Hemos actualizado nuestras Pautas de Contenido.
Consulta las pautas más recientes para seguir compartiendo historias de forma segura.

El primer paso

29 3 1
                                        

Para que sea mas emocionante esta historia visita este link de Spotify y disfruta de la lectura!
==>  https://open.spotify.com/playlist/5slSqXR3pe9qrATSWT19Zm?si=bDYy-4VsRFOQsB0CZ9fYAg&pi=e-_YUulix3SGKi

Nunca pensé que mi vida daría un giro tan grande. Un día, decidí dejar la ciudad y mudarme a una pequeña casa en Galicia, buscando algo de paz y una conexión con la naturaleza que sentía perdida. El viaje fue largo, viendo cómo los edificios desaparecían y dejaban paso a colinas verdes y bosques espesos que parecían susurrar secretos antiguos.

Durante el trayecto en tren, me perdí mirando por la ventana. Veía cómo la ciudad se desvanecía lentamente, y en su lugar aparecían colinas verdes y árboles frondosos. Llevaba un libro en las manos, pero apenas leí unas páginas; preferí dejar que el paisaje y el ritmo del tren me fueran envolviendo, mientras pensaba en todo lo que estaba dejando atrás y en lo desconocido que me esperaba en Galicia.

Al llegar, me acogí en una casa rústica y tranquila, perfecta en su sencillez. El primer paseo por el pueblo fue un choque de emociones; los rostros amables y curiosos me observaban, y, en ese instante, supe que quería formar parte de este lugar, descubrir sus historias y, quizás, encontrarme a mí misma en el proceso.
Apenas había llegado a este pequeño pueblo de Galicia, sin conocer a nadie y todavía adaptándome a la casa. Me encantaba el olor a campo y a humedad que lo impregnaba todo; había algo acogedor en el aire que me hacía sentir en casa, aunque fuera un lugar desconocido. Sentía que esta vida nueva iba a cambiar muchas cosas en mí, quizás de maneras que aún no lograba imaginar. Con cada rincón que descubría, me llenaba de una mezcla de emoción y tranquilidad, como si, de algún modo, ya perteneciera a este lugar.

Me di cuenta de que algo había cambiado en el aire, un silencio que no provenía del entorno, sino de una presencia que se había materializado sin que me diera cuenta. Levanté la vista y, por un instante, me encontré con la mirada de un hombre que me observaba fijamente, como si intentara descifrar algo en mi rostro. No era una mirada curiosa, sino más bien una de alguien que estaba acostumbrado a leer a las personas, a captar incluso los más sutiles detalles.

Me quedé quieta, sin saber si debía devolverle la mirada o seguir fingiendo que no me había dado cuenta de su presencia. Pero al final, no pude evitarlo. Mi corazón dio un pequeño brinco cuando, con un movimiento tranquilo, él se acercó a mi porche. Su figura se recortó contra el horizonte, su porte firme y sereno, y el leve carraspeo que emitió para llamar mi atención rompió el hechizo de silencio que había caído entre nosotros.

"Hola", dijo, su voz tan profunda como su mirada, tranquila, como si estuviera acostumbrado a hablar con la naturaleza misma. Sonrió levemente, con una suavidad que contrastaba con la dureza de su presencia. "Eres la nueva vecina, ¿verdad?"

Su pregunta, tan directa, me tomó por sorpresa. Estaba claro que su observación no era casual. El sonido de su voz me hizo sobresaltarme ligeramente. No me esperaba una visita tan pronto, y menos de alguien que parecía tan... imponente. Pero rápidamente recuperé la compostura, porque, después de todo, la educación era algo que siempre me había enseñado a priorizar. Respiré hondo, sonreí con naturalidad y lo saludé como cualquier persona lo haría en una situación como esa.

"Hola", dije, tratando de que mi tono fuera lo más amable y cordial posible, sin mostrar el leve sobresalto que aún rondaba en mi pecho. "Sí, bueno, llevo un par de días aquí."

Mis palabras flotaron en el aire entre nosotros, simples y cortas, pero suficientes para confirmar lo que ya parecía evidente: era la nueva vecina. Aun así, no pude evitar la sensación de que ese breve intercambio de saludos estaba lejos de ser todo lo que él quería decir.

Noté cómo su mirada se aferraba a mí, un destello de comprensión en sus ojos cuando percibió mi leve sobresalto. Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue la calma que desprendía, como si no le sorprendiera en absoluto haberme encontrado aquí, en ese preciso momento. Se quedó frente a mí, con las manos en los bolsillos, su postura relajada, pero con una presencia que era imposible pasar por alto. El viento jugueteaba con su cabello oscuro, despeinándolo de una manera que solo acentuaba la naturalidad con la que se movía por el mundo.

Entre Mareas y SilenciosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora