Lunes, son las cinco de la mañana. A lo lejos podía escuchar como el canto de los pájaros posados en el árbol frente a mi ventana se mezclaban con el atosigante retumbo de un objeto específicamente diseñado para el desgaste y tortura del ser humano.
Un reloj despertador.
Decidí, por el bien de mi salud mental (y por mi estabilidad económica) que debía asistir a esa entrevista de trabajo que cuidadosamente organizaron a primera hora de la mañana.
Nunca he sido una persona que destaque por su organización, pero hoy debo tomar esta oportunidad, a como dé lugar.
Tras un par de vueltas en la cama, mientras me decidía sobre qué camino tomaría, opté por levantarme y caminar hacia el baño.
Deambulando por el pasillo, observé cada aspecto de mi entorno, el color gris del piso, las paredes blancas y la decoración minimalista que yacía despreocupadamente en lo más alto del techo y las repisas con artefactos que fueron comprados con el mero propósito de permanecer estáticos en un lugar poco relevante. De todas estas cosas, no sabría escoger cual me parece más patética y aburrida, pero creo que, si hubiese un premio dirigido a esto, este se presentaría ante mi puerta, con un color dorado reluciente que te llama a querer usarlo en el cuello como forma de apreciación, además de una pequeña placa en su parte inferior con un nombre grabado en láser, "Dylan Snow".
Al llegar al baño, me observé en el espejo.
Analicé mi cabello, color blanco, ondulado y desordenado.
Lo poco atractivo de mi cara, facciones poco llamativas y el pálido color de mi piel que más que llamar la atención de alguien, te alarmaría a querer llevarme con un médico para que realice un diagnóstico adecuado.
Como si esto no fuese suficiente, me veo aún más ridículo de pie sobre un pequeño banco tratando de alcanzar las toallas limpias que guardé la última vez que logré estirar la máxima capacidad de mis brazos y piernas.
Entré a la ducha, y entre quejas e intentos de negociar conmigo mismo si es factible la opción de salir sin tener que pasar por el sufrimiento del agua fría deslizándose sobre mi espalda y recorriendo mi cuerpo, generándome escalofríos por cada gota que aparecía.
Me duché.
Seis de la mañana.
Aún estoy decidiendo que ropa puede ser adecuada para causar una buena impresión, pero que no se vea tan forzado.
Incluso mi gato piensa que soy ridículo, posado sobre mi armario, elegante, vigilante. Simplemente me observa desde lo alto, mientras elijo que puedo ponerme.
En la cama se encuentra un pantalón negro, junto con una camisa blanca. Algo básico, sí, pero es funcional y cumple con lo que quiero mostrar.
Dando por terminado mi ritual de preparación física y emocional, tomo mis cosas y me dirijo hacia la puerta principal, pero no sin antes despedirme de mi acompañante diario y asegurarme que tenga todo en su lugar, eso incluye su comida y agua limpia.
Siete de la mañana.
Estoy frente al edificio que me dijeron en aquella llamada telefónica, de agradable aspecto, resalta el especial cuidado a la jardinería de su fachada.
Al ingresar por la puerta me recibe un enorme vestíbulo lleno de elegante decoración, de apariencia moderna. Al fondo de este, se encuentra aquel taburete con un escritorio, donde se exhibe lo que puede denominarse ego y superioridad frente a un teclado.
Procedí a preguntarle en donde estaba la persona que me designaron para realizar la entrevista, seguido de esto, procedí a subir por el ascensor.
2 minutos, que se extendieron por lo que pareció ser una eternidad.
Estoy frente a la puerta. Analizo el pasillo y solo veo a personas cumpliendo con sus labores diarias. "Despacho 3, Ángela Rodríguez", al menos eso dice la placa de metal, situada a un costado de la puerta.
— ¿Por dónde comienzo? ...
Permíteme presentarme, mi nombre es Dylan Snow. Soy estudiante de informática en la universidad Eyla, me apasiona aprender cosas nuevas, a pesar de que no tengo experiencia en el campo, te aseguro que soy una persona capaz de adaptarse a cualquier entorno.
—¿Y por qué crees que eres apto para este puesto?
— Soy una persona bastante activa, soluciono problemas con facilidad, y considero que mis conocimientos y aprendizajes previos son aptos para el área en la que me voy a desempeñar.
Puede verificar toda la información sobre mis cursos y certificaciones en la carpeta que le entregué junto al currículum.
— Perfecto, eso sería todo por ahora. Analizaremos tu información y estaremos en contacto en caso de cualquier novedad. Que tengas un muy buen día.
— Igualmente para usted.
Al salir de esa puerta, mis pensamientos comenzaban a tornarse en sospechas, y esas sospechas en ideas.
Antes de que me diese cuenta, estaba sobre pensando la situación, y en total desconocimiento de lo que sucedía a mi alrededor. Cuando de repente...
— ¡CUIDADO!
Volteé inmediatamente ante tal grito, resultó ser un joven, que venia con las manos ocupadas de cajas, carpetas y papeles.
A pesar de su grito no pude reaccionar a tiempo a su advertencia, como resultado, ambos terminamos tirados en el suelo, y todo lo que traía en sus manos salió volando como si tuviese vida propia y quisiese escapar de su dueño.
— Lo siento, perdí el equilibrio mientras bajaba las escaleras, no alcancé a frenar.
— No te preocupes, el que debería disculparse soy yo, tu me advertiste a tiempo, pero yo no alcancé a moverme para darte espacio.
— No pasa nada. Solo es cuestión de que recoja y ordene todo nuevamente.
— Por cierto, me llamo Dylan.
— Un placer, mi nombre es Ethan Mayers.
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Te encontré en Navidad
Teen Fiction"Nada mejor que un café en un día lluvioso" Al menos eso es lo que todos piensan, hasta que por culpa de ese café, y pequeñas miraditas a través de la cafetería; terminas arrastrado hacia un chico, que posiblemente termine siendo tu alma gemela. ¿Qu...
