Las voces a mi alrededor se apagaban y se encendían como si fueran una linterna que parpadeaba intermitentemente, las luces del pasillo me cegaban más de lo habitual, y una que otra vez tropezaba sin llegar a caerme al suelo. No era la primera vez que tomaba alcohol, pero esta vez se sentía extrañamente diferente a todas las anteriores. Con la botella aún en la mano, intenté sin éxito varias veces agarrar las llaves con torpeza, y después de unos cuantos intentos, logré abrir la puerta de la habitación. Entré tambaleándome, con un peso en el cuerpo que parecía no querer soltarme, y aún aferrado a la botella de cristal. Cerré la puerta con un golpe brusco y me dejé caer pesadamente en la cama, dándole un sorbo a la bebida. Una vez más, me encontraba en la misma situación de siempre.
Mientras me hundía en el colchón, sentí como alguien empujó la puerta con fuerza, haciéndola retumbar contra la pared antes de cerrarla de golpe.
"Marizza dice que si vas a seguir con lo mismo, mejor ni te molestes en ser miembro de Erreway."
El tono de su voz era serio, como si realmente fuera Marizza quien me estuviera regañando. Aún con movimientos torpes, tomé otro sorbo de la cerveza, soltando un pequeño eructo que me hizo reír. Musité un "perdón" y dejé la botella sobre la mesa mientras me incorporaba en la cama.
"Déjate de boludeces, Manuel."
Risas torpes seguían brotando de mí sin control. Pude sentir cómo Manuel se acercaba con pasos lentos, sus brazos cruzados y una expresión de desaprobación en su rostro. Un breve silencio se apoderó de la sala y, antes de que pudiera decir algo, lo agarré abruptamente y lo senté en la cama frente a mí, quedando cara a cara. Comencé a darle pequeñas palmadas en el hombro, como si estuviera realmente drogado, claramente sin ser consciente de mis acciones.
"Sabés, Manuel... ¡Sos un buen amigo!"
Diserté mientras seguía dando palmadas, cada una más fuerte que la anterior, riéndome cada vez más bajo mientras bajaba la cabeza. Podía sentir la mirada de Manuel clavándose en mí. Segundos después, Manuel quitó abruptamente mi mano de su hombro. Parecía que no estaba jugando.
"Dejate de pendejadas, Pablo, tomaste demasiado" —dijo mientras se alejaba unos centímetros de mí, aplastando su mirada—.
Una sonrisa pícara se dibujó en mi rostro. Ignoré completamente lo que dijo. Levanté la mano que estaba apoyada en la cama, haciendo que Manuel cayera sobre ella y, a su vez, yo también, quedando encima de él. Podía sentir su respiración golpear contra mi rostro. Mis ojos se fijaban en sus labios sin parar, incapaz de mantener la mirada en sus ojos. Me mantuve así por unos segundos antes de sonreír y acercarme aún más.
"¿Alguna vez te has preguntado lo que es besar a un hombre?"
Solté de golpe. Antes de que Manuel pudiera reaccionar, acerqué sus labios a los míos, impidiéndole decir o hacer algo. Justo en ese momento, la manija de la puerta comenzó a girar lentamente. Me separé abruptamente de Manuel, quedando sentado a su lado, tomando un sorbo de la bebida para disfrazar las situación.
"Pablo, sabés dónde está Marizz... ¿Qué hacés vos acá?"
Y claro, Mia decidió preguntar por Marizza. Justamente en este cuarto, justamente en ese preciso momento.
