enemigo siempre espera.

Cuando llegó a una sala de control improvisada, encontró lo que buscaba. Mapas, coordenadas, nombres. Todo apuntaba a una operación masiva en marcha, más grande de lo que habían pensado. Pero antes de que pudiera transmitir la información, un ruido a sus espaldas la puso en alerta.

The Last TargetHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora