Bajo la luz pálida de la luna llena, la lluvia caía en finas cortinas, empapando la ciudad con una serenidad engañosa. Cada gota resonaba como un eco sombrío en la oscuridad de la noche. Dentro de una casa, en uno de los suburbios más lujosos de Nueva York, se desarrollaba una escena de terror.
A pesar de que la puerta de la casa se encontraba cerrada, aún podía apreciarse la luz de la luna reflejándose en parte de la casa a través de las ventanas. En una de las habitaciones, la cual parecía no haber sido atendida en años, se podía vislumbrar, tirado en el piso, el cuerpo de un hombre de unos 40 años retorciéndose en agonía. Su cabello negro, manchado de sangre, se mecía lentamente pidiendo compasión; en su mirada solo se podía apreciar unos ojos cafés clamando por piedad. Enfrente suyo, se encontraba un joven de unos 20 años con la misma apariencia que el hombre tirado, pero en su mirada había una sed de sangre que haría estremecer a cualquiera.
—Carlos, esto es suficiente —dijo el hombre mientras escupía sangre.
—¿Suficiente? —replicó Carlos con tono de ira—. ¿Qué hay de las veces que te pedía piedad a ti, o las veces que te suplicaba que dejaras de torturarme? —dijo mientras tomaba al hombre por el cuello—. Soy tu hijo y eso no evitó que me mandaras violar por unos cuantos dólares; eso no evitó que mataras a mi madre enfrente de mí, mientras tú reías como un jodido psicópata. —Carlos tomó un cuchillo que traía consigo y se lo clavó en el cuello al hombre. La sangre salpicaba de tal manera que gran parte del cabello de Carlos se tiñó de un rojo carmesí mientras sacaba el cuchillo del cuello de su padre—. Siempre anhelé este momento y ahora puedo saborearlo —dijo Carlos mientras lamía la sangre del cuchillo con una sonrisa tétrica en su rostro, para posteriormente salir de la casa y desvanecerse entre las frías calles de Nueva York.
En otro lugar, en las afueras de la ciudad, se podía apreciar una casa. En su interior, una señora de unos 40 años cenaba un pedazo de carne junto a una joven que rondaba los 18 años, la cual parecía incómoda por alguna razón.
—¿Ocurre algo, cielo? —preguntó con preocupación la señora, mientras su mirada azulada se posaba sobre la joven con un semblante inquieto.
—No pasa nada, es solo que no tengo mucha hambre —dijo la joven mientras apartaba el plato que tenía delante. Ella no quería comerlo; sin embargo, algo muy dentro de ella le decía que devorara ese plato de carne como si no hubiera un mañana, que lo iba a disfrutar—. Con su permiso, me retiro, tía —dijo mientras se levantaba rápidamente.
—De acuerdo —respondió la señora mayor, mientras seguía comiendo su carne—. Solo prepárate para mañana, tu primer día de universidad lejos de mí —añadió la señora.
—Claro, tía María, por eso mismo ya me voy a dormir —respondió la joven para proceder a irse a su habitación con algo de temor.
—Estos jóvenes de ahora que no aceptan sus propios gustos —dijo María mientras seguía comiendo su plato de carne, que en su opinión era exquisito.
Mientras tanto, en una habitación de tonalidades gris pastel, se encontraba Elizabeth tirada en su cama. Su largo cabello castaño estaba desordenado, como si un tornado hubiera pasado por él.
—Al fin me iré a la universidad y finalmente abandonaré esta casa —dijo Elizabeth emocionada, aunque también un poco triste, ya que desde cierto evento su tía la había acogido y tratado como a una hija. Aunque ese sentimiento se desvaneció al recordar el oscuro secreto de su tía y su participación en él. Sin embargo, se sentía complacida consigo misma por haber sido aceptada en la Universidad Clinton, una de las más prestigiosas de Nueva York, donde empezaría a vivir, aunque ella consideraba que no merecía seguir en este mundo. Sin saberlo, a partir de ese momento tendría que enfrentarse a sus peores demonios.
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Secretos Mortales
Mystery / ThrillerCarlos es un asesino serial meticuloso, cuya infancia fue marcada por el dolor y el abuso, moldeándolo en el oscuro ser en el que se ha convertido. Cada crimen que comete es una pieza de un macabro rompecabezas que solo él entiende. Elizabeth, una m...
