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Andy

El detective Hawkins llegó a su punto de partida, el bosque Calling Woods. Pero esa vez algo era diferente. Algo más siniestro. El olor a putrefacción se mezclaba con la bruma del mar al otro lado del acantilado. A medida que avanzaba la peste se iba intensificando. Apuntó con la linterna a todos lados hasta que dio con lo que buscaba. El cuerpo de una muchacha no mayor de veinticinco años se encontraba tirado a sus pies. O más bien, lo que quedaba de él. Le faltaba la mitad inferior. Sus ojos estaban desorbitados y el pelo se le pegaba a la frente gracias al exceso de sangre que le cubría toda la cara. Hawkins se agachó para inspeccionar y mejor y poder descubrir cómo había llegado hasta allí y quién o qué le había hecho aquello a la pobre chica. Un susurro se hizo presente entre los árboles y algo se abalanzó sobre él antes de que pudiera darse la vuelta. El miedo le corría por las venas en una carrera contra la cordura. Parecía que lo primero iba tomando terreno, ganándose un lugar en el cuerpo del detective. Pero eso no le iba a impedir salir con vida de allí. Se levantó como pudo, asestándole una patada a la criatura que lo atacaba y poder guardar las distancias. Se giró hacia ella. Era grande, más o menos mediría dos metros, y su piel estaba cubierta de un pelo espeso de color gris. Le sobresalían unas orejas puntiagudas y sus ojos carmesí refulgían a la luz de la luna. Sacó su arma sin despegar la vista del ser sobrenatural que tenía delante. Le temblaban las manos y su respiración era agitada, pero no se dejaría ganar por el pánico y el miedo que afloraban en lo más profundo de su ser. Disparó tres veces hacia su oponente, asustándolo. El animal salió despavorido de la escena del crimen y estuvo a punto de seguirle si no fuera por...

Oigo un portazo al otro lado de mi ventana. Dejo el capítulo a medio terminar y me levanto para averiguar de dónde proviene, muerta de curiosidad. Veo a Stiles, mi vecino, salir en dirección a su Jeep. Le conocí al principio del verano, cuando nos mudamos a Beacon Hills. Su padre es el sheriff del condado y trabaja con el mío. Ambos son muy agradables y fueron de mucha ayuda a la hora de la mudanza.

En cuanto cierra la puerta de su coche, arranca, y sale despedido calle abajo, perdiéndole de vista nada más gira en el cruce al final de esta. Supongo que habrá escuchado alguna conversación que no debía sobre algún caso de su padre y se dirige a donde quiera que sea. Me vuelvo a sentar en frente del escritorio, intentando volver con las grandes hazañas y aventuras de mi querido detective cuando la puerta de mi habitación se abre de golpe. Al otro lado se encuentra Oliver, mi hermano mellizo y, muchas veces, mi grano en el culo.

- Andy, ¿a qué no sabes de qué me he enterado? – pregunta, dando grandes zancadas hasta llegar a mi lado.

- ¿Te has enterado de que eres adoptado y que te vas del país para encontrar a tu verdadera familia? – pregunto con una gran sonrisa que enseña los dientes – Porque, la verdad, es que eso sería genial y yo te apoyo totalmente en esta decisión tan dura.

- Andy, hablo en serio

- Y yo también. ¿O te piensas que me lo estoy tomando a cachondeo? – me llevo una mano al corazón, intentando parecer ofendida.

Él me empuja con la mano, intentando que me calle de una vez, pero lo único que consigue es que se me escape una carcajada. Oliver rueda los ojos y yo vuelvo a reír como una histérica. Me encanta molestar a hermano cada vez que puedo.

- Ahora en serio. Estoy un poco ocupada escribiendo al detective Hawkins como para que estés dando el coñazo. Así que espero que sea bueno. – me quejo mientras me vuelvo hacia el portátil de nuevo.

- Créeme, esto te va a interesar. Es sobre una de las investigaciones de papá.

Me giro bruscamente en cuanto le escucho. Una sonrisa satisfecha se extiende en los labios de Oliver en cuanto nota que ha conseguido captar mi atención.

Shadows on fireWhere stories live. Discover now