A M I G O S
Cinco años han pasado, cinco largos años de Mónaco...
El destino estaba decidido.
El calendario marcaba que en menos de un mes estaría festejando su cumpleaños número veintiuno al lado de su mejor amigo y un par de amigos más que conoció en la universidad.
Estaba seguro que ese viaje sería ‘EL VIAJE’ y que ese cumpleaños sería ‘EL CUMPLEAÑOS'.
Y no era para menos. Había esperado por tanto tiempo llegar a esa edad en la cual, legalmente, se convertía en un ciudadano adulto, no sólo para tomar sus propias decisiones, también... para alejarse de su padre.
Y no es que este chico rubio neerlandes, de personalidad y carácter dominantes, conocido por la mayoría como Mad Max; odiara a su padre, no, por supuesto. Él lo amaba.
Lo amaba a pesar de la dura crianza qué Joss, su padre, le otorgó. Lo amaba, a pesar de las incontables noches de llanto silencioso sobre su escritorio por aquellos gritos y uno que otro golpe recibido por no ser el mejor de la clase, lo amaba a pesar de no recibir un abrazo o si quiera una felicitación por hacer bien las cosas.
Lo amaba porque sabía que ese hombre canoso de cara larga, que tenía como lema: disciplina, esfuerzo y constancia, quería el mayor éxito para él.
Pero claro, después de todos estos años a su lado, con reglas y educación casi militar, Max solo quería un poco de libertad y diversión…
-Entonces, nos vemos en el hotel, ¿de acuerdo?
-Por supuesto, ya estoy ansioso por que llegue la fecha.
-Yo igual, ya quiero presentarte a mis amigos de la uni, estoy seguro que todos lo pasaremos bien. - Tras terminar la oración, una breve pausa se hizo al otro lado de la línea.
-Charlie, ¿todo bien?
-Oh, si. Bueno… es solo… -resopló.- ¿Hay algún problema si llevo a algunos amigos?
Max tardó en asimilar la pregunta. ‘Amigos’. Por supuesto, así como él había hecho nuevas amistades, su mejor amigo Charles Leclerc, también lo había hecho.
Conoció a Charles a la tierna edad de seis años. Para entonces, ambos cursaban el primer grado en una escuela privada de París. En aquel tiempo, vivía junto a sus padres en un pequeño departamento por los suburbios de la capital francesa. Charles en cambio, estaba a unas cuadras de la emblemática Torre Eiffel.
Desde que se conocieron congeniaron a la primera. Charles era un niño simpático y carismático con unos increíbles y enormes ojos verdes, cabello rizado y piel pálida. A Max le parecía un pequeño príncipe, razón por la cual, años más tarde terminaría teniendo un crush hacia él.
Si, conforme los años pasaron, Max sabía que algo ‘raro’ ocurría en él. A la edad de 11 años, escuchaba a sus compañeros hablar sobre si esta u otra niña les parecía bonita. Los observaba emocionarse por el hecho de que las niñas les sonrieran o les tomarán la mano para saludarlos.
A sus 12 años, cuando en la escuela explicaron el tema de la diversidad sexual, Max entró en pánico. A los 13, se hizo novio de una hermosa chica llamada Kelly. Ella era la chica que todos querían por novia, sin embargo, el noviazgo duró poco menos de medio año.
Max no se sentía cómodo a su lado, por el contrario, siempre estaba pensando en que quería estar al lado de su amigo Charles y sus maravillosos ojos verdes. Así que a los 14 años, aceptó la atracción que sentía hacia su mejor amigo.
Esos años de adolescencia fueron muy duros para él, hubo muchas cosas con las cuales tuvo que lidiar: el tema de su sexualidad, el divorcio de sus padres, el próximo cambio residencial qué tendría y el rechazo qué obtuvo de su mejor amigo.
Porque sí, meses antes de mudarse con su padre, Max había citado a Charles una tarde en el parque para declararle su orientación y los sentimientos que tenía hacia él. Charlie fue brutalmente honesto y comprensivo. Le agradeció el haber confiado en él para contarle ese ‘secreto’ qué lo tenía terriblemente mortificado, al tiempo que explicaba él tener la misma orientación haciendo que Max se relajara un poco. Sin embargo, aunque agradecido, no podía corresponder sus sentimientos.
Esa noche, Max lloró como nunca antes lo había hecho.
Por fortuna, Charles siguió siendo su amigo y nunca cambió su actitud hacia él, algo que con el tiempo, agradeció. Sobre todo cuando se mudó con su padre a Holanda. Charles era el amigo que siempre lo escuchaba y apoyaba a la distancia.
Una tarde de sábado, mientras hablaban para ponerse al día. Charles le contó que habia sido aceptado en la Universidad de Inglaterra, ‘será una experiencia increíble’, le había dicho.
Por supuesto, Max estaba feliz por él, porque a pesar de que su familia contaba con una presencia, poder adquisitivo e influencia suficiente para ingresar a cualquier universidad qué deseara sin mayores problemas; Charles prefería labrar su propio camino con su propio esfuerzo.
Tiempo después, le contó que había conocido a este chico mexicano, quien había llegado de intercambio a su escuela. Él era muy divertido, carismático y también… guapo.
Por supuesto, el corazón de Max se apachurro un poquito al escuchar la emoción con la que Charles hablaba de ese chico.
¿Te gusta?, llegó a preguntar un día. ‘Tal vez’, terminó declarando su amigo.
‘Amigos’
Max tenía una vaga idea de a qué amigo llevaría.
-¿Maxie? Si tienes problema con ello, yo…
-No, no. Está bien, pueden venir, entre más personas seamos, seguro la pasaremos mejor. - Se obligó a decir.
-¿Seguro?- preguntó Charles.
¿Lo estaba? ¿Estaba seguro de conocer al crush de Charlie? Demonios, no.
-Si. Es solo qué, bueno ya sabes. La reservación está hecha solo para nosotros.
-¡Ah, por eso no te preocupes! Ellos buscarán un hotel para quedarse, al parecer en el nuestro ya no hay habitaciones disponibles.
Max no pudo evitar reír al escuchar aquellas palabras salir de la boca de Charles con gran emoción.
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Hola, lectores de esta plataforma!!
Nada. Solo decirles que esta historia nació de un día de ocio y la canción Mónaco. Espero les guste...
Kisses&créme
