Un día, la vida de Lebeth cambió drásticamente. A los 18 años, fue obligado a casarse para heredar el negocio de su padre, pero su mundo se desmoronó cuando la revolución estadounidense terminó. Con el corazón roto pero con un espíritu incansable, L...
Lebeth, un chico de 21 años, vivía en un hogar de clase media alta y fue criado para ser un "buen" hombre. A los 18 años, se vio obligado a casarse con Hanae, la hija de los socios comerciales de su familia. Hanae provenía de una familia adinerada, pero no siempre había sido así. Hace años, un terremoto en China destruyó su hogar y cambió su suerte. Al llegar a los Estados Unidos, la familia de Hanae construyó un exitoso negocio a partir de la venta de productos chinos. Un día, el padre de Lebeth, Abraham Norman, llegó a la tienda de Levil Xu, el padre de Hanae. Abraham quedó impresionado por las vasijas, platos, comida y arte de la tienda. Siendo él dueño de una tienda de artículos muy lujosos y difíciles de encontrar, decidió hablar con Levil.
-Buenos días, señor Levil. Veo que su tienda es muy exitosa; me alegra saberlo -dijo Abraham.
-Sí, ese mismo. Bueno, señor Levil, quería venir a proponerle algo respecto a nuestros negocios. Yo sugeriría que nos hiciéramos socios y nos apoyáramos mutuamente.
-¿Cómo?
-Yo le apoyo con su local grande en el centro de la ciudad y usted me exporta algunos de sus productos.
-Me parece muy buena su propuesta, pero una pregunta, ¿cómo sellamos el trato?
Abraham pensó por algunos segundos y dijo:
-Claro, ¿cómo no lo había pensado? ¿Usted tiene alguna hija?
-Sí, se llama Hanae. Tiene 18 años, es una chica muy empática y amable. Pero, ¿usted está sugiriendo que sellen el trato con un matrimonio?
-Exacto, es una de las formas de sellar un trato de por vida.
-Pero... ¿cuántos años tiene su hijo? ¿Es buena persona? ¿Es atento?
Abraham interrumpió:
-Claro que sí, Levil. Lebeth es un chico de bien y tiene 18, igual que su hija.
-Entonces, me parece bien. ¡Hagamos la boda lo más rápido posible!
-Estoy de acuerdo. Bueno, señor Levil, espero que tenga una buena tarde.
En la casa de Lebeth
Lebeth y Aron (el mejor amigo de Lebeth) estaban conversando.
-Lebeth, ¿sabes por qué tu papá salió? -preguntó Aron.
-No, ni idea. Según yo, es para hacer un negocio, pero no sé la verdad -respondió Lebeth.
-Mm, puede ser. ¿Y cómo sigue tu mamá?
-¿Mi madre? Bueno, está muchísimo mejor. El doctor dijo que le quitaría el yeso en unas dos semanas.
-Me alegro mucho. Pero, ¿qué fue lo que pasó? ¿Se cayó?
-Pues la verdad... no sé si decirte.
-Pero soy tu mejor amigo, Lebeth. No me parece justo que yo te cuente todo lo que me pasa y tú casi no me cuentas nada.
-Bueno, fue mi papá.
-¿En serio?
-Sí, perdió el control y la tiró.
-Perdón por preguntar, Lebeth. En serio, no sabía.
-No importa, igualmente nunca voy a seguir su ejemplo, jamás. Bueno, cambiemos de tema. ¿Cómo vas con tu novia, Analian?.
-Pues todo bien. Mis papás aún no saben si es suficiente para mí, pero yo sé que sí. La quiero mucho. Lo bueno es que a mi mamá le dejó una muy buena impresión. ¿Y tú, Lebeth, cómo vas? ¿Nadie aún?
-No, nadie, y mejor así. Estoy muy ocupado con las finanzas de la tienda de mi padre. De repente sonó la puerta-Voy a ver quién es.
-Ok.
-Es mi papá.
-Hola, Aron. ¿Qué tal con todo? -dijo Abraham.
-Todo bien, señor... gracias. Bueno, Lebeth, mejor me voy a mi casa. ¡Adiós!
-Lebeth, tengo algo importante que decirte -anunció Abraham.
-¿Sí? -respondió Lebeth.
-Te vas a casar en un mes.
-¿Qué? Pero papá, no puedo, yo...
-Pero nada, ya está tomada la decisión y nada va a cambiar. ¿Entendido? -interrumpió Abraham.
-Está bien.
El día de la boda pasó muy rápido. Fue una ceremonia breve, ya que Abraham quería el contrato lo más pronto posible.
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