1- Las vueltas de la vida

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La vida da mil vueltas, es una frase que suelen decir todo el tiempo, muchas veces sin lograr comprenderla del todo, básicamente habla sobre cómo algo puede cambiar de un momento para otro, sin siquiera darnos cuenta y sin nada que podamos hacer al respecto. Es entonces cuando nuestra capacidad de adaptación cobra un mayor sentido.

Melisa Kingsley volvía del colegio como cualquier otro día normal, sin saber que ese día la vida daría la primera vuelta para ella, se sorprendió de ver la calle de su casa con una cantidad exagerada de autos, pensó que seguramente alguno de sus ruidosos vecinos estaría en plena celebración de algo estúpido, estacionó su auto en el garaje de su casa y caminó hacia la entrada.

Iba tan ensimismada, sonriendo a su celular como tonta, mientras le respondía a su novio Liam, que ni siquiera notó que había un guardia en la entrada de su casa hasta que choco contra él.

- ¿Qué demonios? - gritó sorprendida mientras retrocedía un poco por el impacto

El guardia de seguridad impasible la escaneó de pies a cabeza, luego volvió su vista al frente e ignoró a Melisa, quien ante la reacción del guardia solo pudo molestarse, intentó entrar a su casa, pero este tomó su mano e impidió que ella tocara la manija.

- ¿Qué te pasa Idiota? Es mi casa, hazte a un lado - ordenó con voz autoritaria

- Nadie puede entrar sin autorización - habló el guardia con voz gélida

Ella retrocedió un par de pasos, se cruzó de brazos y observó al guardia detenidamente tal y como él lo había hecho antes con ella, elevó una ceja y una sonrisa arrogante apareció en su rostro, a Melisa Kingsley nadie le decía que no.

El guardia era alto, musculoso y por lo que ella intuía bastante ágil, pero no se dejaría intimidar, su madre le había enseñado a darse su lugar.

- Muévete - ordenó, pero el guardia no se movió - me importa poco quién o de quién seas, pero esta es mi casa y ningún idiota va a prohibirme el paso.

El guardia estaba a punto de responder cuando un señor de ojos verdes, tez blanca y cabello castaño oscuro apareció, Melisa no lo conocía o al menos no recordaba haberlo visto antes, la puerta terminó de abrirse revelando a Henry Kingsley, su padre, con sus ojos tan azules como los de su hija, sonriendo.

- Cariño veo que ya conociste a Alex - salió y le dio un beso en la mejilla a su hija

- Yo no lo llamaría conocer - dijo con fastidio, su padre soltó una carcajada porque ya conocía el carácter de su hija.

- Tranquila mi amor, te acostumbraras - le hizo una señal al guardia quien rápidamente se hizo a un lado y le permitió el paso.

La rubia pasó al lado del guardia con la frente en alto sintiéndose más alta que él, a pesar de que Alex perfectamente le podría sacar unos 20 cm, al ingresar se percató que su padre se apresuró a cerrar a la puerta de la sala, aunque ella logró ver al menos a unos diez hombres con traje conversando y compartiéndose papeles.

El hombre que estaba junto a su padre la observaba curioso, estudiándola como quien intenta descifrar algo que le parece interesante, ella al notar esto desvió un poco la mirada y trató de moverse más en dirección a las escaleras para ir a su habitación.

- ¿Disculpe se le perdió una igual? - preguntó sin rodeos, lo que hizo que el señor sonriera

- Melisa - le reprendió su padre llegando a su lado - sé más educada por favor, te presento a Ethan Soler.

- Disculpe señor Soler, pero no me gusta que personas extrañas me observen sin razón - su padre la volvió a reprender, pero al señor Soler no le importó

TAURUSWhere stories live. Discover now