HERIOS

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HERIOS.

“Cuando un loco parece completamente cuerdo, es ya el momento de ponerle la camisa de fuerza.”

Edgar A. Poe.











Mi trabajo, como cualquier otro, es tan complicado en su proceso que cuando termina, la satisfacción es mucho mayor que las penas pasadas. Creo que al final del trabajo, la certeza de haber terminado una pesada jornada y descansar es la que nos da esa satisfacción ferviente, acogedora, aunque el proceso de despertarse temprano, comer a la fuerza y correr porque se nos hizo tarde nos haga perder la cordura en ocasiones…

Si, señores, por primera vez me dirijo a ustedes, no como quisieran, pero es que este medio me resulta mucho más amplio de universo para expresarme, quiero decir, seré algo extenso, gente, cosa que no me dejarían si los tuviera de frente. Quizá me dieran cinco o diez minutos para hablar, pero no bastaría para explayar mis razones o para darles detalles de algunas cosas. 

Detalles…

Me dirijo a ustedes, familia Rodríguez, a los Flores, los Albarrán y por supuesto, mis favoritos… la muy amable, educada y acomodada familia de la ciudad, los Cárdenas. Me imagino sus rostros al ver sus apellidos escritos en esta hoja de papel con mi puño y letra, todos estupefactos al hecho de que después de un tiempo por fin vuelvo a molestarlos. Bien, el tema es sencillo, los eventos sucedieron sin ningún inconveniente y creí que era tiempo de darme un descanso. 

La angustia en sus rostros al leer esto debe ser similar a la que sintieron cuando nos cruzamos por primera vez. Fui un grosero, aparecí sin presentarme, me di a la fuga en ese instante y nadie hizo nada; tardaron mucho en pedir ayuda, hasta el anochecer, porque sabía que al perder algo lo primero que harían sería salir a buscarlo, remover piedras y arena para luego a pedir ayuda con la desesperación oprimiendo sus pechos y el llanto inundando sus ojos. 

Me basé en esas horas de angustia para darme un nombre adecuado, me deslicé sutilmente en sus cerebros para darme idea de lo que estaban pasando y ahí descubrí mi nombre. Como una señal. Una revelación. Puedo decir con seguridad que este nombre lo cargaré por siempre orgulloso, hasta el día en que mis ojos decidan cerrarse para nunca más abrir. 

Mi nombre, señores, tiene tantas formas de decirse o sentirse…

¿Recuerdan esas tardes junto al teléfono?, ¿esperando la llamada que muy en el fondo sabían que no llegaría?, ¿ese sudor frío en sus frentes al notar que les faltaba algo o alguien?, ¿todas las ideas en sus mentes de que quizá ya había ocurrido lo peor? Claro que lo recuerdan, sería inhumano decir que no. Creo que al estar en su situación habría reaccionado igual, el problema es que nunca sabes cuando perderás la cordura y esa situación comenzará a hacerse parte de tu día sin que lo quieras, se introducirá por la fuerza en los poros y dejará a todos perplejos, intentando diferir entre lo que es real y lo que no lo es; uno no espera una noticia como esa, no se imagina estar en esa situación. Pareciera que todo a nuestro alrededor gira sin que podamos pararlo, pero entonces uno cae en la cuenta de algo, una realidad tan cruel como un invierno a la intemperie, nos cala los huesos en el instante y pareciera que nos paraliza: la opresión en el pecho es real, las manos frías y el corazón desbocado son reales. La desesperación. La angustia…

El miedo…

Un placer conocerlos.

Ahora que ya no somos extraños, que entablamos una conversación (espero sus prontas respuestas) amena y luego de asegurarme de que no habrá interrupciones de ningún tipo quiero hacer una confesión. O quizá sean cuatro… si saben a qué me refiero. 

HeriosWhere stories live. Discover now