Prólogo

2.7K 90 6
                                        

"Un segundo a su lado fue una eternidad en el infierno"

"Un segundo a su lado fue una eternidad en el infierno"

Oops! This image does not follow our content guidelines. To continue publishing, please remove it or upload a different image.



Cada paso que daba era una condena silenciosa. El eco de mis tacones sobre el mármol pulido se confundía con los acordes suaves del cuarteto de cuerdas, mientras mi respiración se volvía cada vez más errática, como si mis propios pulmones supieran que estaba caminando hacia una celda disfrazada de altar.

A mi lado, la mano de mi padre temblaba levemente, aunque su rostro permanecía estoico. Tal vez él también sentía el peso de este momento, o quizás sólo cumplía con el deber de entregar a su hija como si aún viviéramos en una época donde las mujeres eran parte de un contrato ceremonial.

La seda blanca del vestido caía en suaves cascadas por mi espalda, envolviéndome como un velo de hielo. Había elegido ese diseño con ilusión hace apenas unas semanas, cuando aún me creía capaz de amar al hombre que me esperaba al final del pasillo. Ahora, el mismo vestido se sentía como una mortaja.

Los zapatos me apretaban con una precisión casi cruel. Cada paso era una amenaza de tropiezo, una invitación al ridículo, como si el universo se burlara de mí por seguir adelante a pesar de las señales. Y esa voz, esa voz implacable que resonaba en mi cabeza, me gritaba sin descanso: ¡Date la vuelta! ¡Escapa!

La música no se detenía. El murmullo elegante de los invitados tampoco. Pero en mis oídos solo existía un zumbido persistente, como si algo dentro de mí tratara de advertirme del desastre inminente. Hace apenas unas horas, estaba convencida. Convencida de que esto era lo correcto. Convencida de que debía cumplir con lo que se esperaba de mí. De que estaba destinada a ser su esposa.

Pero bastó un instante. Una mirada.

Él estaba allí, esperándome. Sebástian Darett. Tan impecable, tan encantador, tan absolutamente repulsivo. Su sonrisa tenía la exacta curvatura que alguna vez me hizo pensar que lo nuestro era real. Y sus ojos, esos ridículamente marrones ojos —como el café que me preparo cada mañana para seguir existiendo— ya no me hablaban de futuro, sino de traición.

Observé su rostro con atención, intentando encontrar al hombre que solía amar. No lo encontré. En su lugar, estaba el reflejo de una mentira: el hombre que había acariciado otro cuerpo con la misma ternura que juró reservar para mí. El mismo que ahora fingía que nada había pasado.

Sentí el impulso de correr. De gritar. De romper con todo. Pero me quedé quieta, como una figura de porcelana.

Apreté con fuerza el ramo de narcisos blancos entre mis manos. Mi flor favorita. Qué ironía. Ahora los odiaba. Odiaba su pureza, su fragancia, su fragilidad. Eran cómplices involuntarios de mi condena.

Planeé cada detalle de esta boda como si se tratara de un sueño largamente esperado: la decoración, el banquete, los invitados. Cada flor, cada mesa, cada nota musical. Pero ahora, todo se sentía como una burla, como una elaborada trampa que yo misma había construido y en la que había caído sin resistencia.

Miré al frente. Las damas de honor caminaban con una elegancia envidiable, sus sonrisas brillaban como si fueran parte de una película romántica. Entre ellas, ella. La amiga de mi prometido. La misma por la que insistió tanto para que estuviera en la ceremonia. Ahora entendía por qué. Supongo que deseaba verla vestida con el diseño verde escarlata que yo misma había elegido.

Una lágrima descendió por mi mejilla. No era de alegría ni de emoción, aunque todos asumirían eso. Era la lágrima de una mujer que sabía que estaba sellando su propia sentencia.

Mi padre me detuvo justo frente a él. Me miró con una dulzura que solo los padres conservan cuando intentan ocultar el dolor. Me deseó un matrimonio feliz. Yo solo asentí, incapaz de responder.

Sebástian me recibió con una sonrisa que ya no podía soportar. Murmuró palabras dulces, tan suaves como el veneno. Me prometió amor, respeto, una vida juntos. Y yo, atrapada en mi propio cuerpo, apenas escuchaba.

El cura comenzó a hablar. Sus palabras se desvanecían entre el zumbido de mis oídos y el tamborileo de mi pulso. Todo se volvía lejano, como si estuviera observando la escena desde afuera.

Mis manos sudaban, mi estómago se revolvía, y mis ojos se nublaban por momentos. Cada parte de mi cuerpo gritaba que no debía seguir adelante.

—Sebástian Darett, ¿aceptas a Nix Reece como tu esposa, para amarla y respetarla, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe?

—Acepto —respondió sin dudar. Tan fácil, tan firme. Tan cruel.

Entonces el cura me miró. Su voz fue suave, casi cálida:

—Nix Reece, ¿aceptas a Sebástian Darett como tu esposo...?

Mi cabeza latía como un tambor. Imágenes surgieron sin piedad: las puertas del baño entreabiertas, los gemidos que no fueron míos, las mentiras disfrazadas de ternura.

—... para amarlo y respetarlo, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe?

—Yo... —susurré. Pero mi voz se perdió. Mis labios temblaron, mis piernas también.

—¿Cariño? —me dijo él, con esa voz que antes me hacía ceder sin pensarlo. —Puede repetirlo. Seguro está nerviosa.

El cura repitió la pregunta. Pero yo ya no estaba allí. Estaba atrapada entre el deber y el dolor, entre lo que se esperaba de mí y lo que mi alma suplicaba.

—Yo...

Y entonces, todo sucedió en un segundo.

Un grito. Un estruendo. Una mancha roja que se expandía por la seda blanca como una mancha en la nieve.

Los invitados se pusieron de pie, el caos estalló. Alguien gritó mi nombre.

Y yo, de pie en medio del altar, con la sangre empapando mi vestido, solo podía pensar en una cosa:

¿Así es como termina todo? ¿O apenas está comenzando?

¿Así es como termina todo? ¿O apenas está comenzando?

Oops! This image does not follow our content guidelines. To continue publishing, please remove it or upload a different image.

Nix Reece

.
.
.

Helloooooooo este será un nuevo proyecto, espero que les guste, y perdón por la ortografía.
MUAKSSS

Lágrimas color carmesíStories to obsess over. Discover now