Capítulo uno _ "El Claro";

6 2 0
                                        

(...)

Un estruendo y profunda exhalación. Luces parpadeaban mientras aquella extraña jaula se elevaba rápidamente y una pequeña figura observaba todo con confusión y desespero.

Con ansiedad revolvió entre cajas que yacían a su lado, encontrando otra jaula donde un graznido le hizo saltar hacia atrás, tanteo unas cuerdas y... bingo, un cuchillo, o al menos eso parecía. Pronto aquellas luces se tornaron rojas y la jaula frenó en seco, su corazón comenzó a latir aún más ansioso.

Ruidos metálicos en el exterior comenzaron a resonar, y rápidamente una luz invadió todo, cegando sus ojos por un momento, se oían murmullos de distintas tonalidades y acentos que le era difícil identificar.

¿De qué hablas shank?.—Se oyó una voz grave.

Lo que dije, una chica.

¡Imposible!, no, seguro estás viendo mal.

¡Vean ustedes mismos entonces!.

Alguien saltó de golpe y con dificultad aquella castaña, que se mantenía aún adaptando sus ojos a la luz, se incorporó, sí, era una chica.

¡Ajate!.—Logró pronunciar apuntando con el cuchillo que encontró anteriormente, visualizando un chico alto y fornido con cabello bastante corto.—¡Das un paso más y te asesino!.—Repitió con ansiedad, observándolo y observando hacia arriba donde cabezas curiosas se asomaban. Todos hombres.

Hey... calma shank, no te lastimaremos.—Habló con voz ciertamente algo rasposa y con cautela. ¿Qué demonios era Shank?.—Soy Gally, ¿ves?, estoy desarmado... tranquilízate novata.—Subió sus manos.—Te sacaremos de aquí, ven.—Siguió mientras otro bajaba una cuerda con lentitud.-

Con desconfianza y sin bajar aquel cuchillo, se acercó y tomando la cuerda, de un tirón estaba en el césped, ¿césped?. Se incorporó nuevamente y tomó la misma posición que antes, viendo toda una ronda al rededor de ella de chicos con miradas curiosas, distintas razas, alturas y físico.

Calma novata, tu nombre.—Repitió el mismo chico una vez salió de aquella jaula hundida en el suelo, acercándose despacio.

Frunciendo el ceño pensó con desespero, nada venía a su mente, con suerte sabía las cosas básicas como lo que tenía bajo sus pies.—No lo sé...—Murmuró con la mirada aún desconfiada.—¿¡Por qué no lo sé!?.—Se exasperó moviendo el cuchillo en su mano.

Wow, wow, cálmate, respira.—Intervino otro chico poniéndose en medio de aquellos.—Le pasó a todos los larchos de aquí, incluyéndome, es normal, recordarás en unas pocas horas.—Habló con suavidad, tenía los ojos café, tez pálida y una melena rubia. También hablaba con un acento extraño pero que aún no lograba descifrar del todo. ¿Larchos?—Escucha, no te haremos daño, lo prometo, pero debes relajarte.-Repitió con tranquilidad mientras tomaba con suavidad el cuchillo, el cuál la castaña soltó, y con cierta desconfianza asintió, aparentemente aquella extraña sensación de amnesia incluía parte del lenguaje.

El rubio hizo un gesto y varios comenzaron a dispersarse, incluso aquel que conoció primero, ¿Galo?, pero aún dirigían miradas curiosas, otros pocos volvieron a entrar en aquella jaula, sacando varias cajas y algunas otras cosas que la castaña no podía recordar del todo el nombre.

Su vista se dirigió al rededor; cuatro muros de piedra, aquellas paredes debían de tener más de cien metros de altura formando un cuadrado perfecto. Habiendo en la mitad de cada uno de los lados una abertura tan alta como los mismos muros, visibilizando en la lejanía en uno de los muros un pasadizo que rodeaba a lo lejos, en su mente y en su corazón se había desencadenado una batalla de emociones. Confusión. Curiosidad. Pánico. Miedo. Pero mezclada con todo eso, había una oscura sensación de absoluta desesperanza, como si el mundo se hubiera acabado y borrado de su cabeza, siendo reemplazado por algo terrible. Quería corre y esconderse de esa gente.

Aún sintiendo la confusión y ansiedad, habló inquieta.—¿Dónde estoy?.—El rubio se mantuvo en silencio, parecía esperar algo.—¿Dónde estoy?.—Repitió nuevamente, pero éste sólo parecía ignorarla observando hacia otra parte.

Bien, te devolveré esto por si acaso, pero no lo uses a menos que sea necesario.—Habló devolviendo aquel pequeño cuchillo. Navaja, lo había recordado, era una pequeña navaja.—Ahí viene Alby.—Señaló detrás de ella, por lo que instintivamente se giró viendo llegar otro chico un poco más alto que el rubio, de tez morena.—Él resolverá tus dudas.—Continuó con cierto toque de amabilidad, para luego irse en otra dirección, dejando a la castaña aún con palabras en la boca.

Soy Alby, novata.—Se presentó aquel chico una vez llegó frente a la castaña.—Sígueme, te enseñaré brevemente el lugar.-Siguió moviendo su cabeza seguido por la chica.—Lo llamamos el área, todo esto que ves lo hemos trabajado nosotros.—Comenzó a decir señalando el lugar, donde se veían algunas cabañas de paja y madera tal vez, distribuidas en distintos lugares, un frondoso bosque al fondo, algunas vallas con animales y plantaciones.—El área se divide en cuatro secciones; lápidas, huerta, matadero y cabañas, te sugiero que esperes a mañana por la mañana, será tu visita guiada.—Repuso, se veía amable pero era firme, curioso ya que seguramente no pasaba de los dieciocho años... años, ¿cuántos años tenía?, se preguntaba la chica, sintiendo la ansiedad hacerse más fuerte en su pecho.—Trata de no pensar mucho, el primer día es duro. ¡Chuck!, llévala a la cabaña donde iba a ser la sala de armas, construiremos otra luego.—Continuó viendo en frente de ambos, donde llegaba un pequeño y regordete niño de rizos, asombrada lo observó, no pasaría de los doce años.

Hola nueva, acompañame.—Habló con una voz algo aguda, completamente infantil comparada al resto.—Espero que Alby no haya dicho mucho, suele apresurarse a la visita guiada, yo larché mis pantalones al menos cuatro veces antes de eso por lo que me dijo.—Rió mientras comenzaba a caminar, lo cuál la chica lo siguió en silencio.

Caminaron al menos diez minutos más hasta llegar a una pequeña cabaña comparada a las demás que pudo ver cortamente.

Aquí dormirás, ya instalaron tu hamaca, ahm... quédate aquí y no causes ningún destrozo o algo así, no te mates.—Sonrió una vez en la puerta de la cabaña y se fue hacia quién sabe donde. La castaña sólo ahogo un suspiro, su cerebro trabajaba seguramente el triple de lo que debería hacerlo, procesando la nueva y confusa información, se sentía completamente perdida y angustiada.

En soledad sólo entró a aquella cabaña, que constaba de una pequeña mesa y una hamaca colgada en el medio. Sintiendo el miedo recorrer su cuerpo se sentó en el suelo polvoriento, recostando su espalda en aquella pequeña mesa, y apretando sus piernas contra sí soltó el primer sollozo, dejando su mente nublarse en incertidumbre y dudas que no tenían una respuesta.

°°°

Label MazeWhere stories live. Discover now