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La noche oscura envolvía Jackson. El viento aullaba sin descanso, y las ramas de los árboles golpeaban las ventanas cercanas. La luna iluminaba el paisaje, mientras la nieve caía lentamente, cubriendo las huellas del día.
El sonido de los soldados patrullando afuera despertó a María. Un presentimiento de que algo no iba bien se apoderó de ella. Cuando escuchó un par de golpes en la puerta, se levantó rápidamente y abrió con cautela. Afuera estaba uno de los soldados de la guardia nocturna, llevando en brazos a una pequeña niña que parecía haber sido arrancada de otro mundo.
—La encontramos fuera, por la zona de las colinas. No sabemos de dónde viene, pero parece que se ha quedado sola. —El soldado comentó con seriedad, su voz baja para no asustar aún más a la niña.
María miró a la pequeña, con los ojos llenos de preocupación. La niña la observaba fijamente, como si tratara de adivinar si podía confiar en ella.
—¿Está herida? —preguntó María, mientras tomaba a la pequeña entre sus brazos con cuidado.
—No, parece estar físicamente bien, pero está temblando... de frío o de miedo, no lo sé. Revisamos los alrededores, pero no hay señales de peligro.
María apretó los labios. La pequeña no soltaba un solo sonido, como si el silencio fuera su única manera de protegerse.
—Déjamela. Hablaré con Tommy. —dijo María, cerrando la puerta suavemente detrás del soldado.
Llevó a la niña al salón y la acomodó en el sofá, cubriéndola con una manta. La pequeña no hizo ningún intento de hablar, solo se acurrucó en el rincón del sofá, abrazándose a sí misma. María fue a buscar a Tommy, quien se despertó al instante cuando escuchó los suaves sollozos provenientes de la sala.
—¿Qué pasa? —preguntó Tommy, frotándose los ojos, aún medio dormido.
—Ven. —María no dio más explicaciones, guiándolo al salón.
Cuando Tommy vio a la niña, su expresión pasó de la confusión al desconcierto.
—¿De dónde...?
—La encontraron en las colinas. No sabemos qué le pasó ni de dónde viene. —María se arrodilló frente al sofá, tocando suavemente la mano de la niña. La pequeña no se movió, pero sus sollozos comenzaron a calmarse.
—¿Y qué hacemos con ella? —preguntó Tommy, su tono serio.
María suspiró. —Tommy, mírala. ¿Qué crees que podemos hacer?
Tommy pasó una mano por su cabello, frustrado. —No es cuestión de querer o no, María. ¿Y si alguien viene buscándola? ¿Y si esto pone en peligro a todos?
María lo miró fijamente. —¿Y si nadie viene? ¿La dejamos morir de frío?
Tommy guardó silencio, sus ojos volviendo a la niña. Se arrodilló lentamente, quedando a su altura.