Capítulo 1 : Luz

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"Cuántas muertes más serán necesarias para darnos cuenta de que ya han sido demasiadas." - Bob Dylan.

La ciudad de Buenos Aires está sumida en el caos, envuelta en llamas y descontrol. Los gritos de las personas resuenan por todo el país. Hay casas derrumbadas, autos incrustados en los edificios y helicópteros sobrevolando por todas partes en busca de sobrevivientes.

Un chico completamente golpeado comienza a salir de los escombros. Se puede notar que lleva un traje tan azul como el mar, con un sol dorado que cubre todo su pecho, y una capa blanca que apenas se sostiene de su cuello.

De repente, el chico se altera al escuchar unos pasos que se acercan hacia donde está. Las heridas en su rostro comienzan a desvanecerse poco a poco, mientras una sonrisa burlona se dibuja en su cara.

ALGUNOS AÑOS ATRÁS

Santiago Villalba, un adolescente de dieciséis años, vivía absorto en su fascinación por los superhéroes. Su habitación, un verdadero santuario de cómics, ilustraciones y prendas temáticas, era testimonio inequívoco de su obsesión.

Todavía en la secundaria, Santiago no dedicaba mucho tiempo a pensar en el futuro. La falta de una pasión clara lo mantenía en una tranquila indiferencia hacia lo que estaba por venir.

El sonido insistente de una alarma irrumpió en la habitación de Santiago. Con esfuerzo, extendió la mano para apagar el molesto ruido; las ojeras bajo sus ojos delataban una noche en vela.

-Anda despertándote, vos -dijo Sonya, su madre, asomándose por la puerta-. Dale, que tenés que ir a la escuela, chico -reclamó, lanzándole una mirada impaciente.

-Ya voy, ya voy -respondió Santiago con voz adormilada, mientras se frotaba los ojos y se dirigía lentamente al baño.

Santiago se lavó la cara, se cepilló los dientes y sonrió al mirarse al espejo, notando su cabello negro completamente desordenado. Luego, se colocó sus anteojos y bajó a la cocina, donde su madre se encontraba preparando el desayuno.

-Ni se te ocurra salir así a la escuela -dijo Sonya, visiblemente molesta-. Mírate esas mechas. Estás loco si pensas que te voy a dejar salir así.

Con un leve gesto de resignación, Santiago permitió que su madre le peinara el cabello mientras él se servía un café con facturas y revisaba su celular. Un mensaje de un amigo llegó, informándole que lo estaban esperando afuera.

-Mamá, me voy nomás -dijo Santiago, tratando de zafarse mientras tenía una factura en la boca.

-No te olvidés de comprar las cosas para la comida de esta noche, amor -dijo Sonya, despidiéndose de su hijo con una sonrisa.

Afuera de la casa, lo esperaban sus compañeros de clase: Lucas, el petiso y molesto del grupo; Mateo, el fortachón; y Roberto, el más introvertido y alto de los cuatro.

-¿Otra vez te peinó tu vieja, Santi? -decía Lucas, intentando burlarse-. A ver si vamos cortando esas mechas, que ya parecés mina -agregó, mordiendo los dientes de risa.

-Hoy sí me peinó mi vieja porque la tuya parece que se olvidó de venir a verme -respondió Santiago con tono sarcástico.

Los chicos se rieron a carcajadas, dándose golpes de broma, y siguieron su camino hacia la escuela. A lo lejos, divisaron a las chicas más lindas del colegio.

-Miren, boludos, ahí va Mariela -dijo Lucas, exaltado-. Anoche me clavé como ocho veces pensando en ella, loco.

-Cerra el orto, boludo -interrumpió Mateo, más precavido y algo incómodo-. Estamos en la calle.

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⏰ Last updated: Dec 27, 2024 ⏰

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